Polideportivo

Martinelli da un agónico pase a octavos a Brasil

La 'canarinha' consigue su billete para la siguiente ronda del Mundial tras un épico gol en el minuto 95 del extremo del Arsenal
El jugador de la selección brasileña, Gabriel Martinelli, celebrando el tanto de la victoria frente a Japón.
El jugador de la selección brasileña, Gabriel Martinelli, celebrando el tanto de la victoria frente a Japón. / EFE

Actualizado hace 4 minutos

La selección brasileña tuvo que tirar de épica para certificar su agónico pase a los octavos de final del Mundial 2026. Un gol de Martinelli en los instantes finales del partido dio la victoria ante Japón por 2-1, y volvió a dejar patente esa mística inagotable que acompaña a Carlo Ancelotti en los minutos finales de los choques.

Un triunfo agónico que mantiene vivo el sueño de la sexta estrella, pero que deja evidentes dudas sobre el juego de los pentacampeones, obligados a mejorar en los siguientes cruces.

Posesión estéril

El encuentro presentó dos partes claramente diferenciadas en cuanto a estadística y desarrollo del juego. Durante los primeros cuarenta y cinco minutos, los de Ancelotti eran dueño y señores de la posesión del balón, alcanzando el 63 por ciento incluso, pero careció de profundidad ofensiva y no generó ocasiones de peligro real.

El equipo sudamericano, que presentó su segundo once titular más veterano en la historia de las Copas del Mundo —solo por detrás del utilizado en los cuartos de final de la edición de 2006 frente a Francia—, se topó con un bloque defensivo japonés muy sólido.

El seleccionador nipón, Hajime Moriyasu, planteó un sistema basado en tres defensas centrales, carrileros con gran despliegue físico y una línea de cuatro jugadores ajustada que impidió cualquier progresión de Vinícius Júnior y Matheus Cunha a la espalda de la zaga asiática. Brasil tocaba, pero no llegaba.

Japón no necesitaba la pelota para meter el miedo en el cuerpo; le bastaba con agazaparse, mantener el orden y esperar el fallo del rival. Y ese regalo llegó a los veinticuatro minutos de juego. En un exceso de confianza, Marquinhos intentó sacar el balón jugado desde atrás y acabó perdiendo la cartera en una zona de altísimo riesgo. Sano robó con agresividad y, sin pensárselo dos veces, soltó un latigazo seco, pegadito al poste, inalcanzable para Alisson.

Mejoría brasileña

La dinámica del encuentro cambió radicalmente tras el descanso. La lesión de Lucas Paquetá, que se retiró del terreno de juego con molestias físicas, propició la entrada de Endrick al inicio de los segundos cuarenta y cinco minutos. Esta sustitución modificó el esquema táctico de Brasil, que comenzó a generar superioridad en las bandas.

La producción ofensiva del equipo se incrementó de forma drástica. En los primeros compases de la reanudación, el guardameta Suzuki intervino con acierto para rechazar un claro remate de cabeza de Bruno Guimarães. Instantes después, el defensa Takehiro Tomiyasu evitó sobre la misma línea de gol un remate en plancha ejecutado por el centrocampista Casemiro.

La insistencia del conjunto brasileño fructificó en el minuto 56. Tras una serie de envíos laterales, un centro desde el costado izquierdo encontró a Casemiro en el segundo palo. El jugador conectó un potente remate de cabeza que superó a Suzuki, estableciendo el 1-1 tras la revisión y validación de la jugada por parte del VAR.

Con el empate, Brasil registró sus mejores minutos. En este tramo, Vinícius Júnior protagonizó la acción individual más destacada del encuentro: superó a Tomiyasu con un túnel, eludió a tres defensores dentro del área y ejecutó un disparo con el exterior de su bota. La gran estirada de Suzuki, que desvió el balón hacia el poste, evitó el segundo tanto.

El plan de resistencia parecía funcionarle a los asiáticos. El partido se fue trabando, el reloj corría en contra de los favoritos y Brasil perdía por lesión al propio Casemiro. Olía a prórroga a kilómetros. Pero a este equipo, y menos con el técnico italiano en el banquillo, nunca se le puede dar por muerto.

Abonado a esa mística, el premio llegó en el minuto noventa y seis. Tanaka cometió un error perdiendo un balón en la salida, Bruno Guimarães lo cazó en la frontal, amagó el disparo para fijar a la defensa y filtró un pase milimétrico. Allí apareció Gabriel Martinelli, quien con una gran delicadeza definió con el interior para batir por fin a Suzuki y acabar con el sueño asiático. Una clasificación 'in extremis' que salva los muebles de una de las grandes candidatas.

2026-06-29T21:26:04+02:00
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