Vida y estilo

Las cejas de aviador marcan el regreso del volumen a la mirada

La tendencia que peina los pelos hacia arriba convierte la ceja natural en el rasgo más expresivo del rostro
Las cejas han dejado de ser un detalle para convertirse en el rasgo que más transforma una mirada

Hay partes del cuerpo que pasan desapercibidas durante décadas, pero en un momento que nadie supo predecir, se convierten en el elemento más comentado y replicado de la temporada. Las cejas llevaban siglos ahí, cumpliendo su función anatómica de desviar el sudor y proteger los ojos, cuando alguien decidió que eran, en realidad, el rasgo más característico de una cara.

Líneas finas 

En los años veinte y treinta, la ceja ideal era una línea: un arco fino, casi geométrico, trazado con lápiz oscuro muy por encima del hueso. El mensaje estético no era nada natural, todo artificio. La ceja depilada hasta casi desaparecer y dibujada simbolizaba control absoluto, refinamiento, distancia de lo salvaje. Décadas después, los sesenta trajeron el drama: Audrey Hepburn popularizó la ceja ancha y oscura, casi recta, que daba intensidad a su mirada de ciervo. Pero el giro más brutal llegaría con los noventa. La moda del hilo y la pinza alcanzó extremos casi clínicos. Se llegaba a la esteticista y se pedía la ceja «lo más fina posible».

El gran regreso

Hoy la ceja ideal no se depila: se trabaja. Se rellena si hay huecos, se lamina para fijar los pelos, se tiñe para ganar densidad visual. Y en el extremo más fascinante de esta tendencia, se peina hacia arriba. Las llamadas «cejas de aviador» —llamadas así porque recuerdan las gafas de aviador, con ese volumen desafiante— consiguen que cada pelo parezca más largo de lo que es, dando una expresión distinguida que ha conquistado las redes sociales y las pasarelas por igual.

Con un gel de fijación —los llamados «brow soaps» o jabones de cejas— se cepillan todos los pelos verticalmente, hacia la frente. El resultado es una ceja que parece más densa, más larga y que enmarca el ojo desde arriba con una autoridad que el relleno convencional nunca consiguió. La gracia del efecto aviador es que funciona como amplificador, puesto que si tienes las cejas pobladas, el resultado es casi arquitectónico. Si las tienes escasas, el truco visual de los pelos levantados da la ilusión de mayor densidad. Por eso se ha convertido en la técnica favorita de quienes no quieren maquillaje elaborado pero sí quieren que su cara «diga algo».

Cuidar lo que tienes

El gran cambio de paradigma no es solo estético sino también de mantenimiento. La ceja natural requiere un cuidado diferente al de la ceja depilada. No se trata ya de quitar, sino de nutrir, definir y preservar. Los sérums de crecimiento han pasado de ser una rareza a llenarse los estantes de las farmacias. El aceite de ricino, el de argán, las fórmulas con biotina o péptidos se han convertido en parte de la rutina nocturna de millones de personas.

Y cuando sí hay que dar forma —porque no todo es dejar crecer— los profesionales recomiendan respetar el arco natural de cada persona, eliminar solo los pelos que claramente salen del contorno, y nunca tocar la parte superior de la ceja, donde se concentra la densidad que da presencia.

Y cuando sí hay que dar forma —porque no todo es dejar crecer— los profesionales recomiendan respetar el arco natural de cada persona, eliminar solo los pelos que claramente salen del contorno, y nunca tocar la parte superior de la ceja, donde se concentra la densidad que da presencia.

24/05/2026