Gipuzkoa

“Fuimos a ver cocodrilos y acabamos criando abejas”

La debarra Nagore Dorronsoro y el elgoibartarra Julián Villena producen miel bajo la marca Zortziko, dando forma a un proyecto que empezó a tomar forma a raíz de un viaje a Australia hace más de 20 años
Nagore Dorronsoro con dos de los tipos de miel que comercializan bajo la marca Zortziko.
Nagore Dorronsoro con dos de los tipos de miel que comercializan bajo la marca Zortziko. / Aitor Zabala

Actualizado hace 2 minutos

La pareja que forman la debarra Nagore Dorronsoro y el elgoibartarra Julián Villena lleva más de dos décadas dedicada a la producción de miel bajo la marca Zortziko.

La casualidad, en forma de un viaje a Australia, unida a un entusiasmo abrumador y a unas inmensas ganas de aprender, son las bases sobre las que se asienta el proyecto que desarrollan.

Recientemente, toda esa labor ha encontrado reconocimiento en el Erlezain Eguna de Zegama, donde se hicieron acreedores al premio del público, lo que les ha servido de acicate para seguir trabajando en la producción de miel.

Un viaje al otro extremo del mundo

Para encontrar el origen de Zortziko hay que viajar hasta Australia, donde se inició el idilio de Nagore y Julián con las abejas.

Corría el año 2001 y los dos jóvenes decidieron tomarse un año sabático para recorrer el mundo.

“Estando en Australia nos surgió la posibilidad de viajar a un lugar remoto para ver cocodrilos. No los llegamos a ver, pero encontramos un granjero muy amable que nos quiso mostrar algo que sabía que nos iba a interesar”, recuerda Nagore.

Lo que vieron fue una gigantesca colmena de abejas silvestres en un árbol.

“Era espectacular. Nos impresionó, más aún cuando nos contó algunos detalles sobre la forma de vida de las abejas. Ninguno de los dos tenía experiencia previa con las abejas, pero aquella imagen se nos quedó grabada”.

Un largo proceso de aprendizaje

Una vez en casa, aquel recuerdo latente cobró vida a raíz de oír una entrevista sobre apicultura en la radio.

Esta circunstancia, unida a que tenían familiares que ya se dedicaban a la producción de miel, les llevó a inscribirse en un curso para apicultores en Sopuerta, animados por labrarse un camino en ese campo.

Un modesto inicio en Lastur

Empezaron con dos colmenas en los terrenos que les dejó una amiga en su caserío de Lastur.

A medida que crecía su conocimiento sobre la cría de las abejas y la producción de miel, con nuevos cursos y experiencias sobre el terreno, el número de colmenas fue en aumento.

“Ahora contamos con decenas de colmenas repartidas en terrenos que alquilamos en Deba, Mendaro y Elgoibar. Son espacios con buena ubicación y fácil acceso, claves a la hora de mover las colmenas”.

Pendientes de la climatología

En invierno, las abejas permanecen en reposo y su actividad se reduce a labores internas en la propia colmena.

Sin embargo, con la cercanía de la primavera y del buen tiempo, el ritmo de la colmena cambia, como está sucediendo en estas últimas semanas.

“No siguen un calendario fijo, sino que responden a las condiciones meteorológicas. Una primavera lluviosa, por ejemplo, puede hacer que busquen refugio en la colmena. Al salir menos, recolectan menos néctar y, consecuentemente, la producción de miel se resiente”.

Miel multifloral y monofloral

En Debabarrena, el tipo de miel que predomina es la multifloral, fruto de la diversidad de flores en las que las abejas recolectan el néctar.

También es posible obtener mieles monoflorales, nombre con el que se conocen aquellas en las que el néctar se recoge prácticamente en su totalidad de un único tipo de planta. Sin embargo, obtenerla no es sencillo.

