Cuando en 2013 llegó a las salas de cine la película Her, no se nos podía pasar por la cabeza que aquella historia podría hacerse realidad algún día en un futuro cercano. El mismo de la historia de aquel hombre solitario que, dedicado a escribir cartas de amor por encargo, compra un buen día un sistema operativo basado en inteligencia artificial diseñado para satisfacer las necesidades de quien lo maneje de cuyas capacidades queda prendado. Las charlas que Theodore, el personaje interpretado por Joaquin Phoenix, mantiene con Samantha, la voz femenina del sistema en cuestión, provocan una intensa relación entre ambos.
Aquello que a muchos pudo parecer absolutamente descabellado, ha ido desarrollándose de forma lenta pero sostenida y son más de las que podríamos imaginar las personas que reconocen tener o haber tenido una pareja virtual. Singles in America, el estudio anual de Match.com en los Estados Unidos, reveló el año pasado que el 16 por ciento de las personas solteras reconocía haber interactuado con un chatbot como si lo hiciera con una persona de carne y hueso que fuera su pareja romántica. Según ese mismo informe, los millennials y la llamada generación Z, los más jóvenes de nuestras sociedades, afirman haber mantenido vínculos de tipo sentimental con una IA.
También en los Estados Unidos, la revista Journal of Social and Personal Relationships (Revista de Relaciones Sociales y Personales) realizó el año pasado un análisis que arrojó el dato de que una de cada cuatro personas de entre 18 y 29 años había interactuado con un chatbot con fines románticos e incluso sexuales, algo que reconocía un 7 por ciento de los participantes.
En los últimos tres o cuatro años han proliferado plataformas que nos prometen poder crear una “pareja de IA ideal”. Algunas, como es el caso de Romantic AI, tienen más de un millón de usuarios mensuales.
Un estudio del Instituto Ingenio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Universitat Politécnica de Valencia basado en entrevistas en profundidad a personas que mantenían relaciones románticas a través de plataformas como character.ai o replika revela que hay quien toma contacto con ellas por mera curiosidad y termina por desarrollar una relación afectiva intensa. “En muchos casos aparecen dinámicas similares a las de una relación humana: intimidad, confianza, dependencia emocional o incluso ruptura”, afirma Jose Such, investigador principal de este estudio.
Ojo con la privacidad
Este mismo trabajo recoge que estas relaciones son, como en la realidad, muy diversas y que hay quien mantiene un vínculo exclusivo con una IA, quien tiene varias parejas virtuales o quien combina lo virtual con lo real. Entre las experiencias recogidas en este trabajo existen desde citas periódicas hasta ceremonias simbólicas de matrimonio con la IA.
La otra cara, como posibles riesgos de este tipo de situaciones, está tanto en la dependencia emocional, amenazando la salud mental como en la pérdida de privacidad. Como en todo, esto dependerá de la madurez de las personas aunque, resumidamente, se podría estar jugando con fuego.
Y es que, como los investigadores también recuerdan, muchas de estas plataformas de inteligencia artificial están concebidas para responder al usuario de una forma cercana, emocional y empática haciendo que la persona revele más de lo que debería. Jose Such recuerda como “en uno de los casos estudiados, la IA tranquilizó a su interlocutor para que compartiera una fotografía, ofreciendo garantías de confidencialidad”. Pero toda esa información aportada podría acabar siendo transmitida de forma indeseada.
Este fenómeno de las relaciones entre humanos y máquinas es analizado por el sociólogo e investigador asociado en el Instituto de Internet de Oxford James Muldoon en sus libros Máquinas del amor: cómo la inteligencia artificial está transformando nuestras relaciones y Alimentando la máquina: la mano de obra oculta que impulsa la IA. Su conclusión es que lo que él ha encontrado estudiando este campo es que “es como la comida basura: satisface en el momento que alguien te dé la razón en todo, pero le faltan cualidades esenciales de lo humano” porque estas plataformas de IA no pueden reemplazar “la experiencia corporal, tener cierto grado de conflicto y desacuerdo o tener a alguien que realmente pueda darte un abrazo”.
El tema genera debate y estos potenciales riesgos han hecho que en China hasta cinco departamentos del Gobierno hayan optado por la regulación de herramientas de Inteligencia Artificial que simulen vínculos emocionales e incidiendo especialmente en el veto de parejas virtuales a menores.