Política

“La situación de Ceuta solo es posible gestionarla en cooperación entre el Estado español y Marruecos”

El jurista portugués cree que la crisis migratoria que se vive en la ciudad autónoma no justifica la introducción de controles internos de fronteras en el espacio Schengen
António Vitorino posa en el hall de Bizkaia Aretoa, donde recientemente participó como ponente en un curso de verano de EHU.
António Vitorino posa en el hall de Bizkaia Aretoa, donde recientemente participó como ponente en un curso de verano de EHU. / Pankra Nieto

Actualizado hace 3 minutos

La de António Vitorino (Lisboa, 1957) es una voz autorizada en materia de migración. Tuvo que lidiar con ese fenómeno como comisario europeo de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía entre 1999 y 2004 y, posteriormente, fue director general de la Organización Internacional para la Migración (OIM) entre 2018 y 2023. Por ello, conoce muy bien y desde hace tiempo la problemática que se vive en Ceuta, foco de atención por la crisis migratoria de la que sigue siendo escenario. Vitorino tiene claro que para gestionar la situación es imprescindible la colaboración entre el Estado español y Marruecos, pese a los recelos existentes con la actitud del país magrebí. Durante su reciente estancia en Bilbao como ponente de un curso de verano de EHU, aportó para este diario su visión sobre el asunto.

Como excomisario europeo de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía, es de suponer que estará observando con preocupación la situación que se vive desde hace un mes y medio en Ceuta.

Conozco bien la situación de Ceuta, me ocupé de ella cuando estuve de comisario europeo, hace más de 20 años. Está claro que es un punto vulnerable, bajo una gran presión, que exige una acción de prevención y de monitorización para controlar el potencial de flujos que pueden llegar. Eso no es una garantía de libertad de circulación. La carta que 22 países de la Unión Europea firmaron tras lo ocurrido en Ceuta no tiene sentido, porque bastaba leer las reglas del Acuerdo de Schengen para saber que no había un acceso directo al territorio continental europeo, ya que hay siempre la intermediación del control en Ceuta y Melilla. Pero cuando se está en un enclave español en el territorio de África existe una presión añadida que hay que tener siempre en cuenta.

En el Estado español se habla sobre todo de la mala gestión del Gobierno en esta crisis y del posible papel de Marruecos como instigador de la entrada masiva de inmigrantes, con la oposición haciendo sangre con el tema. ¿Este enfrentamiento político puede ser un obstáculo para que se resuelva de forma más rápida la situación?

Yo no voy a entrar en la política española, pero lo que puedo decir por mi experiencia es que esta es una típica situación que solo es posible gestionarla en cooperación entre los dos países. Y claro que esa cooperación existe. Hay un registro de cooperación entre España y Marruecos muy largo en materia de inmigración y a la hora de compartir responsabilidades en el control de la frontera. Cuando estuve de comisario, tomamos la decisión de apoyar a España en la instalación de la valla terrestre en Ceuta y en Melilla. Y eso solo es posible hacerlo con un acuerdo entre España y Marruecos con el apoyo de la Unión Europea.

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Ha citado a la Unión Europea. ¿Cree que se está implicando lo suficiente en una crisis que afecta a una de sus fronteras exteriores?

Creo que la Unión Europea debe comprender que, más que involucrarse en debates políticos, tiene que emplear su capacidad política en garantizar la estabilidad de esa frontera. Y por eso debe hacerlo apoyando al Gobierno de España cualquiera que sea el Gobierno, esa no es la cuestión. También utilizando sus capacidades diplomáticas con Marruecos, porque la relación entre la Unión Europea y Marruecos va mucho más allá de la cuestión de las fronteras de Ceuta y de Melilla. Es muy importante tanto para la Unión como para Marruecos. Y hay que construir soluciones en base a la confianza mutua.

Vitorino, en un momento de la entrevista.

Vitorino, en un momento de la entrevista. Pankra Nieto

Y, por el momento, ¿se está involucrando todo lo que debería?