“Para conseguir una miel monofloral, es necesario aprovechar una floración intensa de una especie en concreto y retirar las colmenas en el momento adecuado. El clima variable del País Vasco hace que esto no siempre sea posible. La abeja tiende a ir a plantas en su momento álgido de floración, y la coincidencia de floraciones distintas hace que la abeja pase de una especie de planta a otra en su recorrido, lo que complica conseguir una miel monofloral”.

Varroa y avispa asiática

Por desgracia, las abejas son noticia en los últimos años por la reducción de su número. La varroa, un ácaro parasitario que provoca altas tasas de mortalidad en las colmenas que infecta, es una amenaza que viene de años atrás.

A ella se le ha sumado la avispa asiática, una plaga contra la que les toca lidiar cada año a Nagore y Julián. “Hemos llegado a perder decenas de colmenas en una sola temporada por culpa de la avispa asiática. Es un problema que a día de hoy no tiene solución”.

La trashumancia como alternativa

Una de las soluciones que han adoptado ha sido apostar por la trashumancia, trasladando las colmenas a zonas menos expuestas a esa amenaza en las épocas en las que la acción de la avispa asiática es más intensa en Debabarrena.

“La avispa asiática coloniza zonas húmedas cercanas a ríos, como el Deba. Para prevenir los daños, las trasladamos a zonas altas del interior, como Burgos, Treviño y La Rioja, llegado el mes de julio”.

Numerosos viajes y cientos de kilómetros

Los viajes los realizan al caer la noche, aprovechando que las abejas están en el interior de la colmena.

Cada viaje les permite llevar parte de las decenas de colmenas que gestionan lo que, al final, da como resultado cientos de kilómetros en la carretera hasta conseguir trasladar todas.

Por si no fuera suficiente, a esos desplazamiento se suman los que tienen que hacer cada cierto tiempo para comprobar el estado de las colmenas en su nuevo emplazamiento y evitar pérdidas por roturas o enfermedades.

“También se vigila que no llenen la colmena con un exceso de panales. La falta de espacio podría provocar que la abandonaran en busca de un lugar con más espacio y al volver nos podríamos encontrar con que la colmena está vacía o con unas pocas abejas”.

Vuelta a casa

Sin embargo, el periplo viajero de las abejas no queda aquí.

Con el final del verano y la llegada de otoño, toca hacer el viaje de vuelta.

“A finales de octubre y primeros de noviembre volveremos a cargar las colmenas para traerlas de nuevo a Debabarrena, en busca de un invierno más templado que el que les tocaría vivir en esas zonas que dejamos atrás”.

Sabores diferentes

Pero además de proteger a sus abejas de la avispa asiática, la trashumancia les permite ampliar también la oferta de mieles.

“Las zonas del interior a la que llevamos las colmenas ofrecen floraciones distintas que nos permiten obtener mieles más claras y suaves, con matices de sabor diferentes, como el de la miel de brezo”, señala la apicultora debarra.

Una fuente de salud y energía

El objetivo de todo ese trabajo no es otro seguir produciendo miel para sus clientes.

Utilizada desde la antigüedad como alimento y fuente de energía rica en minerales y aminoácidos, es fundamental para quienes apuestan por una vida saludable.

Propóleo

Pero además de la miel, hay otros productos fruto de la labor de las abejas que son beneficiosos para las personas.

Uno de ellos es el propóleo, una resina vegetal que usan para sellar la colmena y protegerse de hongos y bacterias que también comercializa Zortziko.

Sus propiedades antisépticas y antifúngicas lo convierten también en un antibiótico natural adecuada para el ser humano. “Es eficaz para afecciones respiratorias y de garganta. Se puede tomar diluido en agua o aplicar sobre heridas, ya que las limpia y facilita la cicatrización creando una película protectora”.

Elemento clave en la naturaleza

Es un ejemplo de lo mucho que las abejas ofrecen al ser humano, más allá de su función polinizadora.

Nagore y Julián son conscientes de ello, y lo demuestran con el mimo que ponen en el cuidado de sus colmenas y en la elaboración de la miel que comercializan.

2026-04-11T08:29:49+02:00
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