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La dura caída en la Itzulia, embestido por el coche médico durante el descenso de San Miguel de Aralar, cambió el destino de Mikel Landa, que calculaba estar en el Giro y en el Tour de Francia cuando amaneció la campaña.
La lesión que le provocó el accidente, una fractura en la pelvis que se diagnóstico días después de las primeras exploraciones, imposibilitó su presencia en la Corsa rosa. De nuevo, Tuvo que reponerse el escalador de Murgia.
Sin competición previa desde la carrera vasca, Landa llegó apurado a la salida del Tour de Suiza, que le serviría como ensayo de la Grande Boucle. Tras un buen comienzo, Landa no pudo terminar la carrera helvética. Se retiró en la última etapa. Una mala señal. El destino parecía torcerle de nuevo el camino. Su presencia en el Tour que comienza este sábado pendía de un hilo.
Ese precario equilibrio se quebró del todo cuando su formación, el Soudal, dio a conocer la identidad de los ciclistas que formarán en la travesía entre Barcelona y París. Mikel Landa no está entre los elegidos. Otro duro golpe para el ánimo y la moral del alavés, muy baqueteado por las caídas. En los dos últimos años, el malditismo parece arrastrar a Landa por el suelo.
En el Giro de 2025, en la primera etapa, una fuerte de caída que le provocó una fractura vertebral le arrancó de cuajo de la carrera italiana. Tuvo que abandonar. A consecuencia de ello tampoco pudo estar en el Tour.
Esta campaña, el accidente que padeció en la Itzulia le dejó sin vista al Giro y le tapió la mirada al Tour. Un final doloroso para el alavés, que ha ofrecido un gran rendimiento en la Grande Boucle. Fue 4º en 2017, 7º en 2018, 6º en 2019, 4º en 2020 y 5º en 2024, su última aparición.
La mala fortuna parece encontrar en Landa un lugar en el que anidar. El murgiarra y la fatalidad convergieron de nuevo en la Itzulia. El alavés se cayó en 2024 en Mañaria, antes de encarar la subida a Urkiola.
Como consecuencia del fuerte impacto, Landa, que mostró evidentes síntomas de dolor sobre el asfalto, tuvo que ser evacuado en ambulancia. Las posteriores exploraciones determinaron una fractura de clavícula.
Mikel Landa, tras la caída en el descenso de San Miguel de Aralar.
Demasiadas caídas
El historial de accidentes de Landa es amplio y doloroso. Con anterioridad al accidente de la Itzulia, el episodio más reciente data del pasado Giro de Italia, cuando el alavés se fue al suelo en la primera jornada de la carrera italiana, que se disputaba en Tirana (Albania).
La caída le provocó una fractura en la vértebra T11, que provocó que se perdiera gran parte de la campaña. Tras varias semanas llevando un corsé que le fijara la fractura, reapareció en el Vuelta a Burgos para disputar después la Vuelta.
En el Giro de 2021, un fuerte impacto contra una señalización con la carrera lanzada buscando la meta le causó fracturas en la clavícula y varias costillas. Su golpe contra el asfalto camino de Cattolica, retorcido Landa en el suelo, preso del dolor, desvió el curso del alavés, crucificado. Landa dejó el Giro entre los aullidos de las sirenas de la ambulancia, su banda sonora.
En el Tour de 2019 también impactó contra el suelo. Si bien pudo seguir en carrera en una edición que finalizó en sexto lugar. Un curso antes, en la Clásica de Donostia un accidente múltiple le provocó una fractura lumbar que le condicionó el rendimiento durante el resto de la temporada.
En 2017, en el Giro de Italia, una moto mal aparcada de un policía provocó una caída en cadena que también arrastró al alavés justo antes de encarar la subida del Blockhaus. El escalador de Murgia perdió 27 minutos debido al percance, aunque pudo alcanzar la meta y vencer posteriormente en Piancavallo, una de las cumbres de esa misma edición del Giro. El abrigo negro de la fatalidad le viste. Mikel Landa no estará en el Tour.