La sociedad ha experimentado en las últimas décadas una transformación profunda que ha afectado a prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana. El aumento de la esperanza de vida, el envejecimiento de la población, la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, la digitalización de las relaciones sociales, el retraso en la emancipación de los jóvenes o el encarecimiento de la vivienda son algunos de los cambios más significativos.
En ese contexto, el concepto de familia también ha cambiado. El esquema clásico —padre, madre e hijos— ha dejado de ser la única referencia para dar paso a una realidad mucho más diversa, en la que conviven distintas formas de entender la vida en común y de construir de vínculos afectivos.
En el siglo XXI, han adquirido un papel cada vez más relevante las familias homoparentales, formadas por parejas del mismo sexo con hijos o sin ellos; las parejas sin descendencia; las uniones no matrimoniales; y los hogares en los que conviven varias generaciones bajo un mismo techo.
Dentro de este escenario de pluralidad destacan las familias reconstituidas o combinadas, aquellas que surgen cuando, tras una separación, divorcio o viudedad, una o ambas personas de la nueva pareja aportan hijos de relaciones anteriores. Son hogares que no parten de cero, sino que se construyen sobre trayectorias vitales previas, en los que los vínculos se reorganizan y se amplían, incorporando nuevas figuras parentales y nuevas dinámicas de convivencia.
“ Las ayudas a la natalidad no deben ser la única respuesta. Hacen falta otras medidas ”
Nerea Melgosa - Consejera de Bienestar, salud y reto demográfico
La familia, pilar fundamental de la sociedad
Ante esta realidad, el Gobierno Vasco defiende que las administraciones deben reforzar el apoyo a las familias y a quienes desempeñan tareas de cuidado, ya que sobre ellos recae buena parte del sostenimiento del modelo de bienestar. El aumento de los costes y de las responsabilidades diarias están tensionando a estos hogares, que reclaman soluciones más rápidas y eficaces. La preocupación radica en que, si los vínculos familiares pierden fortaleza, también pueda resentirse la solidaridad entre generaciones, un elemento clave para la cohesión social.
"Las familias son la fuente de cohesión social y natural de este país. A las familias se les debe mucho y creo que también es hora de reconocer en las políticas públicas el papel y el valor que tienen desde el punto de vista del bienestar, de la cohesión y de los cuidados", sostiene la consejera de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico del Gobierno Vasco, Nerea Melgosa.
Bajo esa premisa, el Ejecutivo Vasco considera prioritario garantizar que infancia, personas adultas y mayores puedan sostenerse mutuamente sin dejar a nadie atrás, reforzando los vínculos de apoyo entre generaciones en un contexto de profundos cambios sociales y demográficos.
Dos padres abrazan y besan a su hijo.
Para abordar ese nuevo escenario, se celebró los días 6 y 7 de mayo en Gasteiz el primer Congreso Internacional de Familias impulsado por el Gobierno Vasco. En él se dieron cita psicólogos, pedagogos, economistas y responsables institucionales. El encuentro sirvió para analizar cómo han evolucionado las familias, qué retos afrontan en la actualidad y qué respuestas deben ofrecer las administraciones públicas ante esos cambios.
El doctor en psicología y ciencias de la salud, Javier Urra, y una de las voces más reconocidas del ámbito de la infancia y la adolescencia, asegura que los estudios siguen mostrando hasta qué punto la familia continúa ocupando el centro emocional de la sociedad. "La sociedad española valora muchísimo la familia. Claro que queremos a los amigos, salimos con ellos, compartimos ocio, conversaciones o aficiones, pero cuando preguntas por aquello verdaderamente importante, la gente habla de su familia", explica.
Urra sostiene que existe incluso una diferencia creciente entre la realidad familiar y el deseo de muchas personas. “Solo el 24% de la población está casada, pero el 40% admite que le gustaría casarse. Eso desmonta algunos discursos que dicen que la familia o el matrimonio han dejado de tener valor”.
“ No podemos normalizar que haya padres que tengan miedo a sus hijos ”
Javier Urra - Psicólogo
Obstáculos para formar una familia
Claudia Hupkau, Profesora Titular en el Departamento de Economía de CUNEF Universidad, cree que buena parte de las tensiones actuales tienen que ver con que la sociedad ha cambiado mucho más rápido que las estructuras públicas y laborales. "Antes existía un modelo de familia mucho más tradicional, donde normalmente una persona se quedaba en casa y eso solucionaba muchas cuestiones relacionadas con el cuidado, pero hoy las familias funcionan de otra manera y necesitan otro tipo de apoyos", señala.
