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Natividad Oreiro: “El gran salto será una reumatología personalizada”

La reumatología avanza hacia una medicina cada vez más personalizada. Natividad Oreiro Villar, especialista del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña, repasó en un congreso celebrado en Bilbao, los avances más destacados del último año y las cla
Natividad Oreiro, especialista en reumatología. / A.D.

La reumatología es una especialidad mucho más amplia de lo que a menudo se piensa. Bajo su paraguas se agrupan más de 200 enfermedades que afectan a las articulaciones, los huesos, los músculos y, en muchos casos, a otros órganos y sistemas del organismo. Lupus, artritis reumatoide, artritis psoriásica, esclerosis sistémica, síndrome de Sjögren, artrosis o enfermedades relacionadas con los metabolitos cristalizados son solo algunos ejemplos. Una enorme diversidad de patologías que explica también la necesidad de avanzar hacia tratamientos cada vez más individualizados, tema del que habla Natividad Oreiro Villar, reumatóloga e investigadora.

QUIÉN ES

Natividad Oreiro Villar es especialista en Reumatología e investigadora. Forma parte del Servicio de Reumatología del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña. Cuenta con 21 años de experiencia en investigación clínica y su trayectoria combina la asistencia a pacientes y la investigación, con especial interés por trasladar los avances científicos a la práctica clínica. Sus líneas de trabajo abarcan las bases moleculares y genéticas de distintas enfermedades.

¿Qué significa Lo mejor del año en investigación básica y qué quiso trasladar en su conferencia magistral en Bilbao?

La idea era revisar los trabajos científicos que mejor representan los avances en las principales patologías reumáticas que vemos en consulta. Soy clínica y llevo 21 años trabajando en investigación clínica, pero cuento también con un equipo de investigación básica, lo que me permite tener una visión amplia de cómo estos avances pueden trasladarse a los pacientes. He repasado nuevos conocimientos sobre las bases moleculares y genéticas del lupus, la esclerosis sistémica, el síndrome de Sjögren, la artritis reumatoide o la artritis psoriásica, además de la artrosis, las artritis cristalinas y un campo especialmente interesante, la microbiota.

¿Y qué destacaría de todo lo que se está investigando?

Creo que hay una necesidad cada vez más evidente de acercar la reumatología a la medicina personalizada. Tenemos que conocer mucho mejor las bases biológicas de cada enfermedad y, dentro de una misma enfermedad, las características concretas de cada paciente. Ese conocimiento es el que nos va a permitir en el futuro tratar mejor y de una manera mucho más precisa. Todavía tenemos que avanzar mucho en el conocimiento de esas bases moleculares, pero ya existen indicios muy importantes de hacia dónde tenemos que ir.

Habla de medicina personalizada. ¿Estamos ya en condiciones de saber qué tratamiento necesita cada paciente?

Todavía no podemos decir que hayamos llegado a ese punto, pero sí estamos caminando claramente en esa dirección. El objetivo es identificar subgrupos de pacientes dentro de cada enfermedad. Porque no todos los pacientes con una misma enfermedad son iguales ni responden de la misma manera a un tratamiento. Si conseguimos identificar las características biológicas de esos subgrupos, podremos dirigir mejor las terapias y seleccionar qué tratamiento puede ofrecer mejores resultados en cada caso, intentando además reducir los efectos adversos.

¿Ahí entran en juego los biomarcadores?

Exactamente. Los biomarcadores son una pieza importante de ese futuro. Pero no debemos pensar en ellos de forma aislada. En reumatología necesitamos integrar muchísima información y ahí aparece el concepto de la multiómica. Tenemos que ser capaces de analizar conjuntamente diferentes niveles de información biológica. Es un campo muy complejo, pero precisamente esa integración es la que puede permitirnos conocer mucho mejor qué está ocurriendo en cada paciente y qué mecanismos están detrás de su enfermedad.

¿La multiómica puede ser una de las grandes herramientas de la reumatología del futuro?

Sin duda. Creo que los avances en las técnicas de multiómica son los que realmente nos pueden situar ante cada paciente de una manera mucho más precisa. El objetivo final es que, a partir de toda esa información, podamos ofrecerle el tratamiento más adecuado. Estamos hablando de un cambio de paradigma, pasar de tratar una enfermedad de manera relativamente generalizada a intentar identificar qué características tiene ese paciente concreto y qué estrategia terapéutica puede funcionar mejor en él.

¿En qué enfermedades se han producido los avances más importantes durante este último año?

Es difícil destacar una por encima de las demás porque el campo es muy amplio. Observamos avances interesantes en el lupus, la osteoartritis, la esclerosis sistémica o el síndrome de Sjögren, entre otras, y quizá todavía no podamos hablar de grandes resultados finales en todos estos campos, pero sí vemos señales muy interesantes. Una de esas señales aparece cuando empiezan a surgir nuevas moléculas o nuevos abordajes que después llegan a los ensayos clínicos. Eso nos indica que detrás hay conocimiento básico que empieza a traducirse en posibles nuevas estrategias para el paciente.

