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Gift conoció la asociación con 13 o 14 años; no lo recuerda con exactitud. En todo caso, fue antes de la pandemia del covid, precisa. Supo de la existencia de los encuentros musicales de carácter multicultural de Kalimba, protagonizados por niños y adolescentes de orígenes diversos, a través de los educadores sociales del centro cívico Arriaga de Vitoria-Gasteiz. Junto a su madre, conoció a Inma Zudaire, responsable del proyecto cultural que nació en 2003 y que desde 2015 utiliza la música como herramienta de unión con la que generar “vínculos afectivos y de amistad” entre personas diferentes.
Desde entonces, Gift (su nombre significa regalo en inglés) es una de las cerca de 30 integrantes de la batucada Kalimba, formada por niñas y niños de 4 años hasta jóvenes de 18. Este grupo variopinto e intergeneracional de percusionistas se reúne todos los viernes, de cinco a seis de la tarde, en un local de la calle Hegoalde de la vecina localidad de Apodaka. Allí ensayan con los tambores afrobrasileños y cantan canciones como la popular Aldapeko (versionada por Oskorri), La bamba e incluso temas arraigados en el imaginario colectivo africano.
Pero lo que más le gusta a Gift (y también a otras compañeras suyas como Elisa y Gladis, de 17 y 16 años respectivamente) es salir a tocar a las calles de Vitoria-Gasteiz y comprobar de primera mano que “la música es un lenguaje universal que puede unir a las personas”. Pese a su corta edad, la joven, que ahora tiene 18 años, maneja un elaborado discurso social. Subraya que con estos encuentros se fomenta la diversidad cultural y tiene claro que la música puede ser una herramienta integradora que sirve para combatir el racismo y romper barreras culturales.
La asociación cultural de Vitoria-Gasteiz
También se lo pasa bien y se viene arriba en las batucadas. “La gente, cuando nos ve, baila, se ríe y disfruta y eso hace que nos motivemos y queramos tocar más”, afirma Gift. Y, por extensión, todo el grupo de Kalimba comparte un deseo: poder salir a otras ciudades vascas como Bilbao y Donostia para inundar sus rincones del característico sonido rítmico (tumpa tumpa tumpa tumpa tum-pá tutupa-pa tutu-pá) de las batucadas. Inma Zudaire y Alfonso Zovar, fundadores de la asociación hace más de 20 años, confían en que algún día esas excursiones puedan hacerse realidad. Pero para llevarlo a cabo, recuerdan, se necesitan recursos económicos.
Combo de merienda y música
En la segunda etapa de Kalimba, Inma y Alfonso decidieron centrarse en el ámbito local para empezar a impulsar el cambio social desde su propia realidad. “Vivimos en barrios donde quienes los habitamos tenemos procedencias, códigos culturales, emocionales, hábitos y modos de concebir la vida diferentes, y esto hace que, en muchos casos, no nos relacionemos porque ni siquiera llegamos a vernos”, explican. Fueron poniendo la semilla de lo que es hoy Kalimba con el proyecto Meriendas musicales, subvencionado por el Servicio de Convivencia y Diversidad del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz.
En busca del corazón de la música
Una kalimba es un instrumento musical de madera, originario de la África subsahariana, que pertenece a la familia de los lamelófonos e instrumentos de percusión. Su elección para dar nombre a la asociación no es casual. Inma Zudaire destaca el simbolismo de los instrumentos de percusión, que están presentes en todas las culturas, como es el caso de la txalaparta vasca, y que además no suelen exigir grandes conocimientos de música. Es universal.
“Le puedes poner casi a cualquiera a hacer percusión. Es un instrumento sencillo”. Por su parte, Alfonso dice que la kalimba “tiene un sonido dulce y a la vez muy rítmico. El ritmo es el corazón de la música, y luego vienen la melodía y la armonía. Por eso elegimos la kalimba”.
Alfonso asegura que una buena manera de compartir tiempo con personas de otras culturas con las que apenas nos relacionamos en el día a día (“como las corrientes oceánicas que ni se juntan ni se mezclan”) es a través de las actividades cotidianas. “Y no hay nada más cotidiano que merendar en casa”, apunta. Aprovechaban estas reuniones “para cantar juntos y crear así un vínculo emocional con familias del barrio que vienen de entornos distintos”.
El objetivo de estas tardes de picoteo y música era normalizar la “mezcla, respetando siempre los códigos culturales” de cada uno de los participantes. “Pensamos que podíamos mezclarnos y normalizar los encuentros con gente del barrio que vemos a diario y tiene otras costumbres”, añade Alfonso. Ya en 2022, desde Kalimba se pusieron en marcha los encuentros musicales. Desde entonces, las batucadas han ido ganando protagonismo sin cerrar la puerta a otros estilos y disciplinas culturales.
De Córdoba (Argentina) a Vitoria-Gasteiz
Kalimba es una de esas pequeñas asociaciones que, con humildad, esfuerzo y pocos medios, pretenden influir positivamente en los lugares donde actúan. En sus primeros tiempos, un grupo de familiares y amigos de la capital gasteiztarra se implicó en el proyecto Apoyo escolar-copa de leche de Córdoba (Argentina), “enviando dinero y personas de apoyo”.Desde hace una década, no obstante, la actividad de Kalimba aporta un plus a nivel local, tejiendo redes con otras entidades como la asociación Ucrania-Euskadi o el proyecto educativo Arriagako Haritza. “Creemos firmemente en que las personas necesitamos compartir procesos, mantenidos en el tiempo, para poder aportar nuestro pequeño grano de arena orientado al bien común”, afirman.