Eclipsada en las últimas semanas por el estallido de indignación en torno al problema de la vivienda aflorado a raíz del desahucio de Maricarmen, la de la migración, reflejada de forma cruda en la situación que se vive en Ceuta desde hace dos meses, no deja de ser una de las cuestiones que con más intensidad interpela a ciudadanos y administraciones. La consejera de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico, Nerea Melgosa, la aborda desde la perspectiva de una institución, el Gobierno Vasco, que insiste en la necesidad de contar con todas las competencias en este ámbito para “seguir atendiendo mejor” a las personas que llegan para vivir y trabajar en Euskadi. E incide en que a las comunidades no les pueden “tutorizar” desde el Estado español en nada y menos en materia migratoria.
Insiste usted en que Euskadi debe tener competencias plenas en materia de migración. ¿Cómo ayudaría esa transferencia a mejorar la situación actual de la población migrante en nuestro territorio?
Bueno, no solamente yo insisto. Desde el primer momento, el equipo de gobierno, con el lehendakari Pradales a la cabeza, ha manifestado la importancia de poner en la agenda pública el tema de la migración. Desde la primera conferencia sectorial de presidentes autonómicos que tuvieron, ya se habló del acuerdo con Canarias, del concepto de frontera norte con Euskadi como sujeto político activo y de diferentes asuntos en términos de la política migratoria: la necesidad de un plan estructural migratorio, la necesidad de hacer una memoria económica con todas las actividades y políticas públicas que está haciendo Euskadi en migración… Hay que pensar que en Euskadi tenemos tres centros, como Tolosa, Berriz y Oñati, en los cuales la competencia es estatal, pero que lo pagamos todos y todas las vascas. Ahí hemos trabajado mucho con el principio de solidaridad, pero ya es hora que esa solidaridad también se convierta en esas competencias que necesitamos en Euskadi para seguir atendiendo mejor a todas las personas. Cuando hablamos de políticas migratorias, hablamos de acogida, de integración y de orden. Con esos tres conceptos queda claro cuáles son las competencias que necesitamos. En acogida, esa competencia ya la tiene Euskadi, pero nos queda mucho más: el tema de permisos de trabajo, el de las fronteras… También estaría el de la homologación de títulos, que durante unos días pudimos gestionar y luego no se nos recurrió. Tenemos muchísimas personas en este momento en Euskadi que tienen una titulación y que no pueden trabajar con ella porque no se la homologan desde el Estado español. Eso es muy importante, porque tenemos gente sobrecualificada y nos faltan personas con determinados perfiles en muchos nichos de mercado, como enfermerías, ingenierías, incluso de fontanería o de otro tipo de servicios. Yo creo que es importante. En el tema de formación y empleo, la contratación en origen nos ayudaría mucho a luchar contra las mafias que existen en este momento y también a que las personas vengan desde origen con una formación muy especializada para poder cubrir ofertas de trabajo. Por lo cual, nos queda todavía mucho camino por recorrer. Las personas han visto cómo se trabaja en Euskadi con la política migratoria de acogida, formación y empleo, dentro de las limitaciones que tenemos por no contar con todas las competencias y desde Europa nos llaman también para que mostremos cómo está siendo el modelo vasco de acogida. Es cuestión de dar ya otro paso más.
“ Hay que sacar la política migratoria de la disputa continua y de la política espectáculo, porque hablamos de personas ”
De la reunión mantenida el jueves con la ministra Elma Saiz salió con un compromiso de crear una Comisión Bilateral de Inmigración que aborde la propuesta de Euskadi sobre sus capacidades en materia migratoria. ¿Satisface las expectativas con que viajaba a Madrid?
Nos satisfará cuando las competencias sean dadas y las asumamos. Nos hemos emplazado a la creación de esa Comisión Bilateral que trabaje en la petición que hemos hecho para reforzar capacidades. Estaremos satisfechos cuando empecemos a trabajar en esa mesa, pero sobre todo cuando logremos las políticas migratorias.
