Casi dos décadas después del fenómeno literario Un burka por amor, la periodista y escritora Reyes Monforte regresa con una novela histórica que se adentra en la fascinante y polémica vida de la cineasta del régimen nazi Leni Riefenstahl, La mirada del mal. Reflexionando sobre los peligros de ignorar las advertencias de la historia y el papel fundamental de la literatura frente a la inteligencia artificial, nos invita a cuestionar si es posible desligar al artista de las consecuencias -buenas o malas- de su obra.
En La mirada del mal, reflexiona sobre si debe o no desligarse el talento de las personas de las consecuencias políticas que pueda tener su obra. ¿Es algo inevitable?
Es uno de los grandes debates, la pregunta del millón. Siempre cuento la anécdota de que Leni Riefenstahl murió en septiembre de 2003 con 101 años, horas después de haberse casado con su segundo marido, que era 40 años menor que ella. Genio y figura hasta la sepultura. A los pocos meses, se celebró la ceremonia de los Oscars y en el apartado emotivo que es el In Memoriam -donde recuerdan a los fallecidos que se dedicaban al cine- la recordaron. La liga Antinazi de Hollywood puso el grito en el cielo, diciendo que cómo se les ocurría hacerle un homenaje a la responsable del poder visual del nazismo. Tuvo que salir Elton John a decirles: “Tienen que ser un poquito más coherentes, porque ustedes están utilizando toda la vanguardia audiovisual que creó Leni Riefenstahl”. En películas como El rey león, el desfile de las hienas es el de las SS en El triunfo de la voluntad, o George Lucas que reconoció que bebió de su trabajo para La guerra de las galaxias... Les dijo: “Tienen que empezar a diferenciar entre el autor y su obra, porque si no, nos vamos a quedar sin artistas”.
La define como un personaje poliédrico. ¿Ha sido difícil retratarla para que sea el lector quien dicte sentencia dejando atrás los prejuicios?
Ha sido apasionante. La primera vez que quise escribir sobre ella fue hace 10 años, pero al ser un personaje tan controvertido, problemático, al que le persigue la polémica incluso una vez muerta, y al tratarse de un tema tan delicado como el Holocausto y el nazismo..., quería dar con la forma adecuada. Intento llegar a la novela y a los personajes sin prejuicios, dejando que sea el lector quien juzgue. Yo no quiero hacer un panfleto ni contentar a unos y no a otros. Quiero entretener y que la novela sirva para pasar un buen rato. Si aprenden algo, fenomenal, y si abren debate -que es lo que está pasando-, pues muchísimo mejor.
Las mujeres que desafían son las que más le llaman la atención, como en Un burka por amor, La diva o La violinista roja. ¿Por qué?
¿Y por qué no? La historia de la literatura universal siempre está protagonizada por hombres. A mí me llama mucho la atención cómo las mujeres, yo al escribir novela histórica, han tenido que ir mucho más lejos y hacer muchas más barbaridades. Han tenido que ser mucho mejores para que se pudiera hablar de ellas. Leni Riefenstahl fue la mejor cineasta del mundo, no solo del siglo XX, en palabras de Steven Spielberg, que además es judío. Fíjate si debió ser buena... A mí me llaman la atención historias que den que hablar, que atrapen. Y en la historia, las mujeres han tenido que hacer muchas más barbaridades para hacerse un nombre.
'Un burka por amor', de Reyes Monforte, va por su edición número 75.
Ante un panorama actual lleno de bulos y de guerras de relatos, defiende que la verdadera memoria reside en los libros. ¿Tiene la ficción histórica una responsabilidad ética?
No creo que sea en una novela donde se tenga que debatir sobre la responsabilidad ética. Cualquier producto cultural depende de los ojos que lo miran. Estoy segura de que tú y yo miramos el Guernica de una manera diferente a cómo lo mira un ruso o un estadounidense, pero todos sabemos que estamos ante un cuadro que denuncia la guerra. Poner la responsabilidad ética en una novela..., creo que eso le corresponde al lector, más que al autor.
Ya que hablamos de ética, para esta novela ha utilizado libros, diarios, sentencias judiciales... Eso no puede hacerlo la IA. ¿Qué opina?
La peor opinión del mundo sobre la IA es la mía, al menos en cuestión de novelas, literatura, libros... Yo prohibiría la IA directamente. Para otras cosas, bien utilizada -como todo- estaría muy bien. Además, y por lo que me cuentan mis compañeros, está francamente mal desarrollada para esto. La IA no va a escribir grandes novelas, eso lo hacen los autores. El libro es algo vivo, todo lo que tenga que ver con la emoción, con el sentimiento, con el mundo existencial... La IA nunca será humana, y esa es la ventaja que tenemos nosotros sobre ella.
Aparte de ir por su edición nº 75, Un burka por amor se adaptó a la gran pantalla. ¿Le gustaría que ocurriera con La mirada del mal?
Me encantaría. Además, es una película muy cinematográfica. Fíjate, Jodie Foster intentó dirigir e interpretar la vida de Leni Riefenstahl. Ella, que todavía estaba viva, le dijo que muy bien lo de dirigir, pero que para darle vida a ella tenía que ser alguien más guapo. Quería a Sharon Stone. Entonces, Jodie Foster le dijo: “Pues mire, señora, váyase usted a sembrar espárragos”. Y por eso no hizo la película, pero a mí me encantaría. Una de las críticas que más me han gustado decía que La mirada del mal es una radiografía que, cuando la pones a contraluz, ves las banderas rojas que no supieron ver en Berlín en 1933, y que quizá en 2026 no estemos sabiendo interpretar.
Igual no estamos tan lejos, ¿no?
Claro. La Segunda Guerra Mundial se acabó, los campos de concentración se cerraron... Sí, se cerraron, pero el odio -que fue lo que abrió esos campos- sigue enterrado ahí. Y basta con que venga un salvapatrias, se llame como se llame, para desenterrar ese odio y meternos a todos en un problema. Que es un poco lo que estamos viendo ahora, también.