Las familias viven más dispersas, cuentan con menos apoyo cercano y deben encajar jornadas laborales largas con la crianza y los cuidados. Todo eso en un contexto marcado por la precariedad y por un acceso a la vivienda cada vez más difícil.
"Uno de los factores que más pesa hoy sobre nuestra generación es el coste de la vivienda y eso hace que muchas familias sientan que, aunque trabajen dos personas, llegan mucho más justas a final de mes", explica Hupkau. "En las encuestas vemos claramente que el salario y la estabilidad económica siguen apareciendo como uno de los principales obstáculos a la hora de decidir tener hijos".
La consecuencia es una sensación constante de agotamiento. La idea de no llegar a todo. "Es verdad que hoy muchas familias se sienten más desbordadas porque tienen que compaginar trabajo, crianza, horarios y falta de apoyos", resume la economista.
“ Cuando intentamos sobreproteger a un niño, en realidad lo estamos desprotegiendo ”
Cristina Gutiérrez Lestón - Experta en inteligencia emocional
El reto de la conciliación
El debate sobre la conciliación atraviesa prácticamente todas las reflexiones sobre el presente y el futuro de las familias. Euskadi comparte con buena parte de Europa un mismo escenario: descenso de la natalidad, retraso en la maternidad y paternidad, y dificultad para sostener los cuidados sin renunciar al empleo.
Melgosa considera que las ayudas económicas son importantes, pero insuficientes si no van acompañadas de otras medidas. "Las ayudas a la natalidad son importantes, pero no pueden ser la única solución. También hay que trabajar en conciliación, estabilidad y bienestar para que las familias puedan desarrollar sus proyectos de vida".
La consejera insiste además en que el mercado laboral sigue arrastrando inercias incompatibles con la vida familiar. "Tenemos que pasar de ser un país donde parece que es más importante la presencia la productividad", señaló durante el congreso.
Las familias monoparentales han ido ganando peso en los últimos años.
Hupkau coincide en que las dificultades para conciliar siguen afectando especialmente a las mujeres. "En muchísimos casos siguen siendo ellas las que se se encargan del cuidado de los hijos, reducen jornada o adaptan sus carreras para poder atender las responsabilidades familiares".
A su juicio, eso no solo representa una desigualdad social, sino también una pérdida económica. "Cuando aparecen los hijos muchas veces perdemos parte de ese talento femenino que podría seguir aportando muchísimo".
La economista cree, sin embargo, que algunas políticas recientes han empezado a modificar lentamente las dinámicas familiares. Destaca especialmente los permisos de paternidad iguales e intransferibles. "España ha avanzado muchísimo en este terreno y hoy vemos que prácticamente la totalidad de los hombres se acogen a los permisos de paternidad". El problema, advierte, es que "los cambios culturales siempre avanzan más despacio que las leyes".
“ La estabilidad económica es uno de los principales obstáculos para tener hijos ”
Claudia Hupkau - Profesora de Economía
El exceso de protección
Mientras tanto, las familias afrontan otro fenómeno cada vez más visible: el desgaste emocional. La salud mental, la ansiedad, la sobreprotección y las dificultades para gestionar los conflictos ocuparon buena parte de las intervenciones del congreso. Psicólogos y pedagogos coincidieron en señalar que muchas familias viven atrapadas entre la hiperexigencia, el miedo y la sensación permanente de fragilidad.
Cristina Gutiérrez Lestón, experta en inteligencia emocional, habla directamente de una "pandemia de la sobreprotección". "Sobreproteger es educar con miedo", afirma. La especialista sostiene que muchos padres intentan evitar cualquier frustración a sus hijos y terminan generando el efecto contrario al que buscan. "Cada vez que protegemos en exceso a un niño, en realidad lo estamos desprotegiendo".
Según explica, la obsesión por eliminar cualquier obstáculo acaba debilitando la autonomía emocional de los menores. "Cuando soy yo quien discute la nota con el profesor, quien resuelve todos los conflictos o quien evita constantemente cualquier frustración, lo que estoy haciendo es desentrenar a mi hijo para la vida y quitarle habilidades fundamentales como la autonomía, la autoestima o la capacidad de levantarse después de caerse".
