Gipuzkoa

Naroa Agirre: "¿Por qué las niñas musulmanas no juegan a la pelota?"

La joven y prometedora pelotari de Zestoa canaliza su pasión por la pelota vasca en un proyecto de integración social dirigido a chicas de origen magrebí de la localidad, que tiene como eje la práctica de este deporte
Naroa Agirre prepara los encuentros que las niñas musulmanas de Zestoa llevan a cabo en el frontón de Zestoa.
Naroa Agirre prepara los encuentros que las niñas musulmanas de Zestoa llevan a cabo en el frontón de Zestoa. / Aitor Zabala

Actualizado hace 2 minutos

La pelota vasca es un espacio libre, abierto a ser practicado por parte de todo tipo de personas, independientemente de su género y de sus creencias religiosas, y una prueba de ello la tenemos en el frontón del polideportivo de Zestoa.

Objetivos

Su cancha es el lugar en el que la pelotari Naroa Agirre lidera un proyecto que tiene como objetivo animar a niñas musulmanas a disfrutar de este deporte y beneficiarse de las indudables ventajas que conlleva, tanto en el apartado físico como a nivel de integración y socialización.

Desde hace unas semanas, el frontón zestoarra se ha convertido en el punto de encuentro para un animado grupo de seis niñas de 11 a 13 años de edad de origen magrebí.

Dos sábados al mes acuden a la llamada de Naroa para dar sus primeros pasos como pelotaris y, sobre todo, para disfrutar de un encuentro en el que lo lúdico y lo deportivo van de la mano en el camino hacia la integración.

Interés por la pelota

Todo comenzó hace algo más de un año cuando, tras finalizar un partido de exhibición en su localidad, unas niñas musulmanas se acercaron a Naroa Agirre para saludarla.

“Les pregunté si jugaban a la pelota y me contestaron que un poco. Les comenté si les gustaría jugar más y parecieron estar interesadas”, recuerda Agirre.

Una pregunta en busca de respuesta

Pronto pudo comprobar que aquel interés no tenía reflejo en la práctica.

Llevó a cabo una consulta en los centros docentes de la localidad y en la escuela de pelota para comprobar si alguna de aquellas niñas practicaba ese deporte de forma regular y pudo constatar que ninguna lo hacía.

Esa situación le llevó a plantearse una pregunta: “¿Por qué las niñas musulmanas no juegan a pelota?”.

Trabajo Fin de Grado

La pelotari zestoarra vio en esa cuestión el punto de partida del proyecto de fin de grado de los estudios de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte que cursaba en Gasteiz.

Así se lo hizo llegar al profesor que iba a dirigir el TFG, quien, tras analizar con ella las diferentes variables, le animó a seguir adelante.

Estudio de campo

El primer paso fue hacer un pequeño estudio de campo. Su finalidad era saber cuántas niñas de origen musulmán había en Zestoa, con el fin de contactar con ellas y animarlas a participar en el proyecto que estaba tomando forma en su cabeza, una vez que había constatado que las fórmulas habituales para llegar a la pelota no habían captado su interés.

“Centramos el estudio en alumnas de 5ª y 6ª de Educación Primaria y 1ª y 2ª de ESO. Les planteé si les gustaría jugar a la pelota y la verdad es que la respuesta superó las expectativas que me había hecho. Las chicas de 2ª de ESO no se sumaron a esta iniciativa, pero, de las seis niñas de 11 a 13 años de origen musulmán que había en ese momento en Zestoa, todas acudieron al primer encuentro. Una de ellas ya no está en el grupo porque se ha ido a Pakistán, pero su lugar ha sido ocupado por otra niña marroquí que acaba de llegar y ya está participando en las sesiones de los sábados”.

Mucho apoyo y aceptación

Naroa compartió su idea con los centros escolares de la localidad y con los responsables del polideportivo municipal, que no solo le animaron a seguir, sino que le cedieron el uso de la cancha y el material que pudieran necesitar para llevar a cabo los encuentros.

"Este apoyo es importante. Tener espacio en el polideportivo nos permite llevar a cabo las sesiones a cubierto. La idea era facilitar al máximo su participación, ofreciéndoles un espacio en el propio pueblo, y qué mejor que el frontón del polideportivo. A ello se suma que es gratuito, por lo que no conlleva ningún coste para las familias”.

A partir de aquí solo quedaba convocar el primer encuentro y ver la respuesta de las niñas. “La verdad es que la acogida al proyecto por su parte está siendo fenomenal. Estoy muy contenta. Vienen todas y no faltan a ninguna de las sesiones que hacemos”, indicó Naroa.

Euskera y árabe

Cada uno de los encuentros es una sucesión de risas y conversaciones entrecruzadas entre juego y juego, en la que las indicaciones en euskera de Naroa comparten espacio con el árabe. “La última chica que acaba de llegar no habla ni euskera ni castellano; por eso, cuando digo algo, son las otras chicas las que se lo traducen”.

En principio, se trata de un deporte alejado de las raíces culturales de sus progenitores, originarios de Marruecos y Argelia, lo que hace que no tengan vínculos con la pelota.

Sin embargo, haber nacido o vivir desde edades muy tempranas en Euskal Herria hace que no resulte tan extraño para las niñas que tomar parte en el proyecto de Naroa. De hecho, no parece que haga falta mucho para que se impliquen en la práctica de este deporte, a tenor de lo que la pelotaris de Zestoa está viviendo desde que está en contacto con este grupo de chicas.

Torneo de Santakutz

Algunas de ellas ya le comentaron en su momento que habían jugado algo a la pelota en la escuela antes de empezar a reunirse de manera informal con la pelotari zestoarra el pasado año. Aquellos encuentros debieron de calar en ellas de algún modo, como tuvo ocasión de comprobar Naroa en el Torneo de Pelota de Santakutz, que se disputó en Zestoa el año pasado.

“Fue algo muy especial ver que, de las 10 niñas que tomaron parte en la competición de las categorías alevín y benjamín, la mitad, cinco, eran de origen magrebí”, recuerda Naroa.

Citas en el frontón

Aquellas sesiones casi espontáneas que les sirvieron de primera toma de contacto tienen continuidad ahora con los encuentros en el frontón del polideportivo de Zestoa.

Las sesiones tienen una duración de una hora y, en ellas, la pelota juega un papel importante, pero no el único.

Naroa prepara para cada cita un programa que combina juegos, ejercicios técnicos básicos y entrenamientos con la pelota, con las miras puestas en el disfrute más que en la mejora competitiva inmediata.

Desarrollo integral de las menores

El reto es atraerlas a la práctica de la pelota, pero sin perder de vista otros objetivos.

“Más allá del aprendizaje técnico y en el rendimiento, el proyecto pone el foco en los beneficios del deporte en el desarrollo integral de las menores. La práctica regular mejora la condición física, la coordinación y la salud, pero también fortalece la autoestima y las habilidades sociales".

Se trata, en definitiva, de un primer paso que tiene como meta abrir un camino para alcanzar otras metas.

"La idea es que se animen a jugar a la pelota, que le cojan gusto y luego, si lo consideran conveniente, pasen a formar parte de la Escuela de Pelota de Zestoa. Allí podrán seguir adelante con su formación como pelotaris y estrechar lazos con otros niños y niñas de su edad, facilitando de este modo su integración”, termino diciendo Naroa.

2026-02-27T12:44:33+01:00
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