Vida y estilo

¿Es normal que una persona mayor olvide cosas? Las señales a vigilar

Los despistes ocasionales pueden formar parte del envejecimiento, pero algunos cambios en la memoria conviene observarlos y comentarlos con un profesional sanitario.
Hombre pensativo sentado en el sofá. / Magnific

Olvidar de vez en cuando dónde se han dejado las llaves, no recordar una palabra en un momento determinado o necesitar algo más de tiempo para acordarse de una fecha puede formar parte del envejecimiento normal. Pero cuando los olvidos empiezan a interferir en la vida cotidiana, se repiten con frecuencia o van acompañados de otros cambios, conviene prestar atención.

La demencia no es una consecuencia inevitable de hacerse mayor y los problemas de memoria pueden tener diferentes causas. De hecho, el National Institute on Aging (NIA) señala que los olvidos ocasionales pueden formar parte del envejecimiento normal, mientras que los problemas más graves son aquellos que dificultan actividades habituales.

Por eso, ante los primeros despistes de un padre, una madre o una persona cercana, la recomendación no es alarmarse, sino observar qué está ocurriendo y saber cuándo pedir ayuda.

No todos los olvidos significan lo mismo

Con la edad pueden aparecer pequeños fallos de memoria que no impiden continuar con las actividades habituales. Por ejemplo, olvidar una cita ocasionalmente, perder las gafas y encontrarlas después o tardar un poco más en recordar el nombre de alguien son situaciones que pueden ocurrir sin que exista necesariamente un problema grave.

La situación cambia cuando los problemas son cada vez más habituales o empiezan a afectar a tareas que antes se realizaban sin dificultad. Repetir constantemente las mismas preguntas, perderse en lugares conocidos, tener problemas para seguir una receta o unas instrucciones, confundirse con las fechas o tener dificultades para gestionar tareas cotidianas son señales que conviene comentar con un profesional sanitario.

La Organización Mundial de la Salud también incluye entre los posibles signos iniciales de demencia olvidar acontecimientos recientes, perder objetos, desorientarse en lugares conocidos, tener dificultades para tomar decisiones o seguir una conversación y presentar problemas para realizar tareas habituales.

Mujer anota en una libreta. Magnific

Qué puede hacer la familia

Lo primero es no convertir cada olvido en una corrección. Frases como “ya te lo he dicho” o “¿cómo puedes no acordarte?” pueden generar frustración y hacer que la persona se sienta insegura.

Es preferible hablar con calma, dar tiempo para responder y, si hace falta, facilitar pistas. Cuando una información es importante, puede ser útil dejarla por escrito en un calendario, una agenda o una nota visible.

Las rutinas también pueden ayudar. Mantener horarios similares y dejar objetos como las llaves, las gafas o el teléfono siempre en el mismo lugar facilita el día a día y evita que pequeños despistes se conviertan en un problema mayor. El NIA recomienda precisamente utilizar calendarios y notas, establecer rutinas y mantener los objetos que se utilizan habitualmente en lugares fijos.

También es importante no asumir automáticamente que la persona ya no puede hacer algo. Si todavía puede preparar una comida, hacer una compra o realizar una tarea doméstica con seguridad, mantener esa actividad contribuye a conservar su autonomía.

Cuándo conviene consultar

Si la familia observa un cambio claro respecto a cómo era esa persona anteriormente, es recomendable comentarlo con su médico. No hace falta esperar a que los problemas sean graves.

El profesional puede valorar la memoria y otras capacidades y tratar de determinar qué está provocando los cambios. Esto es importante porque no todos los problemas de memoria tienen como origen una demencia. Algunos pueden estar relacionados con determinados medicamentos, problemas de sueño, depresión, otras enfermedades o déficits nutricionales, entre otras causas. Algunas de estas situaciones pueden tratarse.

Por eso, más que intentar determinar en casa si se trata de un simple despiste o de algo más serio, lo adecuado es observar la evolución y consultar cuando los cambios sean llamativos o afecten a la vida cotidiana.

Señora mayor mira el móvil. Magnific

Más autonomía, no más vigilancia

Cuando empiezan los olvidos, es habitual que los familiares quieran controlar cada vez más lo que hace la persona mayor. Sin embargo, sustituir de golpe todas sus decisiones puede hacer que pierda autonomía antes de tiempo.

La idea es adaptar la ayuda a las necesidades reales. Puede bastar con acompañar a una cita, ayudar a organizar la medicación, utilizar una agenda o comprobar determinadas tareas. Si los problemas aumentan, será necesario valorar qué actividades ya no puede realizar con seguridad y qué apoyos necesita.

También conviene hablar de estos cambios con la propia persona y, siempre que sea posible, contar con su participación en las decisiones. El objetivo no debería ser hacer las cosas por ella, sino ayudarla a mantener su independencia durante el mayor tiempo posible.

Una señal que no conviene dejar pasar

El aspecto más importante no es un olvido aislado, sino el cambio respecto a la situación habitual y el impacto que tiene en la vida diaria. Si una persona empieza a tener dificultades para manejar sus cuentas, orientarse en lugares conocidos, mantener una conversación o realizar tareas que antes hacía con normalidad, conviene consultar.

Detectar estos cambios no significa poner una etiqueta ni asumir que existe una demencia. Significa prestar atención, buscar la causa y organizar los apoyos necesarios si la persona los necesita.

La memoria puede cambiar con la edad, pero envejecer no significa necesariamente perder la capacidad de desenvolverse de forma autónoma. Observar sin alarmarse, acompañar sin sustituir y consultar cuando sea necesario son algunas de las claves para afrontar los primeros olvidos.

05/10/2026