La tuberculosis es una de las enfermedades infecciosas más antiguas y con mayor mortalidad. Sus síntomas, a menudo, pueden confundirse con otras patologías como la neumonía, lo que dificulta su diagnóstico. Son algunas claves que detalla la neumóloga del Hospital Vithas Vitoria, Koral Fernández de Roitegui, para entender mejor una enfermedad con la que muchas personas han estado en contacto sin saberlo.
“El contacto con el bacilo, o Mycobacterium tuberculosis, da lugar a una infección tuberculosa donde nuestro sistema inmune trata de acorralarlo y dejarlo semi muerto o adormilado”, explica la doctora. “La mayoría nunca nos llegamos a enterar, salvo que nos hagamos la prueba del Mantoux, para detectar si nuestras defensas responden a la micobacteria. O si nos ha dejado alguna cicatriz (sin repercusión por lo general) en algún ganglio del tórax o pulmón”, detalla. De esa forma, “solo un 10% de quienes hemos estado en contacto desarrollará la enfermedad como tal, generalmente en los siguientes 2 años”.
La tuberculosis afecta sobre todo a los pulmones (80%). También puede incidir en los ganglios y otros órganos como el cerebro, riñón o vejiga. Su clínica es “inespecífica” y su comienzo “generalmente lento y progresivo. Por eso, a veces es difícil de diagnosticar”, advierte la neumóloga.
Síntomas y transmición
Entre sus síntomas puede haber malestar general, fiebre (o febrícula) –nocturna sobre todo–, tos con expectoración (incluso a veces sanguínea), dolor punzante en el pecho al coger aire profundo, sensación de falta de aire o ahogo. Señales que también podrían verse “en una neumonía por gérmenes habituales, y ahí radica su dificultad”.
Pese a su antigüedad, la tuberculosis “no está erradicada y es una de las enfermedades infecciosas con mayor mortalidad a nivel mundial”. Y requiere “especial atención”, por las complicaciones locales en el aparato respiratorio (pleura, caja torácica y vías respiratorias). También a nivel global ya que, vía sanguínea, puede diseminarse a otros órganos.