Luces y, sobre todo, muchas sombras en los resultados del Informe PISA 2025 hechos públicos por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). La evaluación internacional arroja un diagnóstico preocupante para la escuela en lectura y ciencias, si bien el sistema logra contener el golpe en la competencia matemática y consolidarse como uno de los modelos más equitativos del Estado para limitar la brecha socioeconómica entre el alumnado. La acusada bajada se produce en un contexto de debacle generalizada en el Estado, donde el deterioro en lectura y matemáticas se ha intensificado en la última década alcanzando su valor más bajo, con un 50% del alumnado español de 15 y 16 años en un nivel bajo en ciencias y solo un 28% con el mínimo para su futuro laboral. Aun con todo, Euskadi ocupa el último lugar autonómico en lectura, el décimo de 16 en matemáticas y el penúltimo en ciencias, tras Valencia, Ceuta y Melilla.
Asignaturas pendientes
Tener un entorno próspero en casa no siempre garantiza los mejores resultados en las aulas. Ese es el gran titular que deja el último informe PISA 2025 para Euskadi. Y es que a pesar de contar con uno de los niveles socioeconómicos y culturales más altos, sus estudiantes se han quedado rezagados en la parte baja de la tabla tanto en España como en Europa. La prueba de Ciencias era la gran protagonista de esta edición y los datos en Euskadi encienden las alarmas. Con 459 puntos de media, la comunidad queda lejos de los 477 de la media española y aún más lejos de los promedios europeo (481) y de la OCDE (482). En la comparativa autonómica solo consigue superar a la Comunitat Valenciana y a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. El golpe es especialmente duro en la capacidad de "explicar fenómenos científicamente", donde los alumnos vascos caen hasta los 449 puntos y se sitúan en el farolillo rojo de la península. El escenario tampoco mejora en las otras asignaturas.
En comprensión lectora se registra un bajón considerable al quedarse en 419 puntos, muy por debajo de los 451 de la media estatal y sólo por encima de Ceuta y Melilla. En matemáticas la nota roza los 460 puntos y, a diferencia de lo que ocurre en el resto de España -donde los chicos sacan 14 puntos de ventaja-, en Euskadi chicas y chicos empatan prácticamente en rendimiento.
Lo más llamativo del estudio llega al analizar el peso de las familias. Euskadi disfruta de una posición de partida envidiable, pero la estadística demuestra que ese colchón económico está camuflando las carencias del sistema. De hecho, cuando a los alumnos se les compara en igualdad de condiciones restando el factor de la riqueza familiar, la nota de Euskadi en Ciencias baja de 459 a 457 puntos. Es el único territorio junto a Madrid donde la puntuación empeora al hacer este ajuste, lo que confirma que el buen nivel de vida en casa está tapando un rendimiento académico más frágil de lo que parece. La tendencia además viene de lejos. Si se echa la vista atrás hasta 2015, la última vez que Ciencias fue la prueba principal, Euskadi se ha dejado por el camino 25 puntos en una década, una caída mucho más acentuada que la de España (-16) o la OCDE (-7). La única nota singular y positiva la firman las estudiantes vascas: en una materia donde habitualmente no hay diferencias, ellas sacan 11 puntos más que sus compañeros masculinos (464 frente a 453), firmando junto a Cantabria el mayor liderazgo femenino de todo el país en Ciencias.
Sobresaliente en equidad
En el lado positivo, PISA destaca que el verdadero valor diferencial del modelo educativo en Euskadi vuelve a ser la cohesión social de sus aulas. La brecha de rendimiento entre el alumnado socioeconómicamente favorecido y el desfavorecido se sitúa por debajo de las medias española y europea. Asimismo, la diferencia de resultados entre el alumnado nativo y el de origen migrante se reduce de forma notable una vez ajustado el factor socioeconómico, una conclusión que va en la línea de lo constatado recientemente en la Evaluación Diagnóstica 2026 elaborada por el ISEI-IVEI del Departamento de Educación.
El informe expone, sin embargo, asignaturas pendientes de calado para la educación en Euskadi. La reducida presencia de estudiantes en los niveles máximos de competencia frena el despegue hacia la excelencia académica. En competencia científica, el rendimiento medio del alumnado vasco se queda en los 459 puntos, una cifra que baja hasta los 449 puntos cuando se evalúa la capacidad específica de los estudiantes para explicar fenómenos científicos con sus propias palabras. Si se analiza el perfil del estudiantado, la gran mayoría se concentra en la zona media de la tabla: un 32% se ubica en el Nivel 2, un 26% en el Nivel 3 y un 11% en el Nivel 4. Los extremos muestran los retos principales del sistema. Solo un 2% del alumnado vasco logra colarse en los niveles 5 y 6, considerados de excelencia. En la parte baja de la pirámide, un 28% de los chicos y chicas de 15 años no llega al nivel básico exigible en ciencias, repartidos entre un 7% en el nivel 1a y un 21% en las escalas más bajas.
Por otra parte, la percepción sobre la dotación de recursos materiales y humanos muestra diferencias marcadas entre la red pública y la concertada, mientras que la capacidad digital de los colegios se sitúa en un nivel moderado, inferior a la media de la OCDE. Una carencia que choca con el comportamiento de los propios estudiantes vascos, que hacen un uso de la inteligencia artificial significativamente más frecuente que el promedio internacional.