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La Unión Europea empezará a prohibir la firma de nuevos contratos de importación de gas ruso a partir del próximo 25 de abril, según el calendario publicado este lunes por la Comisión Europea a propósito de la normativa REPowerEU, que entra en vigor mañana.
En esa fecha se prohibirá la suscripción de nuevos contratos a corto plazo de gas natural licuado (GNL) ruso, lo que marcará el primer punto de inflexión de una hoja de ruta que aspira a terminar con todas las importaciones gasísticas rusas a finales de 2027.
El reglamento —que Eslovaquia y Hungría consideran ilegal y quieren llevar ante la Justicia europea— prevé también vetar los contratos a corto plazo de gas por gasoducto desde el próximo 17 de junio, y desde el 1 de enero de 2027 los contratos a largo plazo para importaciones por barco de GNL ruso.
A partir de 2027, se prohibirán también las importaciones en la UE de gas por gasoducto en virtud de contratos a largo plazo, aunque los Estados podrán prorrogar esa fecha hasta el 31 de octubre de 2027 si sus niveles de almacenamiento se sitúan por debajo de los umbrales exigidos.
El incumplimiento podrá dar lugar a sanciones de 2,5 millones de euros para las personas físicas y de 40 millones de euros para las empresas o, como mínimo, el 3,5 % del volumen de negocios anual mundial total de la empresa, o el 300 % del volumen de negocios estimado de la transacción.
El plan para que la UE se desprenda de la energía rusa, al que en los próximos meses se añadirá una propuesta de la Comisión Europea para acabar también con el 3 % de petróleo ruso y los 1.000 millones de euros de combustible nuclear ruso que aún llegan a la UE, ha incrementado la dependencia europea en el GNL estadounidense.
Nueva dependencia
El gas ruso representaba el 45 % de las importaciones comunitarias antes de la invasión de Ucrania y ha caído hasta niveles del 13 % actualmente, pero en cambio han subido las compras de GNL estadounidense, que ahora es el segundo suministrador de la UE, tras Noruega.
Esa situación genera inquietudes ante la posibilidad de crear una nueva dependencia, como ha subrayado recientemente la vicepresidenta de la Comisión para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, Teresa Ribera.
El comisario europeo de Energía, Dan Jrgensen, señaló la semana pasada que el cambio de proveedor es “algo positivo” y reconoció que la UE seguirá necesitando gas estadounidense “durante algún tiempo” mientras despliega renovables, electrifica la economía y desarrolla la producción de hidrógeno verde.
En paralelo, la Comisión seguirá buscando ampliar la paleta de suministradores, con viajes previstos a Canadá, Catar y los países del norte de África.
La portavoz de Energía de la Comisión Europea, Anna-Kaisa Itkonen, aseguró este lunes en rueda de prensa que el Ejecutivo comunitario vigila “muy de cerca el suministro, los mercados globales y la demanda para evitar cualquier dependencia excesiva de un único proveedor” y agregó que la relación con Estados Unidos no es comparable a la que existía con Rusia.
“Las cifras actuales de las que disponemos no apuntan a ninguna preocupación al respecto”, dijo la portavoz. Reconoció que, desde la invasión de Rusia sobre Ucrania en 2022, Estados Unidos “se ha convertido en una fuente clave de importaciones de gas para la Unión Europea”, pero destacó que, “a diferencia de los gasoductos, el GNL es un mercado líquido y global”, que ofrece mayores oportunidades de diversificación.
El gas de Moscú llegaba esencialmente por “gasoductos dedicados, controlados y propiedad de una única empresa estatal”, sujeta al control gubernamental, en referencia a Gazprom.
Además, Rusia ha utilizado “la energía como arma de guerra” de forma reiterada en las últimas décadas.
Subida de precios
Las dudas sobre la dependencia energética de la UE en Estados Unidos coinciden con un reciente y pronunciado aumento de los precios del gas.
Ese hidrocarburo se cotiza actualmente en el mercado de futuros TTF de Ámsterdam a 39,2 euros el megavatio-hora (MWh), lo que supone un incremento de alrededor del 44 % frente a los 27,2 euros/MWh de finales de diciembre.
La subida se explica en parte por los bajos volúmenes de gas almacenado en la UE de cara al invierno y por las temperaturas extremas registradas en las últimas fechas en Estados Unidos. No obstante, el precio del gas en ese mercado de referencia aún está lejos de los casi 350 euros/MWh que llegó a marcar en agosto de 2022.