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Vida y estilo

La Fiesta del Caracol, llega la gran cita gastronómica de Lleida

Lleida celebra cada mes de mayo L'Aplec del Caragol, La Fiesta del Caracol. Durante estas jornadas, conocidas incluso internacionalmente, miles de personas se reúnen para degustar toneladas de esta pequeña exquisitez
Grupo de peñistas mostrando sus bandejas de caracoles.
Grupo de peñistas mostrando sus bandejas de caracoles. / Fecoll y Julià Escudé

Actualizado hace 4 minutos

Los naturales de Lleida se caracterizan por una personalidad vivaz y fiestera. No en vano, además de disponer de un extenso calendario de celebraciones en el que participa prácticamente toda la ciudadanía, como la Fiesta Mayor de San Anastasio, la Feria de Títeres, Animac, Moros y Cristianos, Feria Sant Miquel, etcétera, y a las que concurren los tradicionales e icónicos Gigantes y Cabezudos o el conocido monstruo El Marraco, hay una fiesta gastronómica multitudinaria especialmente atractiva que lleva por nombre L´Aplec del Caragol (La fiesta del Caracol).

Comida popular durante la L´Aplec del caragol.

Comida popular durante la L´Aplec del caragol. Fecoll

La ciudad del caracol

L´Aplec del Caragol es una fiesta de tres jornadas que se celebra a mediados de mayo en los Camps Elisis de Lleida. Fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional e Internacional, y participan más de 100 collas (peñas) y más de 15.000 peñistas, siendo el caracol el protagonista absoluto de la fiesta.

Sí, el caracol es el símbolo gastronómico y cultural más destacado de la ciudad y está exhaustivamente representado en su cocina tradicional. La fiesta del L´Aplec del Caragol reúne a miles de personas cada año, tanto nativos y compatriotas, como extranjeros, en la que se degustan durante tres jornadas doce toneladas de este gasterópodo. No en balde, Lleida es conocida como la ciudad del caracol, por el hecho de celebrar tan intensa y entusiásticamente este producto, teniendo la fiesta gran repercusión nacional e incluso internacional (se encuentra citada en la conocida guía estadounidense Culinary Backstreets).

Cocinando una gran ración de caracoles.

Cocinando una gran ración de caracoles. Fecoll

El caracol simboliza la conexión con la huerta leridana y la tradición culinaria de la zona, formando parte de la identidad local.

La celebración se caracteriza por el ambiente festivo de las peñas, que son intergeneracionales y abiertas a la participación. Las jornadas suelen ser sociables, dinámicas y alegres, y el objetivo de las mismas es también compartir momentos de unión entre sus asistentes. Disfrutar de la conexión emocional que brinda la comida como expresión de afecto y simpatía, mientras la fiesta actúa como un catalizador para liberar oxitocina y fortalecer vínculos sociales a través del baile y la celebración en sí misma. Por tanto, el evento es una forma de fomentar el sentido de pertenencia y de comunidad por medio de razonables litros de vino, música, pasacalles, concursos, desfiles y otras actividades tradicionales.

Una bandeja de caracoles con alioli.

Una bandeja de caracoles con alioli. Iolanda Sebé; Iolanda sebé

Historia románica del caracol

La historia de los caracoles como alimento en Cataluña se remonta a miles de años. Los romanos eran expertos en la materia. Consideraban a este pequeño molusco un festín exquisito y conocían su cultivo, preparación y cocción. Estudiaban y clasificaban los caracoles; sabían dónde encontrar las especies comestibles en el sur de Francia, Grecia, Italia y España, cómo criarlos, cómo limpiarlos y prepararlos y, por supuesto, cómo cocinarlos.

Los registros muestran que los caracoles se asaban con diferentes condimentos, como garum, pimienta o aceite de oliva, o se cocinaban en vino. De hecho, los romanos estaban tan enamorados de los caracoles que diseñaron incluso una cuchara especial con una púa en el mango, llamada cochlearium, específica para comerlos. El consumo de caracoles también está documentado desde el siglo XI en recetas como el conejo con caracoles, un plato disfrutado hoy en toda la región catalana. Con el paso de los siglos, los caracoles, conocidos localmente como caragols, se integraron en innumerables recetas tradicionales lleidatanas.