¿Es ahí donde se encuentra la conexión entre la investigación básica y la práctica clínica?

Sí. La investigación básica nos ayuda a entender qué está pasando y cuáles pueden ser los mecanismos implicados en una enfermedad. Después, esa información tiene que trasladarse a la investigación clínica y comprobar si realmente puede convertirse en una herramienta útil para el paciente. Tras 21 años trabajando en investigación clínica, esa conexión es algo que considero fundamental. Al final, toda investigación debe tener como objetivo mejorar la vida de las personas a las que tratamos.

Uno de los ejemplos que abordó en su conferencia fue el fibroblasto. ¿Por qué es tan importante?

El fibroblasto es una célula que está adquiriendo cada vez más protagonismo en investigación. En determinadas enfermedades puede desempeñar un papel relevante y estamos intentando conocer mucho mejor las características de las poblaciones de fibroblastos que existen. Es un campo especialmente interesante porque el fibroblasto no es importante únicamente en reumatología. También se está investigando su papel en otras enfermedades, por ejemplo, en la enfermedad renal crónica. Por eso creo que puede convertirse en una de las dianas importantes de la medicina del futuro.

¿Y qué puede aportar ese conocimiento a un paciente?

Puede ayudarnos a comprender mejor qué mecanismos están actuando en su enfermedad y, eventualmente, a diseñar tratamientos dirigidos contra esos mecanismos. Pero hay que ser prudentes, una cosa es identificar una posible diana terapéutica y otra demostrar que intervenir sobre ella es eficaz y seguro en el paciente.

¿Puede la investigación molecular ayudar a clasificar mejor las artritis?

Sí, y es un ejemplo muy interesante. A veces diagnosticamos una artritis como indiferenciada porque inicialmente no cumple los criterios para clasificarla como reumatoide, psoriásica u otra enfermedad. Con el tiempo puede evolucionar y definirse, aunque algunos pacientes permanecen así durante años. Lo interesante es que ya se están identificando diferencias epigenéticas entre estos grupos. Si pudiéramos disponer de esa información desde el inicio, podríamos clasificar mejor a los pacientes y anticiparnos a la evolución de su enfermedad.

¿Eso permitiría adelantarse al futuro de la enfermedad?

Ahí es donde percibimos que todavía solo avistamos la punta del iceberg. Hay muchísimas cosas que se están empezando a descubrir y que todavía no somos capaces de trasladar a la consulta. Pero esos avances nos hacen pensar que en el futuro podremos clasificar mejor a los pacientes, conocer mejor su pronóstico y, sobre todo, tomar decisiones terapéuticas más precisas.

¿Es un modelo que ya se está utilizando en otras especialidades?

Sí. La oncología y la hematología son buenos ejemplos. Ante determinados tumores, no basta con conocer dónde está localizado el cáncer, sino que es preciso estudiar sus características genéticas y determinados biomarcadores y, a partir de esa información, poder decidir qué tratamiento es el más adecuado. Ese es también el camino que tenemos que seguir en nuestra especialidad de reumatología y la dirección por la que hemos que avanzar.

¿Qué ganará el paciente con ese cambio?

Fundamentalmente precisión. El objetivo es conseguir la mayor eficacia posible con la mejor calidad de vida y el menor número de efectos adversos. Si conseguimos identificar qué tratamiento tiene más probabilidades de funcionar en un determinado paciente, podremos evitar, al menos en ciertos casos, tratamientos que no eficaces para él y reducir el tiempo hasta encontrar la terapia adecuada.

¿Tienen los pacientes acceso a estos tratamientos innovadores?

De momento podemos estar contentos. Tenemos acceso a muchas herramientas terapéuticas y se está avanzando. Evidentemente, siempre hay margen de mejora y el reto será conseguir que los avances que se producen en investigación puedan llegar de manera rápida y adecuada al paciente.

Después de revisar lo mejor de la investigación básica del último año, ¿qué le gustaría que pudiéramos conseguir dentro de unos pocos años?

Me gustaría que los avances en multiómica nos permitieran caracterizar mucho mejor a cada uno de nuestros pacientes; que pudiéramos integrar esa información y utilizarla realmente para tomar decisiones clínicas. En definitiva, que cuando tengamos delante a un paciente no solo sepamos qué enfermedad tiene, sino también qué características biológicas hacen que esa enfermedad sea como es en él y cuál puede ser el tratamiento que mejor le va a funcionar; sería el gran salto, conseguir una reumatología verdaderamente personalizada.

¿Hablamos de dar el salto de una medicina basada en enfermedades a una medicina basada en personas?

Sí. La enfermedad seguirá siendo fundamental, por supuesto, pero cada vez vamos a tener más herramientas para entender que dos personas con el mismo diagnóstico pueden ser biológicamente diferentes. Cuando seamos capaces de conocer esas diferencias, podremos tratarles de una manera diferente. Este es, en mi opinión, uno de los grandes retos y también una de las grandes oportunidades que tiene actualmente la reumatología.

19/09/2026