La ansiedad social también se cuela en la crianza. "Vivimos en una sociedad ansiosa y la ansiedad, al final, es miedo. Miedo a que el niño no juegue, no tenga amigos, suspenda o no encaje", señala Gutiérrez Lestón.
Leticia Garcés, pedagoga especializada en educación emocional y familiar, cree que parte del problema nace de la dificultad de muchos adultos para tolerar el sufrimiento de sus hijos. “Evitar el sufrimiento de los niños se ha convertido en el mal de este siglo, porque los niños necesitan vivir situaciones frustrantes. Forma parte de su formación como personas. Es importante que lo hagan en entornos seguros y acompañados por sus padres. Así aprenderán a gestionar sus sentimientos”.
La experta sostiene que educar no consiste en eliminar todos los conflictos, sino en enseñar a gestionarlos. “Preparar a un hijo para la vida implica enseñarle a reconocer sus sentimientos, a pedir ayuda cuando la necesite y a afrontar las dificultades con seguridad y confianza” y añade que “los límites son una manera de ayudarles a convivir con la frustración y prepararse emocionalmente para la vida”.
“ Cada hijo es diferente, por eso no se debe dar lo mismo a todos, si no lo que cada uno necesita ”
Leticia Garcés - Experta en educación emocional y familiar
Más de un hijo
El nacimiento de un segundo hijo supone un cambio profundo que obliga a los padres a adaptarse a nuevas dinámicas y requiere atención, cuidados y tiempo para poder gestionarlo de forma saludable.
En ese marco, Garcés sitúa los celos entre hermanos como una de las expresiones más habituales de ese reajuste familiar. “Hay familias que, para que sus hijos no sufran, intentan hacerlo todo exactamente igual, hasta el punto de regalar algo al otro hermano el día que uno cumple años, cuando en realidad lo importante es que cada uno pueda tener su propio espacio y su propio protagonismo”, señala, poniendo el acento en el riesgo de confundir equidad con uniformidad.
La pedagoga insiste en que la clave está en la justicia no siempre consiste en repartir de forma idéntica, sino en atender a realidad particular de cada hijo: “Es injusto darles lo mismo cuando son diferentes, y eso los hijos lo tienen que aprender desde bien pequeños. No se trata de favoritismos ni de querer más a uno que a otro, sino de entender que a cada uno hay que darle lo que necesita”.
V Plan de apoyo a las Familias
Objetivos
El V Plan Interinstitucional de Apoyo a las Familias, la Infancia y la Adolescencia 2025-2030 estuvo muy presente en el Congreso Internacional de Familias celebrado en Euskadi, donde muchas de las reflexiones compartidas por expertos encajan con la nueva estrategia del Gobierno Vasco. La hoja de ruta sitúa la diversidad familiar como una riqueza social y busca trasladar el debate académico y social a medidas concretas que mejoren la vida cotidiana de la ciudadanía.
Medidas concretas
Entre ellas destacan la ampliación de las ayudas por hijo a cargo hasta los cuatro años y un nuevo decreto de conciliación para garantizar el derecho al cuidado sin penalizaciones laborales. El plan también refuerza el apoyo a las familias monoparentales y aborda retos como la baja natalidad o el acceso de los jóvenes a la vivienda mediante programas como Emantzipa.
Violencia intrafamiliar
La convivencia no siempre es idílica. El hogar, en ocasiones deja de ser un refugio y se convierte en una prisión, según Javier Urra. “Existen situaciones de violencia de género, filoparental, de adicciones o de problemas psicológicos que convierten lo que debería ser un lugar seguro en un espacio de miedo y sufrimiento”. Esa realidad, añade, “puede quedar oculta durante años y eso genera mucho dolor, mucha culpa y muchísimo silencio”.
En algunos casos, la tensión puede hacer que la convivencia dentro del hogar sea insostenible. “Hay padres que tienen que cerrar su habitación con llave por la noche por miedo a sus propios hijos. Eso no puede normalizarse. Hay que analizar las causas y entender qué está ocurriendo porque detrás puede haber problemas de salud mental, adicciones o situaciones familiares muy complejas”, explica Urra.