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De las ondas de la radio al plató. El periodista donostiarra Aimar Bretos se lanza a una nueva aventura televisiva con La noche de Aimar. Nadando a contracorriente con un formato que apuesta por la calma y la conversación real, nos habla de sus orígenes, de esa identidad vasca que siempre le acompaña, de la relación que mantiene con uno de sus grandes referentes, y de las lágrimas de emoción que soltó con la Real.
De pequeño correteaba por el barrio de Gros. Sigue teniendo muy presente a Donostia en su día a día.
-Hombre, es que toda mi familia y todas mis raíces están en Donostia. Vamos..., mi aita, mis hermanos y ahora que están naciendo mis sobrinos, también. Siempre que puedo allí voy hacia Gros, entre Gros y Amara. Ahora los Bretos estamos ahí entre Gros y Amara, a caballo.
Comentó que la imagen de “lo vasco y lo navarro” en la política estatal es la de “gente seria” y de palabra. ¿Le ha abierto puertas esa identidad?
-A mí no me gusta colectivizarnos en ningún sentido y las identidades que al final te perimetran mucho tampoco me gustan. No digo para nada que la vasca y la navarra sea así, porque todo lo contrario. La forma de ser vasca es abierta al mundo. Pero sí, obviamente, a mí me encanta cuando me encuentro con algún vasco por Madrid, sobre todo, con algún donostiarra y empezamos ahí a compartir todo... Porque sí, porque tenemos muchas cosas en común de cómo somos y de cómo vemos el mundo.
Algo que también le identifica es ese plató diseñado al detalle para su programa en laSexta, La noche de Aimar.
-Para mí era muy importante que el plató estuviera diseñado y concebido para darle un peso específico a la conversación, para que todo arropara a la entrevista que va a suceder en él, ¿no? Es, al final, un programa en el que la imagen y la estética que acompañan a la conversación juegan un papel fundamental. Y ese ciclorama enorme del que está compuesto el plató genera o, digamos que, ayuda a crear esa sensación única para que el entrevistado se abra.
Esta apuesta para el prime time con un tono reposado y en una televisión que premia el ruido parece arriesgada. ¿No le da vértigo?
-Sí, claro que sí. Nosotros somos conscientes de que lo que ahora marca la tendencia en el panorama audiovisual es un tipo de entrevista muy rápida, con un efecto sorpresa permanente en el que pasan muchas cosas. Nosotros vamos a apostar por todo lo contrario. Y para mí es un privilegio que una tele comercial como laSexta se vuelque en una locura como esta, que es apostar por entrevistas largas sin elementos externos más allá de la palabra, con tiempo, contexto, conversación real y una vocación de calma que la explicitamos desde el principio. O sea, aquí venimos a hablar calmado.
Esa vocación que me comenta recuerda a Inaki Gabilondo. Usted es el segundo donostiarra en dirigir Hora 25. ¿Se hereda este sentimiento de generación en generación?
-Mira, Iñaki es un hombre tan generoso y, además, sin ninguna necesidad de serlo... Quiero decir, él ya es Dios en la comunicación y no tendría por qué perder el tiempo, entre comillas, con unos jóvenes de hoy; pero él disfruta con eso. Y tengo una relación con él súperbonita: nos vamos escribiendo, me va dando consejos de vez en cuando... Pero es que todo está basado en su generosidad, y eso es lo que lo hace precioso, que no busca nada a cambio.
A él le llamaban “aita” cariñosamente en la redacción. ¿Eso le anima a usted a ayudar a los periodistas más jóvenes o a los estudiantes?
-Sí, yo intento transmitir las cosas que he ido aprendiendo. Tampoco tengo 80 años, ¿sabes? (risas). Pero es verdad que ya llevo 20 años en esta profesión. Por eso, intento transmitírselo a los nuevos periodistas, a los que están entrando en la redacción con toda la ilusión, la emoción y la motivación del mundo. Además, nosotros también tenemos muchísimo que aprender de ellos. Están cambiando muchísimo las dinámicas, los tipos de narrativas, el consumo de la información... Y, al final, no hay nadie que te vaya a explicar mejor cómo llegar a las nuevas generaciones que las propias nuevas generaciones. Entonces, creo que es un intercambio virtuoso. Tengo mucho que aprender de ellos.
Siempre se ha escuchado que en Periodismo no hay salida, y ahora con el auge de la IA, ¿cree que a algunos les desanimará a la hora de elegir esta profesión?
-Honestamente, para nada. Creo que la inteligencia artificial va a ser un aliado para hacer mucho trabajo sucio que también requiere el Periodismo. Por ejemplo, analizar muchísimos datos para encontrar patrones e irregularidades. Para eso, la inteligencia artificial lo va a hacer genial si tiene detrás un humano que guía esa búsqueda y que saca conclusiones con nuestros criterios humanos, y periodísticos en nuestro caso. Va a ser un aliado fantástico, siempre y cuando no depositemos en la inteligencia artificial el control editorial. La IA tiene que estar al servicio de las decisiones editoriales que toma el periodista.
En un periodo de tanta manipulación informativa, sobre todo en redes sociales, ¿es cada vez más difícil poder descansar de la actualidad?
-Creo que cada vez vamos a poder descansar menos la prudencia de poner bajo sospecha todo el rato si lo que nos está llegando por distintos canales es real. Llegados a este punto, en el que hay herramientas muy sofisticadas para hacer pasar por verdad lo que no es verdad, los humanos en sociedad -y sobre todo aquellos que estamos comprometidos con intentar hacer de esta una sociedad mejor-, vamos a tener que estar muchísimo más pendientes de que nadie nos la cuele y de que nadie se haga pasar por un medio de comunicación. Porque si este tiene unas bases y un compromiso periodístico, se va a regir por unos criterios que van a hacer que el contenido que te llegue sea de calidad. El problema que tenemos es que en el ecosistema de los medios de comunicación se han empezado a colar unos actores que no son medios de comunicación. Se disfrazan de ellos, pero tienen otras agendas y otros intereses que no son periodísticos. Ahí, nosotros -como medios, como periodistas-, vamos a tener que hacer un trabajo activo para diferenciarnos y para que el oyente -el espectador, el lector- nos reconozca como tales.
Eso es lo que buscan en La noche de Aimar, ¿cree que cada episodio sorprenderá al público?
-Les va a sorprender muchísimo para bien. Creo que todos estamos necesitados de escuchar a gente interesante, conocida o no conocida, contándonos de forma pausada lo que sabe, lo que piensa, cómo ve la vida, cuáles son sus miedos, sus inquietudes, sus contradicciones... Creo que no hay nada más interesante que eso. Cualquier persona que llegue a esas entrevistas -a esas conversaciones- se va a quedar, porque son deliciosas. Yo las estoy viviendo y no quiero que terminen. Al igual que le ocurre al equipo, y me parece muy identificativo que al acabar digan: “Joder, podríamos haber seguido más porque estaba siendo fantástica”.
Hablando de equipos, y de colchonera a txuri-urdin, ¿qué tal la final de la Copa? Zorionak, por cierto.
-¿En serio? Eskerrik asko. Pues un subidón increíble. Lo viví con muchísimo orgullo txuri-urdin. Pero también, no te lo voy a negar, con muchísimo orgullo de hermano. Él es el director de fútbol de la Real Sociedad y yo sé el trabajo que le dedica. Lloré de emoción por él.