He visto declaraciones del Consejo de Justicia e Interior de la Unión en el sentido de que estaban disponibles para apoyar y creo que han destinado un cuerpo de Frontex para Ceuta. Pero además de eso hay que prevenir el futuro y evitar que una situación de estas se pueda repetir.

Antes se ha mostrado crítico con la reacción inicial de muchos países europeos ante la crisis migratoria, firmando aquella carta en la que se mostraban dispuestos a reintroducir controles temporales en las fronteras interiores de la UE. ¿Puede profundizar en ello?

La carta no tiene sentido. Se basa en una idea que no es verdadera, la de que entrar en Ceuta y Melilla significaría entrar en la Unión Europea sin limitaciones. No es así. Ceuta y Melilla son parte de España y España es un Estado miembro de la Unión Europea que está en el Acuerdo de Schengen de libertad de circulación, pero hay una regla específica que excluye a Ceuta y Melilla de esa libertad de circulación. Diría que, antes de escribir la carta, no habría sido malo que pidieran a un jurista que leyera el Acuerdo de Schengen.

Y en ese sentido, ¿cómo valora decisiones como la de Italia de suspender el Tratado de Schengen con los viajeros procedentes del Estado español, que luego el Estado español también replicó con los pasajeros llegados de Italia?

No voy a comentar el caso concreto porque mi preocupación es más amplia. Lo que estamos viendo hoy es que se están reintroduciendo los controles internos en el espacio Schengen. Hay en este momento seis países que, de forma continuada, han reintroducido controles internos en el espacio Schengen y, que yo sepa, la Comisión no ha reaccionado hasta este momento. Y vamos a ser muy claros en un punto. La integridad y la eficacia de la frontera exterior son indispensables para garantizar la libertad de circulación en el espacio Schengen. Si hay puntos débiles del control exterior, el sacrificado es el ciudadano europeo que se ve afectado por estas restricciones. Pero la restricción a la libertad de circulación interna en Schengen es excepcional. El Tribunal de Justicia y el Acuerdo de Schengen establecen las condiciones excepcionales en que la reintroducción de controles internos puede ocurrir. Y no creo que lo que está pasando sean circunstancias excepcionales.

Habla usted de puntos débiles en el control exterior de las fronteras europeas. A día de hoy, ¿Ceuta es uno de esos puntos débiles?

Solo sería un punto débil si no hubiera una capacidad de España de controlar la relación con Ceuta. Pero no hay acceso directo. Y, que yo sepa, la mayoría de la gente que entró en Ceuta ha sido devuelta a Marruecos. No creo que eso sea justificación para la introducción de controles internos en el espacio Schengen.

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Usted ha señalado más de una vez a los populismos como la principal amenaza para la pervivencia del Acuerdo de Schengen. El avance generalizado de la ultraderecha, cuyo ejemplo más reciente es la victoria de la AfD en las elecciones de la región alemana de Sajonia-Anhalt, no es un buen augurio. 

Lo veo con preocupación. Sobre todo, la utilización de política migratoria como una arma de agresión en la lucha política, que es lo que hacen los populistas. Y no solo los de derecha. Porque, hablando de Sajonia-Anhalt, también ha experimentado una gran subida un partido populista de izquierdas que tiene sobre la migración exactamente la misma posición que la AfD. Es verdad que la mayoría de los populistas se sitúan a la derecha del espectro político, pero el problema no es izquierda-derecha, sino la utilización de la inmigración como un arma de combate político, intentando explotar las ansiedades, los miedos y las inseguridades de los ciudadanos de los Estados miembros y presentando a los migrantes como los agresores de su modo de vida.

Existe el riesgo añadido de que ese discurso llegue a calar en partidos que no se tienen por populistas.

Sí, hay que reconocer que algunos de los partidos del mainstream han hecho adaptaciones de sus líneas políticas. Pero la cuestión es que nadie puede negar que los flujos tienen que ser regulados; que hay que luchar contra la inmigración irregular y contra el tráfico de seres humanos, la primera fuente de violaciones de los derechos humanos más básicos de los migrantes. Y nadie puede negar que todos los procesos de integración son un desafío, tanto para las sociedades de acogida como para los migrantes. Sobre estas cuestiones, los populistas nunca presentan propuestas factibles. Construyen retóricas, meten miedo, pero no tienen soluciones.

