Gipuzkoa

"He sido muy feliz en Hondarribia, ¡siempre digo que es mi casa de primavera!"

Carles Pons, guitarrista internacional, atiende a NOTICIAS DE GIPUZKOA durante la celebración del Festival Internacional de Guitarra Clásica Hondarribia - Peñíscola
Carles Pons en la Calle San Pedro de Hondarribia
Carles Pons en la Calle San Pedro de Hondarribia / Unai Macias

Hablar de Carles Pons es hablar de uno de los grandes músicos a nivel internacional. Nacido en Lleida, durante varios años fue profesor del Conservatorio de Irun hasta una salida en contra de su decisión. A pesar de ello, guarda tanto cariño de su etapa en Bidasoaldea que cada año organiza en Hondarribia el Festival Internacional de Guitarra Hondarribia - Peñíscola, en el que grandes concertistas de talla mundial muestran su talento. Un privilegio del que Carles Pons es el principal valedor, y que atiende a NOTICIAS DE GIPUZKOA durante el festival.

Lleva 24 años organizando el festival y no se puede negar que todos con un éxito abrumador.

Yo creo que así es. Y es algo que además provoca una gran dificultad, porque cuando alcanzas un éxito la dificultad la tienes el año siguiente, porque tienes que mantenerte o hacer algo nuevo. Cada año intento que haya alguna cosa nueva, algo diferente que a la gente le sorprenda.

En la que se puede decir que es su segunda casa.

¡Yo digo que es mi casa de primavera!

La verdad es que se organiza en un muy buen entorno, en un espacio muy cómodo para que vengan muchos asistentes.

Sí, pero es que aquí la guitarra no es el instrumento número uno, dos, ni tres, y te hablo de que llegué a Irun en el 96. A diferencia de en otros sitios, no solamente en España sino también en otras partes de Europa en las que la guitarra clásica está justo debajo del piano, en Euskadi hay instrumentos autóctonos que tienen mucha fuerza, como el acordeón. Yo vivo en Palencia, y en Palencia no se enseña acordeón. Aquí en cambio no encuentras un solo sitio en el que no se enseñe acordeón. La guitarra clásica siempre ha tenido una mirada un poco difusa o difuminada respecto a lo que es realmente.

¿Que sea su casa de primavera es el principal motivo por el que sigue organizando este festival aquí?

Es que yo fui muy feliz aquí, incluso me casé aquí. He vivido en muchísimos sitios, tanto en España como fuera, y el sitio donde mejor se me ha acogido, donde mejor se me acoge, y donde mejor me tratan es en Hondarribia.

Suele intentar incluso tocar en el festival además de ser el organizador.

Toco de vez en cuando. Hay dos motivos por los que tocar cuando se organiza el festival no es la mejor opción: el primero es no dar la sensación de “Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como”. Este festival está hecho para traer a gente de otros sitios. Y el segundo motivo es que organizar y tocar es muy complicado. Estás con el ordenador, con el teléfono, con la guitarra, moviéndote de un lado para otro y se produce una especie de esquizofrenia mental, de de no saber ya por dónde por dónde vas.

No le voy a preguntar quién es el mejor que ha traído porque con cierta diferencia de estilos el elenco es amplio, pero sí me gustaría que me dijera algún guitarrista al que se haya quedado cerca de convencer y que no ha podido, al menos de momento.

Hay muchos, y siempre es por tema de presupuesto. Hay grandes nombres y grandes figuras, pero el presupuesto que te piden es todo el presupuesto del festival. Y también quiero explicar una cosa: Si viene uno que cobra cinco y no puede venir el que cobra diez, el que cobra diez no toca el doble de bien. Cobra mucho más de la diferencia de calidad que pueda haber, si es que la hay. Hay muchísimo guitarrista en el mundo, y yo lo que intento es buscar no al más famoso, que es el que cobra más, sino al que pueda aportar más cosas al festival. Hay que entender que nos encontramos un tipo de instrumento y de música, la música clásica, que no reúne a mil personas. Si tú traes a alguien que cuesta un montón y te llena dos veces la Itsas Etxea pues sí puede estar bien. Pero si yo traigo al mejor guitarrista, al más famoso, aquí lo pueden conocer dos personas, tres o cuatro. Nadie más. Y si hablamos de algunos cantantes pop los conoce el 100%. No es necesario traer a alguien por un precio, muy entre comillas, alto para que luego tampoco el público sepa a quién estás trayendo, teniendo que que explicar constantemente que traes al mejor del mundo. La aceptación de la gente va a ser la misma, y la diferencia de calidad no es tan grande ni diferencial. No merece la pena.

