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Tras pedir que se la tuteé, pues considera que aún es “insultantemente joven”, la escritora Marta Jiménez Serrano nos desvela todas las incógnitas de su experiencia más traumática en Oxígeno. Un título muy afilado para una obra que narra su propia vivencia cercana a la muerte, en la que casi pierde la vida por una fuga de gas.
Ha mencionado que este es “el libro que nunca hubiera querido escribir”. Ha tardado cinco años en terminarlo. ¿Cómo evoluciona un trauma real a un relato literario?
Creo que el trauma y el relato literario han avanzado a la vez. Escribir el libro me ha ayudado también a colocarlo. Dentro de él también está el proceso terapéutico y la evolución. No es que se acabara primero el trauma y luego empezara el libro, sino que creo que han ido de la mano.
Su carrera también incluye poesía y relatos. ¿El dominio de estas formas breves y condensadas le ha ayudado a alcanzar ese estilo que define como “directo al hueso”?
Ay, mira, sí. Lo de “al hueso” me gusta mucho. Totalmente. Es un libro que está escrito a partir de la síntesis, la elipsis, la condensación... He intentado darle todas las palabras necesarias y ni una más. Contar todo lo que había que contar para que se entendiera y nada más que eso. Creo que tiene un tono muy hiperrealista, y eso pasa por depurarlo mucho: por no adornarlo y por intentar contarlo como el cuadro de la portada, que tiene todo el detalle de la realidad, pero sin añadirle nada.
En Oxígeno también trata temas como la precariedad de la vivienda y la desprotección de los inquilinos en el Estado. ¿Cree que la literatura debe ser espacio de denuncia para problemas generacionales urgentes?
No sé si debe serlo... Creo que puede serlo y que es un reflejo de lo que estamos viviendo, pero me cuesta hablar de la literatura como con una misión única. Hay libros muy variados, y está genial que los haya para entretener, divertir, incomodar, denunciar... Creo que todo cabe. En este caso, era inevitable. La denuncia se hacía sola y me parecía importante, así como la vertiente política que tiene el libro, no se podía ni se debía obviar. Creo que va un poco en la mirada del escritor. Yo escribí un libro de historias de amor, de relatos de pareja, y ahí me interesó mucho no obviar, por ejemplo, la cuestión económica o la cuestión material. Pero no es obligatorio que todo el mundo tenga esta mirada.
Aparte de ser escritora, también imparte clases de escritura creativa. Me imagino que también habrá aprendido de sus alumnos a la hora de narrar...
Mucho, me encanta compartir con ellos. Leyendo textos de otros y pensando en darles herramientas, me obligo a pensar por qué este texto funciona o no, qué es lo que falta... Y en ese proceso yo aprendo una barbaridad.
Este libro reivindica la importancia de la salud mental y el papel de la terapia tras un trauma. ¿Considera que escribir es en sí mismo una forma de terapia?
A ver, ha sido terapéutico, pero la terapia es la terapia... Me interesa decirlo, porque a veces parece que no, pero yo he tenido que ir al psicólogo muchos años. Además, creo que la terapia son las sesiones, pero también es lo que pasa entre una sesión y otra. En mi caso, lo que pasaba era el libro. De algún modo, ha sido un acompañamiento de la terapia, pero hay que hacerla igual.
‘Oxígeno’ es la última novela de Marta Jiménez Serrano.
Tanto en sus relatos como en sus novelas, el amor y la familia son pilares fundamentales. Después de vivir una experiencia tan cercana a la muerte, ¿ha cambiado su forma de relacionarse con el mundo?
Yo creo que sí, en la medida en que ha cambiado mi modo de ver la vida y de relacionarme conmigo. Entonces, también ha cambiado mi modo de relacionarme con los demás: lo que busco, lo que me interesa y lo que sé que puedo dar también.
Colabora en programas como Ovejas eléctricas y dirige el espacio literario Puro cuento en Carne Cruda. ¿Influye el contacto constante con la actualidad y otros autores en su propia disciplina creativa?
No sé si es tanto que esas colaboraciones me influyan en mi carrera literaria, pero hay algo... Creo que la buena literatura puede ser también entretenimiento y puede estar al alcance de todos los públicos. A veces, la literatura se ha sacralizado en el mal sentido y parece que Tolstói o Cervantes solo puede ser una cosa para unos pocos eruditos. En Ovejas eléctricas hablábamos en prime time de Galdós, para mí eso es un sueño. Pienso que se traduce también en mis libros, intento hacerlos exigentes, literarios y que a mí me supongan mucha complicación, pero no pierdo de vista que me gustaría que los entendieran mis abuelas si pudieran leerlos. Son maneras diferentes de expresar esa misma mirada y visión de las cosas.
Tras publicar una obra tan personal y honesta como esta, ¿siente la necesidad de alejarse de la realidad en sus próximos proyectos?
Sí y no. Estoy escribiendo un poemario, que la poesía siempre es muy..., no sé si decir biográfica o qué palabra darle, pero tiene menos de ficción la poesía. Lo que pasa es que es un cambio de género muy grande. Al mismo tiempo, estoy con un proyecto de narrativa: una novela de ficción, dónde me apetece volver a inventarme personajes. Me divierte cambiar, es una cosa que lo necesito yo misma. Ya sea a través de un cambio de género, registro, narrador o tema -pero dentro de un orden, porque soy la que soy-, me intento ir a otro lado.