¿Ha observado en el Ministerio una disposición seria para materializar cuanto antes las transferencias?
Sí hay disposición, porque de no ser así no habría salido la creación de la Comisión Bilateral. Pero una cosa es la disposición y otra son los acuerdos. Lo que tenemos que hacer es trabajar, trabajar y trabajar.
Dice usted que queda mucho camino por recorrer en ese sentido, pero la legislatura en el Estado español agoniza y no es descartable que llegue un gobierno con presencia de la ultraderecha. ¿Hay preocupación por lo que pueda ocurrir con esas competencias que reclaman?
Nosotros seguiremos trabajando hasta el último segundo del último día de la legislatura actual del presidente Sánchez. Ese es nuestro cometido y para eso estamos la parte política, para resolver sobre todo aquellas necesidades que la ciudadanía nos demanda. Hasta el minuto cero del último partido esto no acaba. Eso también lo ha dicho el lehendakari en reiteradas ocasiones, por lo cual a seguir reclamando lo que tiene que ser nuestro. Puede que venga otro gobierno o puede que no. Cuando venga, reclamaremos lo mismo que hemos reclamado con el actual, lo que es nuestro y lo que debe ser nuestro como país y como pueblo vasco que somos.
“ Seguiremos trabajando hasta el último segundo de la legislatura del presidente Sánchez reclamando lo que debe ser nuestro como país ”
¿Necesita Euskadi de la aportación de la población inmigrante para aspirar a un futuro próspero?
Necesitamos de todo tipo de población, no es una cuestión de verlo solamente desde la visión utilitarista de la migración. Creo que todas las personas que hacen un proyecto migratorio y que van a otro país vienen todas con un determinado propósito, que es mejorar su vida, la de su familia y contribuir a su país. No es que las necesitemos o no, sino que las personas vienen a trabajar y para quienes no vienen a trabajar, el lugar adecuado para vivir no es Euskadi.
Estamos viendo un crecimiento del discurso antinmigración. ¿Ve algún riesgo de que llegue a calar con fuerza en Euskadi?
Veo riesgos, pero es algo que está sucediendo ya en toda Europa y en todo el mundo. Los que podemos utilizar las redes vemos exactamente cuál es el algoritmo y cómo nos marca en nuestro día a día, pero no nos tenemos que quedar en el susto, en el discurso, sino tenemos que seguir trabajando en crear políticas públicas que marquen unas verdaderas respuestas a las necesidades de las personas. Creo que si la parte política seguimos trabajando para dar respuesta a la necesidad de cada persona y para que sus expectativas sean cumplidas, esos discursos no tendrán éxito. Como suele decir el lehendakari, gu geurera (nosotros a lo nuestro) y a seguir trabajando.
Esas muestras de xenofobia, de deshumanización de las personas migrantes están hallando un altavoz en la situación que se vive en Ceuta. Entiendo que vivirá con preocupación la crisis que allí se vive.
Claro que lo vivo con malestar y con preocupación, pero me parece preocupante que llevemos dos meses y que la situación no haya mejorado en ningún momento. Si hay una inacción o la acción no es la que debe ser, eso alimenta determinados discursos. Creo que se tenían que haber puesto encima de la mesa hace mucho tiempo determinadas soluciones. Se tenía que haber trabajado mucho más proactivamente y haber reclamado a Europa un papel activo, pues al final estamos hablando de fronteras europeas. Y por otra parte, hay que hacer una política de altura de miras, una política en mayúscula con el tema de Ceuta y con toda la política migratoria. Por eso, desde el primer momento el lehendakari también puso encima de la mesa que había que tener un pacto de país en el cual se hablase de la política migratoria. Nunca ha habido eso en la agenda política estatal. Creo que la política migratoria se debería haber abordado de una forma integral, que es lo que hemos dicho continuamente, no solamente en base a sucesos o determinados titulares. Hay que sacar la política migratoria de la disputa continua política, hay que sacarla de la política espectáculo. Primero, porque hablamos de personas y luego porque hay que tomar unas determinadas decisiones que hay que trabajarlas tranquilamente y ver cuáles son sus consecuencias. Lo que no se puede hacer desde el Estado Español es mandarnos a las comunidades autónomas unos determinados deberes que ellos no son capaces de hacer.
