El bombardeo de Gernika, ocurrido el 26 de abril de 1937, representó un "macabro experimento" militar donde las tropas nazis e italianas ensayaron tácticas de terror contra la población civil. Durante más de tres horas, decenas de aviones arrojaron hasta 40 toneladas de bombas explosivas e incendiarias, destruyendo el 85% de los edificios de la villa foral. Este ataque, que combinó bombardeos sistemáticos con ametrallamientos desde cazas para impedir la huida de los supervivientes, dejó un balance oficial de 1.654 fallecidos y marcó un hito de brutalidad en la historia vasca.
Luis de Guezala, doctor en Historia y responsable de la Fundación Sabino Arana, ha analizado estas técnicas de guerra aérea para profundizar en cómo el mando alemán utilizó la ciudad como laboratorio para el bombardeo de alfombra. Por otra parte, se ha recordado la dimensión de esta estrategia diseñada para acabar con la población civil, contrastando los hechos con la postura de los franquistas, quienes negaron su responsabilidad en el crimen pese a existir grabaciones de la época que corroboran dicha autoría. Por último, el historiador ha resaltado la importancia de documentar este ensayo de terror para preservar la memoria frente al negacionismo.