El supuesto gran avance matemático de OpenAI se ha visto envuelto en una polémica inesperada. El matemático Tristan Buckmaster, de la Universidad de Nueva York (NYU), ha cuestionado públicamente el origen de la investigación de la compañía después de que dos investigadores de OpenAI anunciaran un resultado relacionado con uno de los grandes problemas sin resolver de las matemáticas.
Buckmaster y el investigador Levent Alpöge llevaban meses trabajando en una línea de investigación relacionada con las ecuaciones de Navier-Stokes y habían utilizado herramientas de OpenAI, incluido Codex, para desarrollar y almacenar parte de su trabajo.
Tristan Buckmaster es profesor de Matemáticas en el Instituto Courant de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Nueva York,
Por eso, tras conocer el anuncio de OpenAI, Buckmaster planteó una cuestión especialmente delicada: si la empresa o sus sistemas pudieron tener acceso a sus conversaciones privadas, borradores o investigaciones inéditas y si alguno de esos contenidos pudo influir en el resultado presentado por sus investigadores.
La acusación, de momento, no demuestra que OpenAI haya utilizado directamente el trabajo privado de Buckmaster. La empresa niega haber accedido a esos materiales, aunque reconoce que no puede descartar por completo que datos anonimizados derivados del uso de sus productos hayan contribuido al entrenamiento o mejora de sus modelos.
El origen de la polémica
La controversia surge después de que los investigadores de OpenAI Mehtaab Sawhney y Mark Sellke utilizaran un sistema experimental de inteligencia artificial para abordar un problema relacionado con las ecuaciones de Navier-Stokes.
El experimento comenzó el 1 de septiembre y, según la compañía, el sistema consiguió desarrollar una posible demostración en aproximadamente 88 horas de trabajo automatizado. Posteriormente, el resultado fue formalizado y verificado mediante Lean, un lenguaje diseñado para comprobar matemáticamente que una demostración es correcta.
El resultado podría tener una enorme relevancia para las matemáticas. Sin embargo, todavía debe ser analizado y validado de forma independiente por especialistas antes de poder considerarse una solución aceptada.
Dos investigadores de OpenAI guiaron un sistema experimental para dar respuesta al problema de Navier-Stokes, un desafío de la física intacto desde hace casi un siglo dotado con un premio de un millón de dólares.
Buckmaster cuestiona cómo llegó OpenAI al resultado
La coincidencia temporal y temática llamó especialmente la atención de Buckmaster y Alpöge porque ambos investigadores habían dedicado meses a estudiar un problema relacionado.
Su trabajo incluía borradores, demostraciones y conversaciones desarrolladas mediante herramientas de inteligencia artificial, entre ellas productos de OpenAI como Codex. Tras conocer el supuesto avance de la compañía, Buckmaster comenzó a cuestionar públicamente si esos materiales podían haber sido utilizados de alguna manera.
La pregunta afecta a un problema que cada vez afecta más a los investigadores que trabajan con inteligencia artificial: qué ocurre con una investigación inédita cuando se desarrolla dentro de una plataforma cuyos modelos pertenecen a la misma empresa que posteriormente utiliza IA para investigar problemas similares.
Buckmaster llegó a plantear si OpenAI, sus investigadores o sus agentes pudieron acceder a sus chats privados y borradores almacenados en Codex, o si un modelo todavía no publicado había podido entrenarse utilizando esas sesiones.
La respuesta de OpenAI
OpenAI ha rechazado la posibilidad de que sus investigadores accedieran directamente al trabajo privado de Buckmaster y Alpöge para desarrollar el resultado. La tecnológica asegura además que, al establecer contacto con los dos matemáticos, descubrió que las investigaciones abordaban problemas relacionados, pero diferentes.
No obstante, OpenAI admite una limitación importante: no puede descartar completamente que datos anonimizados derivados del uso de sus productos hayan contribuido a mejorar sus modelos.
En el centro de la polémica se encuentran las ecuaciones de Navier-Stokes, uno de los grandes desafíos de las matemáticas contemporáneas.
Estas ecuaciones permiten describir el movimiento de fluidos y tienen aplicaciones en ámbitos tan diversos como la aerodinámica, la meteorología o la ingeniería. Su comportamiento en determinadas condiciones plantea uno de los problemas incluidos entre los Siete Problemas del Milenio, siete difíciles retos matemáticos elegidos por el Clay Mathematics Institute en el año 2000, los cuales ofrecen un premio de un millón de dólares por resolver cada uno.
OpenIA ha comunicado que no reclamará el premio por resolver este problema.