Hablando de esos deberes, se calcula que hay unos 2.500 menores migrantes atendidos en Ceuta tras la entrada masiva de hace dos meses y en un lugar con unos recursos muy limitados. ¿Están las autoridades vascas dispuestas a acoger a algunos de esos niños y niñas?
Vuelvo a decir lo mismo que llevo diciendo ya desde hace dos meses: creo que no es cuestión de pensar en acoger o no acoger, lo que tenemos que pensar es en las condiciones de vida de estos niños antes incluso de llegar a Ceuta. Hemos hablado ya con los diferentes ministerios sobre políticas integrales y estructurales en el tema migratorio, porque quizás habría que pensar en hacer incluso cooperación al desarrollo en determinados países para que esos niños no se vayan de ellos. Es importante trabajar desde la causa, no solo ya cuando la consecuencia la debamos resolver y solventar las comunidades autónomas. Por eso digo que es necesario poner encima de la mesa la necesidad de un plan estructural migratorio y que Europa también lo diga. Porque cuando hablamos de los principios de acogida, integración y orden, estamos haciéndolo por algo, porque creemos una visión humanista de las políticas migratorias pero también ordenadas.
“ No es cuestión de pensar en acoger o no acoger niños y niñas, debemos pensar en las condiciones de vida de estos niños antes de llegar a Ceuta ”
En el asunto de la atención a menores migrantes, ¿cómo es la coordinación con el Gobierno español?
Con el Ministerio de Juventud e Infancia tenemos buena relación desde el primer minuto. Tenemos diferentes situaciones encima de la mesa y la relación es fluida. A raíz de la crisis de Ceuta, hemos tenido conversaciones casi semanales para poderle ofrecerles soluciones en ciertos asuntos. En Euskadi tenemos políticas que les interesa a ellos poner encima de la mesa en Ceuta. Pero la solución no pasa por la acogida, sino por tener una política estructural migratoria con orden y sobre todo con seguridad y defensa de la protección al menor.
Ha citado la necesidad de contar con un plan estructural migratorio en el que deberían intervenir el Gobierno Vasco, el estatal y la Unión Europea. ¿Por qué le otorga tanta importancia a esta iniciativa?
Primero, porque cuando hablamos de la migración es algo estructural y estructurante de la sociedad vasca. Es importante exponerlo en todos sus aspectos, desde el punto de vista de la identidad de país que tenemos, de la necesidad de la acogida y de cómo tiene que ser esta, de los recursos sanitarios, educativos, de vivienda, de empleo y de formación... Hay personas que tienen una determinada formación, pero igual esa formación no es la adecuada para lo que necesita Euskadi en este momento. Entonces habrá que ver qué es lo que necesitamos, para qué y cómo lo necesitamos. Por eso es importante a la hora de planificar esos recursos en el origen, partiendo de esas personas formadas desde el origen, saber un poco qué es lo que necesitamos y para qué.
¿Qué papel debería desempeñar el Gobierno Vasco en la elaboración, organización y ejecución del plan?
Deberíamos ser protagonistas de ese plan. Primero, porque muchas de las políticas que en este momento están encima de la mesa para atender a estas personas que llegan desde otros orígenes del mundo, ya las tiene Euskadi: desde el punto de vista educativo, sanitario, de vivienda, de formación y empleo… Lo que no se puede hacer es un plan de migración para las diferentes comunidades autónomas sin tener en cuenta a las mismas. Es una de las principales críticas que hacemos las comunidades. No se puede pretender que hagamos unos determinados papeles si no se tienen en cuenta las opiniones, ni se nos pregunta cómo queremos hacerlo. No nos pueden tutorizar desde el Estado español a las comunidades autónomas en nada, pero menos en la política migratoria.