Cuando el agitador de extrema derecha Vito Quiles mostró sus intenciones de aterrizar en Bilbao, el Gobierno Vasco se temió otra jornada de disturbios y choques con los sectores antifascistas, e hizo un llamamiento público para que los vascos ignorasen a una ultraderecha que es prácticamente residual en Euskadi y que, precisamente, busca protagonismo en este tipo de lances. "El mejor desprecio es no hacer aprecio", decía la portavoz Maria Ubarretxena. Pero el llamamiento no tuvo éxito, aunque ni siquiera llegó a producirse la visita de Quiles. A pesar de que su acto se canceló a última hora, y tras unas primeras protestas que sí habían sido pacíficas, un grupo de jóvenes minoritario pero muy ruidoso protagonizó una noche de vandalismo este lunes, que incluyó no solo la quema de una motocicleta de la Policía municipal, sino también el incendio de los vehículos que habían aparcado en la calle personas de a pie. Los vecinos llegaron a temer por su seguridad. Tras una noche de imágenes impactantes y con los termómetros de la zona rozando los 40 grados por los artefactos incendiarios, el Gobierno Vasco extrae dos conclusiones: había una intención "deliberada" de alterar la convivencia en un barrio especialmente concurrido, y son "grupos organizados" los que están detrás. El Ejecutivo no descarta que estos grupos puedan verse inspirados (o incluso animados y legitimados) por los altercados que se están produciendo a nivel global en otros lugares de Europa bajo el paraguas de Blocus (que ha convocado más protestas para el sábado en ciudades como Bilbao, Madrid y Barcelona para replicar los disturbios que se han producido en el Estado francés). Pero tiene claro que en el caso vasco existe un caldo de cultivo y una dinámica que se arrastra desde hace décadas.
¿Y en qué se basa el Gobierno Vasco para decir que estos altercados eran organizados? En una conversación con Grupo Noticias, el viceconsejero de Seguridad, Ricardo Ituarte, revela en primer lugar que los protagonistas de los incidentes tenían perfectamente identificados los "lugares donde tenían que cambiarse de ropa", unos "garajes y bajos" donde se cambiaron de vestimenta al principio y al final de las protestas. Iban embozados y con ropa de colores oscuros. Pero también considera que la protesta se organizó con una intención deliberada de provocar una alteración del orden público de grandes dimensiones para ganar visibilidad. El epicentro fue Deusto, donde estaba prevista la visita de Quiles, pero los altercados estallaron muy en concreto en la avenida Lehendakari Aguirre, "una de las calles principales de Bilbao y con una concurrencia importante de gente". Ituarte cree que buscaban atención pública y, para ello, pusieron en riesgo la integridad física de los vecinos: "Es una zona con cafeterías, comercios... y era una tarde con buen tiempo. No fue casual".
Esta línea argumental lleva a Ituarte a explicar por qué la Ertzaintza no actuó antes. El sindicato Erne atribuyó el caos desatado en Bilbao a que el dispositivo policial “se desmontó con una precipitación injustificable”, cuando se conoció que Quiles había suspendido su visita. Erne defiende que, a pesar de esa cancelación, el riesgo se mantenía. Ituarte ofrece su explicación, que no es otra que preservar la integridad física de los vecinos y no cargar en una calle llena de comercios y paseantes. Cuando se lanza un proyectil de foam, no se detiene hasta que impacta contra un objeto... o una persona. "He estado esta mañana con los representantes de los comercios. El lunes hubo personas recorriendo la avenida Lehendakari Aguirre con material inflamable. Como responsables políticos, no tomamos las decisiones operativas, pero respaldamos la decisión de la Ertzaintza. Tomó la mejor decisión, que fue actuar cuando podía actuar, cuando llegaron al parque de Zubiarte. Lo hicieron para no poner en riesgo la integridad de los transeúntes. Esperaron a llegar a un lugar descubierto, sin tantas personas. Y esto ocurrió 14 minutos después de la quema del primer contenedor en la calle Francesc Maciá", defiende. Ituarte describe una situación de alto riesgo ya que, tras quemar el contenedor, comenzaron a perseguir a las patrullas de la Policía municipal. Fue en ese momento cuando quemaron una motocicleta del Cuerpo.
