Vida y estilo

Los alimentos que no deberías congelar: el frío puede estropearlos

Hay productos que se arruinan por completo al bajar de cero grados porque el frío transforma su estructura completamente
Alimentos congelados en los cajones de un congelador.

El congelador es uno de los mejores inventos para combatir el desperdicio de comida y organizar los menús semanales. Nos permite pausar el tiempo y conservar carnes, pescados o platos cocinados durante meses en un estado buenísimo. Sin embargo, esta máquina no funciona con todo lo que metemos en la cesta de la compra. Existe una lista negra de alimentos cotidianos que nunca deberías congelar, ya que el frío extremo altera de tal forma su química y su estructura que, al descongelarlos, se vuelven incomestibles, pierden su textura original o cambian por completo de sabor.

Vista general de un congelador Freepik

Para entender por qué ocurre esto, hay que pensar en el agua. Cuando un alimento se congela, el agua que contiene en su interior se expande y forma cristales de hielo. Si el alimento es delicado, estos cristales rompen las paredes celulares de la comida, haciendo que pierda su consistencia. Al descongelarse, el agua se drena por completo y lo que antes era un ingrediente apetecible se convierte en una masa blanda, aguada y desagradable.

La trampa

Las principales víctimas de este proceso son las verduras que consumimos frescas o en ensalada, como el pepino, la lechuga, el tomate, el apio o las espinacas crudas. Al tener un porcentaje de agua cercano al noventa y cinco por ciento, los cristales de hielo destrozan por completo sus tejidos internos. Cuando los sacamos del congelador para comerlos, descubrirás que han perdido su característico toque crujiente y se han transformado en una pasta mustia y sin gracia. Si quieres congelar verduras, la única forma de hacerlo con éxito es pasarlas unos minutos por agua hirviendo y luego por agua con hielo.

Otro error clásico es meter en el congelador las sobras de un guiso que contenga patatas cocidas. La patata es riquísima en almidón, un componente que actúa como una esponja reteniendo líquido. Al congelarse, el almidón se rompe y el agua se separa de la masa, lo que hace que la patata adquiera una textura harinosa, acorchada y blanda al descongelarse, arruinando por completo la textura del caldo del guiso, que se volverá espeso y granuloso.

El desastre de los lácteos, los huevos enteros y las salsas

Los lácteos y las grasas también sufren bajo cero grados. Productos como la leche, los yogures, la nata para cocinar o los quesos frescos no toleran bien la congelación porque el frío rompe su emulsión. Esto significa que la grasa se separa por completo del suero lácteo. Al descongelarlos, se habrán convertido en un líquido cortado y lleno de grumos imposibles de volver a ligar, perdiendo toda su cremosidad. Los únicos quesos que soportan el congelador son los semicurados o curados con alto contenido graso, y preferiblemente si ya están rallados.

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Tampoco se deben meter huevos enteros con su cáscara al congelador. Como el agua del interior del huevo se expande al congelarse, el aumento de volumen hace que la cáscara estalle, llenando tu congelador de restos y exponiendo el interior a bacterias. Si te sobran huevos y quieres congelarlos, debes batirlos previamente y guardarlos en un recipiente hermético. Asimismo, las salsas emulsionadas como la mayonesa o la salsa holandesa se destruyen por completo en el congelador ya que el aceite se separa del huevo y de la base líquida, dejando una capa de grasa incomestible y con un aspecto terrible. Si te sobra comida que contiene mayonesa, patata cocida o verduras frescas, lo mejor es mantenerlos exclusivamente en la nevera y consumirlos en los días siguientes. En caso de que tengas dudas con algún plato cocinado que combine varios elementos, un buen truco es retirar las patatas o las salsas antes de congelar el resto del guiso o la carne.

04/09/2026