Once mujeres. Once vidas marcadas por la represión de la Guerra Civil. Once historias y voces que fueron silenciadas, aunque nunca olvidadas. El miedo impuesto por el contexto político de la época contribuyó a ese silencio, pero también lo hizo su condición de mujeres, cuyas experiencias quedaron relegadas e invisibilizadas. En Sukarrieta y su entorno, once mujeres fueron apresadas y delatadas por sus propios vecinos por pensar y sentir de una manera diferente. Once mujeres cuyas historias merecen hoy ser recuperadas, escuchadas y reconocidas.
Y es que tras noventa años del estallido de la Guerra Civil española, aún seguimos rescatando la historia. Es el caso de Sukarrieta donde se ha recuperado una de sus páginas más silenciadas y sangrientas: la represión sistemática que el régimen franquista ejerció contra las mujeres, una historia de la que se ha hablado muy poco. Lejos de la épica de los frentes de batalla, el castigo contra la población femenina buscó adoctrinar, adiestrar y erradicar cualquier atisbo de emancipación social o política lograda durante la Segunda República. Así, el proyecto de investigación impulsado por las mujeres de la asociación Sukarri ha logrado poner nombre, rostro y expediente judicial a once mujeres del municipio que padecieron la crudeza del aparato punitivo fascista entre 1937 y 1947.
El colectivo Sukarri Elkartea, creado en marzo de 2024, asumió la tarea vital de rescatar estas historias antes de que cayeran en el olvido. Tras un rastreo riguroso por archivos militares, eclesiásticos y judiciales —como los de Larrinaga, Saturraran, Ferrol, Guadalajara o Salamanca—, combinado con la recolección de emotivos testimonios orales de sus descendientes, la asociación ha presentado una detallada radiografía del sufrimiento y la dignidad de estas mujeres.
"Nuestra meta era garantizar que las experiencias de estas mujeres no quedaran envueltas en el silencio", destacan desde Sukarri Elkartea, evocando las palabras de la historiadora Fernanda Romeu. Y es que, tras la caída de Bilbao en junio de 1937 y la derogación del Estatuto de Autonomía, la maquinaria militar implantó un Estado de Guerra que juzgó en Consejos de Guerra sumarios a cualquier persona considerada "desafecta".
Cárceles, enfermedades y represión
El estudio saca a la luz la crudeza de la red penitenciaria franquista en la que se vieron atrapadas estas vecinas. Desde la Cuarta Galería de la prisión mixta de Larrinaga y el Chalet Orue en Bilbao, hasta los penales de castigo para condenas largas como las Prisiones Centrales de Mujeres de Amorebieta, Durango o Saturraran en Mutriku. Entornos dominados por el hacinamiento, el hambre atroz, la higiene inexistente y la falta de asistencia médica.
Cárcel de Saturrarán en Mutriku
La cárcel de Amorebieta llegó a ser tristemente bautizada por las propias reclusas como "el cementerio de las vivas", tras la huelga de hambre que secundaron en 1942 ante la desesperante falta de alimentos. El tifus, la tuberculosis y la sarna diezmaron a la población reclusa. A ello se sumaba la crueldad añadida de la separación de madres e hijos; los menores permanecían en las cárceles solo hasta los tres años para ser entregados después al Patronato con el fin de forzar su "reeducación religiosa".
Un entramado de vida y castigo con nombres propios
Las historias de las once de Sukarrieta abarcan desde reputadas hosteleras y modistas hasta labradoras, unidas por el delito de comprometerse con su pueblo, colaborar con Emakume Abertzale Batza (EAB) o, simplemente, ser señaladas por delaciones de vecinos.
Entre los casos más desgarradores destacan las hermanas Urrutxua Urizar, Jesusa y Carlota, naturales de Ibarrangelu y vecinas de Axpe-Busturia, donde regentaban el popular bar Palas. Afiliadas al PNV y activas en EAB, fueron detenidas el 1 de julio de 1937 tras la delación de un vecino. Acusadas en juicio sumarísimo de 'Adhesión a la Rebelión' y 'Excitación a la Rebelión', la Fiscalía solicitó para ambas la pena de muerte. Aunque las condenas fueron conmutadas por reclusión perpetua y posteriormente reducidas a 6 años, sufrieron el periplo represivo de Larrinaga, Saturraran y Amorebieta. Al salir en libertad atenuada en 1942, Carlota tomó la dolorosa decisión de no regresar jamás al pueblo mientras viviera la persona que la había delatado.
Las hermanas Jesusa y Carlota regentaban el bar Palas
Un destino similar de firmeza y sufrimiento padeció Juana Algorta Olaeta, conocida como 'Juanita Bermio', dueña de una taberna y tienda en Sukarrieta. Tras ser denunciada por emitir "frases ofensivas contra el Movimiento Nacional" y alentar a los jóvenes a responder al golpe, se le llegó a pedir la pena de muerte con 50 años. Fue condenada a 8 años de prisión, pasando por Larrinaga y Saturraran hasta su liberación en 1940.
El dossier documenta también el caso de las hermanas modistas y activistas Celia y Susana Arrasate Abendaño, esta última primera presidenta local de EAB. Ambas fueron detenidas el 2 de julio de 1937 junto a sus vecinas por coser ropa para las milicias vascas y organizar actos de apoyo. Fueron condenadas a 12 años y un día de prisión, sufriendo el severo cautiverio de Saturraran hasta obtener el arresto domiciliario en 1940.
'Juanita Bermio', a la izda., era dueña de una taberna y tienda en Sukarrieta.
Junto a ellas ingresaron en Larrinaga Nikole Atxikallende Iturri, -esposa de Sabino Arana de 64 años, del caserío Abiña-, Elena Bajineta Portuondo, de 68 años; y Madalen Tribisarrospe Asteinza, quien entró en prisión con su bebé Peli, de tan solo tres meses. Aunque las tres resultaron absueltas semanas después al determinarse que sus actos propagandísticos o de confección de ropa no constituían delito, Nikole y Madalen abandonaron el presidio gravemente enfermas de fiebres tifoideas a causa de las insalubres condiciones del presidio.
Completan la nómina de la dignidad Salvadora Arrasate Zarrabeitia, joven labradora de 24 años de Barrika juzgada por su militancia en EAB y absuelta tras acreditarse su dedicación al campo; y las hermanas María y Abelina Portugalete Zarandona. María sufrió el exilio en Iparralde entre 1937 y 1941, y a su regreso fue detenida y encarcelada 60 días en el Chalet Orue por "desafección al régimen". Por su parte, Abelina, que enseñaba euskal dantza y confeccionaba trajes tradicionales, fue investigada por figurar en actas de recaudación de 1934 para el 'Día del Haber para la Patria', librándose de las leyes retroactivas por ser actos anteriores a octubre de dicho año.
"De momento conocemos a estas once mujeres, pero seguimos trabajando porque sabemos que hubo más mujeres que sufrieron la represión", confirma Lide Barrena, presidenta de la asociación, al tiempo que hacen un llamamiento a todas aquellas personas que conozcan este tipo de hechos para darlos a conocer.
Así pues, gracias al esfuerzo de Sukarri Elkartea, los rostros y nombres de estas once mujeres dejan de ser meros números en viejos legajos militares para convertirse en el símbolo de la dignidad, la resistencia y el patrimonio moral de Busturialdea y de toda Bizkaia.