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Juantxo Skalari está de vuelta con el disco El tiempo perdido-Radical Park E2, una vuelta de tuerca al característico sonido ska del artista navarro, abriéndose, tal vez más que nunca, a otros registros de la música negra. Incansable, inconformista y reivindicativo, acompañado una vez más por sus compinches de La Rude Band, Juantxo es uno de los buques insignia de los sonidos jamaicanos en el Estado. Decidido a hacer del ska primigenio su modo de vida ya desde los viejos tiempos de Skalariak en los años 90, este último lanzamiento, publicado el pasado viernes 20 de febrero, supone una nueva metamorfosis en su ya larga trayectoria.
Ha subido una foto suya en Instagram con el mensaje de “Fuck Trump”. ¿A quién más mandaría a la mierda?
-La lista podría ser muy larga. Además de Trump y de todos sus secuaces, como Milei o Netanyahu, sin olvidarnos de la Unión Europea, que siempre mira para otro lado por intereses puramente económicos. En general, mandaría a la mierda a todos los que difunden la ignorancia. Estamos en un momento de la historia en la que ser un ignorante está bien visto, como no leer o no contrastar la información que nos llega al móvil. Simplificando mucho las cosas, todo eso hace que no sepamos distinguir a la gente buena de la mala. (Los poderosos) Nos quieren atados de pies y manos y que seamos incapaces siquiera de protestar. Pero yo soy optimista. La gente se sacudirá el monopolio tecnológico y manipulador de las redes para buscar esa verdad que nos permita abrir la conciencia.
En Ni esclavo ni rey canta: “A veces es necesario desconectar, / hay que tomárselo tranquilo, / que todo vuelva a empezar”. ¿Sin esta filosofía de vida no hubiera aguantado más de 30 años en la industria musical?
-Se puede aplicar a la industria musical, pero también a la vida en general. Vivimos en una era en la que todo va superrápido y no tenemos tiempo para pensar en nada. La velocidad hoy en día es extrema. Lo que digo ahí es un poco lo contrario: reflexionar, ponernos a pensar, mirar hacia dentro y tomarnos las cosas con un poco más de calma. También se puede hacer una lectura de la letra en un plano más personal, no solo como filosofía de vida. Porque yo soy una persona un poco despistada. A veces alguien me está hablando y, sin querer, desconecto y me dicen: “¿Estás aquí?”. “Sí, sí, perdona”. Y tienen que volver a empezar.
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¿Este disco es un paso adelante porque se abre a muchos otros estilos de la música negra?
-En la carrera Skalari siempre ha habido pasos adelante y, en este proyecto en concreto, que ya va para cinco discos, mi plan es siempre el de sorprender y ofrecer cosas nuevas. Con el disco Roots Market, por ejemplo, ya se introducían elementos de música electrónica. En este caso, no solo hemos abierto el abanico a otros estilos de la black music, sino que hemos añadido muchos detalles sonoros. Hemos tratado de buscar arreglos muy minuciosos. Es un disco para escucharlo muchas veces porque siempre vas a descubrir cosas nuevas. Estilísticamente es más abierto: parto del ska, que es el estilo que yo hago, para abrirme a otros géneros.
La música jamaicana es todo un mundo.
-Es que es de una riqueza enorme, te da muchas posibilidades de cambiar y evolucionar. Es el origen de muchísimos estilos musicales. El ska nació a finales de los años 50 y después se fue transformando y evolucionando a géneros como el rock steady, el reggae, el dub… Tiene conexiones con el rap y la música electrónica. Sin la evolución del ska, hoy no estaríamos hablando de reggaeton.
¿Contar con un productor como Emili Bosch (Rigoberta Bandini, Gatibu) ha sido una apuesta ambiciosa y también más comercial?
-Hoy en día lo comercial es el reggaeton, el trap y poco más. El resto son subgéneros, y a partir de ahí yo soy muy consciente de dónde estoy y cuál es mi sitio. La ambición puede venir desde el lado de hasta dónde podemos llegar blandiendo la bandera del ska, pero abriéndonos a otras músicas. Buscar un productor como Emili Bosch también tiene que ver con la idea de renovarse sin dejar de lado la esencia Skalari. Un paso adelante sonoro, de arreglos y de otros estilos de música que hasta ahora no les habíamos prestado tanta atención.
The Specials, Madness y letras políticas
Coincidiendo con la explosión del punk y de la nueva ola después, a partir de 1979 irrumpieron en el Reino Unido bandas revivalistas de ska como The Specials, Madness, The Beat y The Selecters. Eran los oscuros tiempos de Margaret Tacher en el poder. Junto a otras formaciones como The Jam, estos abiertamente mods, fueron los encargados de poner la banda sonora a un periodo social y políticamente convulso. Juantxo Skalari admite la influencia del pelotón de bandas lideradas por los Specials en su música y letras, pero puntualiza que él siempre ha querido ir “más allá” con el mensaje del ska. Tras el enorme impacto que supuso para el artista navarro ver en directo a los seminales Skatalites a principios de los 90, JSK (las siglas de su nombre) montó Skalariak junto a su hermano Peio. Entre todos sus proyectos, ha editado 13 discos de estudio en más de tres décadas de carrera musical.
¿Echa algo de menos de los tiempos preinternet de Skalariak? ¿Que no hubiera móviles en los conciertos, por ejemplo?
-A mí que el público utilice los móviles en un concierto me da igual. En nuestras actuaciones no son la norma porque solemos dar conciertos bastantes movidos y si, además de bailar y saltar, también tienes que andar con el móvil se te va a caer rápido al suelo. Con Skalariak tampoco fue del todo la época preinternet porque ya en 1997 teníamos nuestra propia página web. De hecho, fuimos uno de los primeros grupos del Estado en tener una web. Lo que sí que echo de menos es cartearme con diferentes fans de la música jamaicana de todo el mundo. Recuerdo enviar cintas o cedés con recopilatorios de música de por aquí y que, por ejemplo, desde Argentina me mandaran sus recopilatorios. También nos enviábamos fanzines entre unos y otros.
¿Cómo se entiende que Euskal Herria haya sido tradicionalmente una tierra tan fértil de música ska y ritmos jamaicanos?
-En Euskal Herria ha tenido cierta repercusión, pero casi siempre ha estado ligado al rock radical vasco. Le ha costado salir de ese agujero. Precisamente, cuando empezamos con Skalariak queríamos ir más allá y lanzarnos a la búsqueda de los orígenes de la música jamaicana de los años 60, algo que, salvo quizás Potato, muy pocas bandas de por aquí se habían atrevido a hacer. La música jamaicana que caló en los años 80 en Euskal Herria estaba muy marcada por el auge del sello multirracial 2 Tone en Inglaterra con esa mezcla de ska-punk-reggae, que sirvió como caldo de cultivo para las luchas sociales y políticas de la época.
¿La edad es un obstáculo para la música?
-Te voy a responder con un ejemplo. Uno de los conciertos que más me ha influenciado en mi vida lo dieron unos abuelos que se llamaban The Skatalites a principios de los años 90 en la sala Circuito de Mungia. Era la formación original. Verlos en directo me impactó, sobre todo el contrabajista Lloyd Brevett. ¡Cómo se movía!
¿Sus mejores discos son los primeros o los últimos?
-¿Para mí, para la gente o para los críticos? (ríe). Siempre tiendo a pensar que el mejor disco es el último, porque, si no, dejaría de publicar álbumes. No tendría sentido. Luego, pasado un tiempo, lo analizas desde otro punto, ves su repercusión… Aunque es todo muy relativo. Para mí, este disco es impresionante.