Gipuzkoa

Iñaki Oreja: primero el color, después el mundo

El artista zumaiarra ha abierto recientemente el atelier Orai en San Pedro kalea, un espacio donde desarrolla una pintura abstracta intuitiva que ya suma más de 250 obras
Iñaki Oreja posa para la entrevista en el interior de su atelier Orai.
Iñaki Oreja posa para la entrevista en el interior de su atelier Orai. / Pedro Amundarain

Actualizado hace 5 minutos

En el atelier Orai, en San Pedro kalea de Zumaia, no abundan los pinceles. Descansan tablillas de madera, placas de metacrilato y lienzos cubiertos de colores. Allí, Iñaki Oreja los observa desde cierta distancia. Primero trabaja en horizontal, después coloca la obra en el caballete y se aleja unos pasos. En ese momento comienza la conversación con el arte final.

Durante décadas, lejos de galerías y exposiciones

A veces una figura, otras veces un paisaje. “Yo vivo para el color”, destaca Oreja a este periódico. Nació en 1957 y durante décadas su vida estuvo lejos de galerías y exposiciones. Trabajó en una fundición de alto riesgo y llegó a ocupar el cargo de director de sistemas de gestión, responsable de calidad, prevención y medio ambiente. Sin embargo, mucho antes de aquella trayectoria profesional ya existía una inquietud que guardaba silenciosamente.

Cuando era joven pintaba con ceras. Ya entonces experimentaba mezclando colores hasta conseguir el tono exacto que buscaba. Aquella afición “quedó dormida” durante años, relegada por el trabajo y las obligaciones. Pero no desapareció, lo esperó.

"Quería entender el color"

El punto de inflexión llegó en 2019, tras el cierre de la empresa en la que había desarrollado buena parte de su carrera. Se apuntó a un curso impartido por Ander Ormazuri. Los primeros meses estaban dedicados al dibujo, pero el objetivo de Oreja era otro. “No me interesaba aprender a dibujar una casa o un árbol, quería entender el color”.

Empezó trabajando con óleo y poco después llegó la pandemia. Durante el confinamiento se pasó al acrílico y encontró el material que terminaría definiendo su obra. Desde entonces ha desarrollado una pintura abstracta intuitiva donde el color, la textura y el movimiento ocupan el centro de todo.

La espátula

Su herramienta principal, la espátula. Pero las convencionales se le quedaron pequeñas. Por eso usa maderas, regletas, piezas de metacrilato y cualquier superficie capaz de arrastrar la pintura sobre el lienzo.

Antes de comenzar una obra no piensa en imágenes. No imagina personajes ni paisajes. Piensa en colores. Tiene claro qué tonos quiere utilizar y cómo pueden entenderse entre sí. Después llega el gesto. La pintura sale directamente del envase, sin diluir y la materia se desplaza sobre la superficie y las formas aparecen por sí solas. “No sé exactamente qué va a salir. Sólo sé los colores con los que quiero trabajar”.

Más de 250 obras

En estos años ha producido más de 250 obras. Algunas nacen en pocos días. Otras, tardan semanas. El proceso no termina cuando deja de aplicar pintura. Lo último llega cuando coloca el cuadro y lo contempla. Es entonces cuando busca significados.

Algunas de las obras del pintor zumaiarra Iñaki Oreja.

Algunas de las obras del pintor zumaiarra Iñaki Oreja. Pedro Amundarain

Unas manchas pueden convertirse en dos mujeres. Una combinación de formas puede recordar una ciudad vista desde la distancia. Un recuerdo de viaje puede emerger donde antes sólo había color. Oreja habla de intuición. “No pinto lo que veo. Veo después de pintar”.

Ninguna interpretación es incorrecta

Mirar un cuadro abstracto es como observar las nubes. Cada persona descubre algo distinto, por lo que, ninguna interpretación es necesariamente incorrecta. Hay incluso una regla que repite con frecuencia. Gira las obras en distintas posiciones y “si la composición mantiene su fuerza desde varios ángulos, el resultado funciona y la obra es buena”.

Su producción ha comenzado a salir también fuera de Zumaia. Ha participado en exposiciones en distintos puntos del Estado y también tiene programadas algunas internacionales.

Taller y galería abierta al público

Mientras tanto, Orai se ha convertido en su centro de operaciones, en la sala de máquinas. El local funciona como taller y pequeña galería abierta al público. “La puerta suele estar abierta y los visitantes pueden entrar, observar y conversar”.

En las paredes del atelier situado en el corazón de Zumaia se acumulan cientos de horas de trabajo y más de dos centenares de obras. Algunas sugieren paisajes, otras figuras humanas o de animales, otras que parecen querer no representar nada, observándolas mejor, siempre representarán algo. Y es que, el ser humano tiende a dar forma a cualquier cosa, por intuición.

El zumaiarra, después de toda una vida dedicada a otra profesión, ha encontrado al fin su territorio donde no busca reproducir el mundo, sino dialogar con él. Además, el comienzo del diálogo lo tiene siempre muy claro, ya que es el mismo: un color.

2026-06-05T11:51:52+02:00
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