Con esta amenaza creciente de los populismos y de la criminalización de la migración, ¿ve posible una vuelta a un sistema de fronteras interiores como el anterior al tratado de Schengen en Europa?

Creo que ese riesgo existe. Y que sería muy negativo no solo para el proyecto europeo en su conjunto desde el punto de vista cultural, político, ético, sino también desde el económico. Porque restablecer controles fronterizos no es posible hacerlo solo para personas. Sería también para mercancías. Y eso tiene un coste económico. Por eso, hay que reforzar la confianza mutua de los Estados miembros, la eficacia del control de las fronteras exteriores del espacio Schengen y la cooperación policial y judicial para luchar contra la criminalidad transfronteriza, contra todo tipo de tráfico, sea de seres humanos, de droga, de armas, de tabaco... Construir un espacio de libertad, seguridad y justicia, como dicen los tratados.

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El enfoque dado por la Unión Europea a su política migratoria con el nuevo Pacto de Migración y Asilo, que incluye la externalización del control migratorio en terceros países ajenos a la UE, ha sido bastante discutido. ¿Es ese el buen camino?

Creo que las medidas que han sido adoptadas en el pacto intentan responder a las preocupaciones legítimas que las poblaciones europeas tienen con la inmigración ilegal o irregular y con el tráfico de seres humanos. Este pacto está basado en políticas restrictivas de inmigración. Tiene como objetivo, en primer lugar, reducir las llegadas; y segundo, retornar a aquellos que están en situación irregular. Europa seguirá necesitando inmigrantes para su enriquecimiento por la baja tasa de fertilidad y por los problemas en el mercado laboral. Pero también está claro que aquellos que no están autorizados a quedarse tienen que salir. Y en mi opinión, las políticas de retorno son el componente necesario para el cumplimiento de la política de inmigración regular. Si no hay sanciones, no es posible distinguir entre inmigración regular e irregular. Dicho esto, es necesario que el retorno se haga con respeto al derecho internacional, en especial al principio de non-refoulement. Este es un principio esencial del derecho internacional humanitario, de la Convención Europea de los Derechos del Hombre y de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, que prohíbe la deportación de una persona a cualquier país donde su vida o su libertad corran peligro. Y también es necesario que el retorno se haga de manera humana y digna y no bajo inspiración ICE americana. ¿Cómo va a hacerse esto? No lo puedo decir, porque el pacto entró en vigor el 12 de junio y estamos aún en septiembre. Veremos cuáles serán las condiciones de aplicación.

Su conferencia en los cursos de verano de EHU llevaba como título Naciones Unidas ante el caos geopolítico. Ante lo que parece una evidente crisis del multilateralismo, ¿qué puede hacer Europa?

Hay que admitir que hay un debilitamiento del multilateralismo, que no es sólo con esta administración americana y su estilo de acción internacional. Es un proceso que viene de más atrás y creo que hemos entrado en un periodo de transición. No me pregunte transición hacia qué, porque eso no lo sé. No creo que volvamos al multilateralismo que hemos conocido en el pasado. Estamos en un camino con un destino incierto. Y por eso es muy importante que sepamos claramente cuáles son los valores que debemos preservar, pero también al mismo tiempo cuáles son los cambios que tenemos que introducir para garantizar la paz, la negociación diplomática, el arreglo pacífico de los conflictos y el valor de los derechos humanos fundamentales y universales para todos. Esos son los valores de la Unión Europea y esta tiene la responsabilidad fundamental de presentar una visión sobre un multilateralismo inclusivo, renovado, para garantizar que, respetando nuestros valores esenciales, seamos capaces de dar respuesta a los nuevos desafíos que son de naturaleza militar, en defensa y seguridad, así como económicos y tecnológicos por los impactos de la economía digital en general y de la inteligencia artificial muy en particular.

2026-09-27T10:18:27+02:00
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