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La guerra erosiona la popularidad de Putin y su partido antes de las legislativas

Las encuestas cifran entre 15 y 26 puntos la caída en el apoyo al jefe del Kremlin desde el pasado marzo
Vladimir Putin participa en la cumbre de los BRICS el pasado 12 de septiembre.
Vladimir Putin participa en la cumbre de los BRICS el pasado 12 de septiembre. / EP

Actualizado hace 3 minutos

Rusia celebra esta semana unas elecciones legislativas bajo la sombra de Ucrania. Unos comicios que llegan en un momento en el que el presidente ruso, Vladímir Putin, ha visto como su popularidad se ha desplomado por el hartazgo de la guerra, la escasez de combustible o las restricciones de internet en el país.

Las elecciones legislativas, que se celebrarán entre el 18 y el 20 de septiembre, serán las primeras desde el comienzo de la invasión de Ucrania en febrero de 2022 –aunque el país celebró unas presidenciales en 2024 en las que Putin fue reelegido-- y servirán al Kremlin de barómetro de la opinión pública sobre la guerra.

Cuando Rusia Unida, el partido que sostiene el poder de Putin, apostó por el jefe del Kremlin como su locomotora electoral en 2007, la apuesta parecía difícil de perder. Aunque no tenga carnet de miembro, el mandatario es el líder moral de la formación y durante años su nombre sirvió de impulso al partido. Hasta hoy.

Desde el pasado marzo el presidente ruso –que en octubre cumplirá 74 años—ha visto como su popularidad se desplomaba de forma muy similar a la sangría que vivió en 2018 con su particular reforma de pensiones. Por aquel entonces su apoyo descendió 18 puntos, mientras que en esta ocasión los sondeos le dan una caída de entre 15 y 26 puntos.

Este verano Putin ha tratado de frenar esa caída en las encuestas con una intensa campaña electoral. Eso sí, los ataques masivos con drones ucranianos obligaron al presidente ruso a trasladarla lejos de la Rusia europea y de Moscú, con actos a miles de kilómetros de la capital que lo llevaron hasta Siberia.

Según VTSIOM, el respaldo a Putin ha aumentado un 2,4 % --hasta el 67,4 %--. Sin embargo, se trata de uno de sus peores registros desde el inicio de la guerra, después de que el jefe del Kremlin llegara a superar el 80 % de aprobación.

Rusia Unida tampoco atraviesa su mejor momento. Las compañías demoscópicas independientes le atribuyen poco más de un 20 % de intención de voto, mientras que los organismos oficiales sitúan el dato en torno al 35 %. El partido controla actualmente más de dos tercios de los 450 escaños de la Duma y busca revalidar su mayoría constitucional de más de 300 diputados en estas elecciones.

El cansancio de la guerra

Uno de los principales motivos que explican ese desplome en las encuestas es la prolongación de la guerra. Tras más de cuatro años de un conflicto sin visos de terminar, el cansancio empieza a pesar en la ciudadanía rusa, que también se ha visto afectada económicamente. Según el Centro Levada, un 59 % de los rusos respalda el comienzo de negociaciones de paz. Una cifra que ha caído ocho puntos desde la última ronda de conversaciones --celebrada con mediación estadounidense el pasado febrero--, pero que sigue siendo significativa.

Otro foco de malestar se encuentra en internet. La ralentización de la red y las restricciones sobre plataformas como WhatsApp o Telegram han golpeado especialmente la imagen del oficialismo entre jóvenes y emprendedores. Las autoridades han justificado las restricciones por motivos de seguridad ante los ataques con drones, las estafas y posibles actos de sabotaje. Pero sus detractores sostienen que la verdadera finalidad es limitar el disenso y aumentar el control sobre la información, en una estrategia que algunos comparan con el cortafuegos chino.

Además, desde el pasado junio a Putin se le abrió un nuevo frente dentro de sus fronteras: la escasez de combustible en un país considerado durante años la 'Gasolinera de Europa'. Los ataques ucranianos de largo alcance contra las refinerías han reducido la capacidad de procesamiento de crudo. Una veintena de instalaciones fueron golpeadas el pasado agosto y el volumen de refinado ha caído por debajo de los cuatro millones de barriles diarios, niveles de hace dos décadas.

Putin asegura que solo queda por reparar un 10 % de las instalaciones afectadas, incluidas nueve de las diez mayores refinerías rusas. Sin embargo, algunas han tenido que detener sus operaciones durante meses.

Para paliar la escasez, las gasolineras han recibido además autorización para vender combustible de peor calidad, mientras Rusia importa carburante de países como India, Kazajistán y Bielorrusia. El líder ruso insiste en que el daño "no es crítico", aunque ha reconocido que el coste de los ataques asciende a casi un 1 % del producto interior bruto (PIB).

2026-09-15T18:02:32+02:00
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