Es que aumentar ese coste supongo que pasaría por cobrar entrada, pero es evidente que el objetivo del festival no es ese. No se hace para ganar dinero. Se hace con un propósito cultural.

Claro. Y en esto quiero agradecer su colaboración al Ayuntamiento de Hondarribia, que financia el festival desde siempre. He visto ya a muchos alcaldes que van pasando y siempre han apoyado el festival. En la crisis del 2008, en la crisis del 2009, en la pandemia… siempre han estado detrás, con diferentes aportaciones en función de las posibilidades. Entonces el festival se adapta a lo que hay.

Le escuché decir en la presentación de esta edición del festival que a muchos los convence con gastronomía y con turismo, pero eso no quita que la gente quiera cobrar por su trabajo.

Claro. Es que al principio el festival era patrocinado por Ramón Roteta, el famoso cocinero, y el festival llevaba su nombre. Entonces intentábamos juntar el arte de la gastronomía, que no hace falta explicar lo que es aquí, con la música y con la guitarra. Entonces, hacíamos los conciertos en los salones que tenía Ramón Roteta en su restaurante, por aquel entonces además no existía nada más. Se organizaban masterclass y cursos en ese momento, los profesores que daban conciertos se quedaban cuatro o cinco días para hacer los cursos, y Ramón Roteta les ofrecía un una clase de cocina. Hacíamos un concurso de cata de vinos y con los arrantzales salíamos con su barco todos, alumnos y profesores, a la mar con con sardinas y txakoli. Y comíamos ahí. Era un festival muy grande, pero también era la época en la que había mucho dinero. Antes te he mencionado la crisis, el dinero sobraba por todos lados. Se podía hacer todo aquello. Pero el festival es de plastilina, se adapta a lo que hay, no intenta ser lo que no puede ser. Y cuando Ramón Roteta se jubiló yo decidí centrarlo únicamente en conciertos.

Creo que le pregunto una obviedad, ¿pero mantiene la misma pasión que tenía cuando empezó su carrera?

Sin duda alguna, e incluso más, porque yo me considero concertista. La organización es parte de una cosa que me gusta, y la vida me llevó a organizar festivales porque el amor a la guitarra hace que quiera que la gente conozca mi instrumento. Es una forma de de echarle un poco de anfetamina a mi cuerpo. Pero a lo que yo me dedico 365 días al año durante 24 horas al día es a ser concertista, moviéndome por todo el mundo y tocando. Y esto, por cierto, da una ventaja para organizar este festival. Cuando te mueves por todo el mundo y conoces a tanta gente, y haces amistad con ellos, a algunos les puedo llamar, le digo que venga preguntándole a ver cuanto puede cobrar, y se anima. Y además se puede dar a conocer por aquí. Pero si llama el ayuntamiento de Hondarribia a su representante o a él mismo te da otro precio, igual el doble. Y además, tocar por todo el mundo te permite conocer a gente que sabes que toca bien porque tú los has escuchado, no porque hayas oído un disco. Y una cosa muy importante para mí, que me permite saber que la gente que viene es agradable y que tenga buen trato.

Comprendo, gente que venga porque le apetece venir.

Sí, que no sea alguien que pide cosas extravagantes, o que te diga que no le gusta el hotel y que se va a otro. Eso un ayuntamiento o una entidad institucional no lo sabe. Pero yo al moverme por el mundo conozco a gente que sé que son muy buenos instrumentistas, pero que como persona dejan mucho que desear.

¿Cuál considera que es el punto álgido de su carrera?

¡Aún no ha llegado! Me viene a la cabeza Pau Casals, el chelista más importante de la historia, que tocaba las suites de Bach con el violonchelo, una obra emblemática, y seguía haciéndolo con 80 años en los conciertos. Un día le dijeron “maestro, usted cuando toca las suites de Bach ya no las estudia, porque las ha tocado miles de veces". Él respondió que cada vez que las tocaba las estudiaba, porque la tocaba diferente en cada una de esas ocasiones porque encontraba algo más, algún detalle. Y a mí me pasa lo mismo lo mismo, cuando toco una cosa que ya he tocado siempre hay algo que cambiar, algo diferente, un detalle que el público no lo sabe, no se nota. Por eso te digo, que el punto álgido de mi carrera a nivel profesional no te lo sabría decir...

Porque está por llegar.

Bueno, yo tengo 60 años y tampoco me quedan muchos, pero ¿por qué no puede estar por llegar? Yo he tenido en mi vida personal algunos altibajos y tal, y siempre remonto como el Ave Fénix. Eso me lo ha enseñado la vida sobre todo en dos momentos.

Fue profesor del Conservatorio de Irun. Entiendo que es consciente del legado que dejó en varios músicos de Bidasoaldea.

