La vuelta del verano supone el retorno de la empresa vasca al curso laboral ordinario en una tesitura donde se combinan diversas interrogantes, como la evolución del sector industrial y el recorrido de la inflación, con otras cuestiones que tienen visos más favorables, caso de los niveles de empleo y la financiación. Pese a los problemas, el tejido empresarial vasco ofrece una sensación de resiliencia, si bien con matices y con cierta incertidumbre en lo que concierne a empresas como Tubos Reunidos, en una delicada situación financiera.
INDUSTRIA
El sector industrial vasco vive un momento definido como la propia Confebask como de “claro estancamiento”. Y lo cierto es que las últimas estadísticas invitan a verlo así: la producción industrial de la CAV aumentó en junio de 2026 -último dato disponible de Eustat- un escuálido 0,2% respecto a un año antes. Además, según el INE, en la media del primer semestre la producción industrial vasca aumentó un 1%. Un crecimiento débil que se explica por el parón de los clientes de la industria europea -especialmente en Francia y Alemania-, las tensiones comerciales, la competencia de China -que ha pasado de cliente a competidor- y la incertidumbre del tablero en la región de Oriente Medio, de donde sale buena parte del gas y el petróleo que mueven la economía. La automoción es el subsector que más está acusando la ralentización, aunque en el apartado de bienes de equipo se percibe, sin embargo, mayor consistencia.
COSTES ENERGÉTICOS
Otra de las cuestiones fundamentales que se le plantean al tejido empresarial en los próximos meses tiene que ver con la energía. El incremento del precio del petróleo y el gas a consecuencia del todavía inacabado conflicto en Irán y el bloqueo del Estrecho de Ormuz está sacudiendo de nuevo a toda la cadena de producción energética. En este sentido, la factura que paga el sector electrointensivo vasco es el doble que la que abonan sus competidores más cercanos, como es el caso de la industria francesa. La progresiva eliminación, desde este verano, del Impuesto a la Generación de Energía Eléctrica -del 7%- abre una vía a aliviar la carga empresarial en esta materia. Por otra parte, los costes laborales de las empresas vascas siguen creciendo, al punto que se han incrementado un 7% en el último año en un escenario en el que las compañías insisten en que se están reduciendo los márgenes de rentabilidad de sus operaciones. Además, el sector primario está viviendo un verano complicado, con una sequía que está encareciendo sus costes.
EMPLEO Y DIÁLOGO SOCIAL
La buena marcha del mercado de trabajo es uno de los sostenes de la economía vasca, junto con el gasto de los hogares, que de momento no se ha visto excesivamente atacado por la inflación. En todo caso, será preciso ver qué evolución traza el IPC para comprobar si tiene consecuencias sobre el empleo. Los servicios son los que están tirando del crecimiento, mientras que la industria está apostando por mantener el empleo, aunque eso no implica que no se estén desarrollando ajustes. Los ataques de Irán a países del Golfo Pérsico como Emiratos Árabes están perjudicando a la planta que tiene allí Tubacex, que desde julio está aplicando un ERTE de ocho meses en sus dos plantas de Araba con afectación a 430 trabajadores de una plantilla total de unos 600 operarios. Además, se prevé que el debate sobre el absentismo laboral, un aspecto con posiciones enfrentadas entre patronal y sindicatos, vuelva a estar sobre la mesa.
FINANCIACIÓN
Las inversiones de las empresas vascas no se detienen y, en este aspecto, el acceso a financiación bancaria no está representando un problema. Según los datos de Confebask, el crédito nuevo al conjunto de empresas creció hasta mayo un 6%, lo que supone el tercer año consecutivo de subidas, aunque a un ritmo menor que en 2025, cuando se elevó en un porcentaje del 9,3%.
Sin embargo, también es cierto que está creciendo más dentro del sector de las grandes empresas que de las pymes. Además, habrá que ver si el BCE acomete nuevas subidas de tipos de interés en su reunión del 10 de septiembre.
La necesidad de mejorar el ritmo de exportación
Uno de los baremos más fiables a la hora de medir el estado de la economía vasca es del sector exterior. Las exportaciones han caído en lo que va de año debido al estancamiento europeo, las barreras arancelarias de Estados Unidos, la competencia de China, las guerras de Ucrania y Oriente Medio y la subida de precios del petróleo. De esta manera, en los seis primeros meses de año se han exportado bienes y servicios por valor de 13.368 millones de euros, según Eustat, lo que supone un descenso del 17,5% respecto a los 15.714 millones del mismo período de 2025. Recuperar la senda exportadora se antoja complicado si persisten las actuales dificultades. El sector de la automoción está acusando la débil coyuntura de la industria europea. Sin embargo, sectores vinculados a la fabricacióny desarrollo de redes y transformadores eléctricos están aprovechando bien un contexto en el que la electrificación se abre paso por el empuje de las renovables y la demanda de energía más limpia.
Otro de los aspectos que tendrán impacto será el fin de los fondos europeos Next Generation. Este martes es la fecha límite en la que los proyectos podrá optar a ser financiados por los programas de ayudas del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. Concebidos como un impulso a la recuperación de las economías europeas tras la pandemia, en estos cinco años los fondos han pretendido canalizar el respaldo a iniciativas vinculadas a la doble transición energética y digital. Solo el año pasado, según datos del Departamento de Economía, los fondos tuvieron un impacto sobre la economía vasca de casi 4.500 millones de euros, mil millones más que un año antes. La finalización de los fondos Next Generation podría tener un efecto negativo sobre el tejido empresarial, aunque se espera que también vayan cuajando los proyectos que ya se han puesto en estos últimos años. Además, en el devenir de los próximos meses también va a ser importante la evolución de los mercados energéticos, con numerosos expertos que aseguran que Europa está llegando tarde al llenado de los tanques de gas de cara al próximo invierno.
TUBOS REUNIDOS
La vuelta del verano traerá también novedades a la situación de Tubos Reunidos, en una precaria situación financiera que trata de afrontar mediante el concurso voluntario de acreedores en el que se halla inmersa. La administración concursal transmitió a los trabajadores que el pago de las nóminas estaba garantizado hasta el mes de agosto, lo que acrecienta la incertidumbre sobre el futuro inmediato de la firma. Tubos Reunidos perdió 88,2 millones de euros en el primer semestre, el triple que en el mismo periodo de 2025. Su deuda sobrepasa los 260 millones de euros. El próximo 14 de septiembre se cierra el plazo para recibir ofertas por el grupo industrial. En la última reunión entre administración concursal y comités de empresa, el actual gobierno de la empresa transmitió a los representantes de los trabajadores que existen diez potenciales interesados en hacerse con la propiedad del grupo, sin especificar si con toda la unidad productiva o solo con una parte de su actividad.
OPA SOBRE AZKOYEN
Los próximos meses también deberían ofrecer novedades sobre la OPA que el grupo industrial Ohmnia, liderado por Clerbil -la sociedad de inversión de José Antonio Jainaga- junto a otros actores financieros (Carmen Lequerica Holding, el Instituto Vasco de Finanzas, Indar Kartera y las fundación BBK y Vital), ha lanzado sobre el 100% de Azkoyen, la multinacional tecnológica navarra. La oferta, considerada amistosa por la propia empresa navarra, está valorada en 244 millones de euros, con un retorno de 10 euros por acción. De prosperar, supondría la creación de un grupo con 2.000 empleados y 400 millones de facturación.