Pero, ¿cuáles eran esos colectivos organizados? Ituarte no es tan prolijo en explicaciones en este caso mientras la investigación siga abierta. Pero aporta algunos datos de contexto, y se refiere a que el viernes pasado "ya actuaron" ciertos grupos en Gasteiz contra un desalojo, y también el 12 de octubre de 2025 en la capital alavesa para responder a la visita de Falange. "En la raíz, no tenemos que mirar muy lejos. Hay una parte de esta sociedad, minoritaria, que cree que puede alterar el orden, hasta el punto de hacerlo sin que concurra ninguna excusa", critica. No entra a señalar si habla del Movimiento Socialista (EHKS) y sus organizaciones juveniles GKS e IAS (el colectivo estudiantil, uno de los convocantes de la protesta contra Quiles), o si se trata de otros grupos, ni qué relación puede haber con Blocus, si es que la hay. Blocus está convocando a través de las redes sociales otra protesta para este sábado aprovechando la noche de Halloween y la facilidad para pasar inadvertidos por los numerosos disfraces y máscaras que se van a lucir por las calles. Ituarte se limita a constatar que los servicios de inteligencia trabajan y "ofrecerán la información que sea precisa", y desconoce si estos fenómenos globales harán que los grupos vascos se sientan "más legitimados".
Declaración de condena del Gobierno Vasco
Por la mañana, el Consejo de Gobierno de PNV y PSE aprobó una declaración institucional de "enérgica condena ante los graves actos de violencia" en Bilbao, y mostró su solidaridad hacia los comerciantes, los vecinos y los cuerpos de policía. "Es absolutamente intolerable que haya grupos organizados alterando deliberadamente la convivencia. No admite justificación alguna. En una democracia, toda idea puede defenderse y toda discrepancia puede expresarse, pero siempre por medios pacíficos", sostiene la declaración. PNV y PSE añadieron que conocen "demasiado bien el daño que provoca la justificación de la violencia" y, por ello, consideran que es especialmente grave que participen en estas dinámicas personas tan jóvenes. El balance final fue de 17 detenidos (14 hombres y 3 mujeres, ninguno mayor de 25 años y ninguno detenido previamente por la Ertzaintza). 10 de ellos eran menores de edad (8 hombres y 2 mujeres; 9 de "nacionalidad española" y una persona latinoamericana). Se han abierto diligencias de información contra otra persona más por desórdenes públicos, un joven de 22 años de "nacionalidad española". Entre los 7 arrestados mayores de edad, hay una mujer. Un detenido es de origen europeo y otro de procedencia latinoamericana y los 5 restantes, de nacionalidad española. Los mayores de edad han sido puestos en libertad a la espera de ser citados por los tribunales. El resto ha comparecido ante la Fiscalía de menores. No se descartan más investigaciones, porque hay unos 50 identificados.
El Gobierno Vasco avisó en su declaración de que no permitirá "que una minoría violenta condicione nuestra convivencia ni nos haga retroceder" e "interpela" a todas las fuerzas políticas para que se sumen a esta condena. En una entrevista en Radio Euskadi, el consejero Bingen Zupiria había puesto el foco en la juventud de estas personas, que "no han conocido ni la violencia de ETA ni la kale borroka", de tal modo que "cabe pensar que tienen referencias externas o pueden seguir consignas de grupos organizados vascos". "Podríamos mirar para atrás hacia los incidentes que hemos tenido en estos dos años, en momentos posteriores a partidos de fútbol, protestas contra los fascistas, en algunos espacios festivos contra la Policía, en lanzamientos de vivienda por orden judicial, y los últimos ejemplos en Bilbao. No debemos descontextualizarlo. Hay un clima de agitación, de movimientos extremistas que cuestionan el carácter democrático de nuestras instituciones. Habría que añadir que existen grupos más o menos identificados que de vez en cuando recurren a la violencia callejera. Y supongo que lo que ven alrededor en Europa animará a algunos a actuar de esta manera. Hay que analizar los inputs propios que existen en la sociedad vasca. Una parte ha legitimado políticamente el uso de la violencia y eso no lo tenemos curado", avisó.