La Seu Vella domina la ciudad de Lleida.

La Seu Vella domina la ciudad de Lleida. Fecoll y Julià Escudé

Actualmente, esta capital catalana presume de una vibrante cultura del caracol: se sirven en muchas preparaciones clásicas en bares y restaurantes locales, incluyendo caracoles a la catalana y caracoles a la llauna (cocinarlos en una bandeja de asar metálica sobre una parrilla de carbón es la forma más popular) donde los caracoles se cocinan aderezándolos con sal y pimienta, aceite de oliva y hierbas aromáticas como laurel, hinojo, tomillo u orégano, y luego se sirven con salsas para mojar, generalmente alioli o romesco.

Otro excelente plato tradicional es el conejo con caracoles en un suculento sofrito de ajo, cebolla, tomate y hierbas. Hay muchas variantes de esta clásica ingesta, y en algunas de ellas incluso añaden frutos secos picados a la salsa o los flambean en brandy. Hasta se ha visto una versión con un toque de chocolate, que le da al caracol un sabor especial (es probable que Ferrán Adriá sea el responsable de esta modernidad). Cualquiera de estas opciones hará las delicias de los comensales, pero el placer, según los expertos, no termina una vez que el pequeño molusco está en tu boca: lamer las conchas (y luego los dedos) es “una experiencia gustativa en sí misma”.

Torres humanas (els castellers) no faltan en la celebración.

Torres humanas (els castellers) no faltan en la celebración. Fecoll y Julià Escudé

Desde un punto de vista nutricional, los caracoles siguen siendo un ingrediente valioso y culturalmente significativo en las tradiciones culinarias catalanas. La carne del caracol es muy nutritiva, sana y digerible, ya que cuenta con un alto contenido de proteínas, un bajo nivel de lípidos, gran variedad se sales minerales y bajas calorías. El caracol es, en suma, un alimento que contribuye a reducir los niveles altos de colesterol y triglicéridos. Bajo, pues, en grasas y calorías, y rico en minerales y proteínas, el caracol es un clásico de siempre con una renovada popularidad. Aunque quizás no tan obsesionado como los romanos, los catalanes están redescubriendo todos sus beneficios: son nutritivos, sabrosos y fáciles de criar.

Gigantes y cabezudos con el monstruo mitológico El Marraco.

Gigantes y cabezudos con el monstruo mitológico El Marraco. Fecoll y Julià Escudé

Vinculación mitológica

El símbolo mitológico y animal totémico de la ciudad de Lleida es El Marraco. Se trata de una figura legendaria con forma de dragón o bestia fantástica, cuyas raíces se remontan al siglo V a.C. Actualmente, es una figura festiva querida e icono cultural. No un ser malévolo temido por los niños en los cuentos infantiles, que forma parte de la cultura popular y de las fiestas de la ciudad, representando la identidad leridana. Su origen proviene del euskera y significa dragón.

Pero, en este sentido, el descubrimiento más extraordinario, lo aporta el divulgador de Historia Joan Josep Ballabriga. En la mitología ilerdense hay dragones, ¡pero también caracoles!

Así está representado, según relata el citado historiador, en el principal monumento de la ciudad, la Seu. Un equipo de restauradores constató hace algunos años que en la Porta dels Apotols de Seu Vella apareció sorpresivamente una pequeña escultura en relieve de un caracol. Se trataría de la figura más antigua documentada hasta ahora de este molusco en el patrimonio monumental de Lleida, ya que se presume que se esculpió en la segunda mitad del siglo XIV, cuando se inició la elaboración de la puerta principal de acceso al claustro, en la fachada oeste del templo. Si nos atenemos a la máxima de que el tiempo pone cada cosa en su sitio, no habría ninguna duda de que la vinculación de Lleida con el caracol es mitológica. De ahí que este molusco permanezca profundamente arraigado en la cultura local ilerdense. Y para que nadie se olvide de él, L´Aplec alcanza cada año, como un libro exitoso, ¡una nueva tirada!

2026-04-25T06:22:56+02:00
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