Sí, porque es cierto que me desconecté mucho de del centro como institución, pero no de sus alumnos. Cuando tú tienes alumnos de música y de todo, cuanto más grande es la base, más fácil es que lleguen a tener mucho éxito uno o dos, porque no llegan más de uno o dos a alcanzar cierta profesionalidad. La base en Irun siempre ha sido pequeña, pero hice un grupito de chavales que conseguí, con mucho esfuerzo, que se dedicaran una temporadilla a esto. Algunos se dedican todavía a dar clases en escuelas de música, y eso me satisface mucho porque es muy difícil. Hay mucha presión familiar, porque te dicen que cómo te vas a dedicar a la música y a la guitarra, que está muy bien estudiar música pero si también estudias medicina.

Lo que sí me consta es que también salió de aquí no por su propia voluntad pero sí con la cabeza muy alta, intentando quedarse hasta el final.

Yo me quedé y no dije nada. Pasó lo que pasó, lo llevé a donde hay que llevarlo, me quedé sin trabajo y callé la boca. Muchos medios de comunicación me preguntaban por la situación, y les decía que hasta que no saliera la resolución jurídica no iba a abrir la boca. Salió, tuve la indemnización, abrí la boca y nos fuimos. Después de esto me dediqué ya plenamente a los conciertos, y me ha ido muy bien. Era más pobre, por decirlo de alguna forma, pero mucho más feliz.

Te puede interesar:

Bertan
La guitarra clásica toma Hondarribia hasta el domingo

Una historia en Bahrein que no acabó de la mejor manera

No sé si me puede explicar su etapa en Bahrein. Fue unos meses y acabó volviendo a Irun.

¡Claro! Me gusta contarlo. Me llamó un coronel que era el director de la banda de música y de la orquesta de música de Bahréin, y tenía un centro que acababa de inaugurar, el Bahrain Music Institute. Yo estaba dando clase en Irun y me llamaron por teléfono, cogí y preguntaron por mí, diciendo que era el coronel Mubarak Najem, del Bahrain Music Institute de Bahréin. Me quedé un poco sorprendido, claro. Me contó que del Instituto Cervantes de Bremen le habían pasado mi contacto, que iba a abrir este centro, y que si quería ser el profesor de guitarra. Lo hablamos a principios de diciembre y me dijo que era para que empezara a trabajar a primeros de enero. Le pedí un poquito de tiempo porque era para siempre. Acepté tras hablar con mi mujer, y pensando también mi perrita y mi gatito, me habló de las condiciones y dije que sí. Lo que ocurrió es que en realidad las condiciones eran muy lejanas a lo que se nos prometió. Era muy agobiante. Nos hacía trabajar no tanto dando clases, sino estando en el centro, nos tenía prohibidas muchas cosas, nos quitó el pasaporte y no podía salir del país. Tuve que acabar llamando a la embajada, y al final tuve que pagar un dinero y me dio el pasaporte, pero no quería dejarnos ir. Estuvimos unos cuatro meses más o menos.

Le prometo que pensaba que la historia no tenía un final duro.

Sí, pero pero pero fue una experiencia bonita. Aparte de toda la historia, que en ese momento era de película, pero si no pasas películas en tu vida...

Lo bueno es que pudo retornar a donde era feliz.

Sí, porque además me guardé las espaldas. Hablé con el director del conservatorio de Irun y pusieron de profesor a un chico que fue alumno mío. Le pedí que me diera un margen, más o menos hasta abril, y a ver si hasta entonces me guardaba el sitio. No hubo ningún problema, menos aún con el que ocupó mi sitio, porque éramos muy amigos y no había ningún problema. Cuando decidimos volver sabíamos que había un sitio a donde hacerlo. Llevamos de equipaje no sé cuántas, cajas, lo llevamos todo porque era para quedarse allí. Incluido, repito, perrita y gatito. Sin ellos no volvía.

Para acabar le quiero preguntar por el futuro del festival. En la presentación le escuché decir, por supuesto como una hipérbole, que gozaba de de mejor salud que usted. Más allá de la broma, y estando el festival en este buen estado, estará ya dándole vueltas al 25 aniversario.

Estoy dándole vueltas al 25 aniversario. Una vuelta, porque ya tengo una una idea, pero como todas las ideas, al final dependen del presupuesto. Y de muchas cosas. Hay que hablarlo con el ayuntamiento, pero sí, me gustaría hacer algo especial. Pero al final todo se basa en el presupuesto, porque hacer algo diferente con el mismo presupuesto sería hacer algo diferente como hago todos los años, que es dentro de un planteamiento similar. Pero algo que realmente destaque hay que pensarlo, queda un año.

2026-05-03T14:03:06+02:00
En directo
Onda Vasca En Directo