Xabier Oroz (Azkoitia, 1996) es uno de esos jugadores que dignifican el término “profesional”. Tras una vida ligada al Gipuzkoa Basket, el escolta vasco vive hoy una etapa de madurez en Palencia, donde se ha convertido en una pieza fundamental del proyecto. En esta entrevista hablamos con el azkoitiarra sobre sus inicios, la dureza del deporte y sobre los logros obtenidos durante toda la trayectoria.
Comienzos
¿Cuáles son esos primeros recuerdos que le vinculan a una canasta?
En el colegio practicaba de todo, siempre me han gustado muchos deportes. En mi casa el baloncesto siempre estaba presente; mi padre ya jugaba de joven y, aunque no fuera profesional, seguíamos mucho la actualidad. De ahí viene la afinidad. De niño hacía natación, fútbol y baloncesto, además de jugar a pelota en la calle. Llegó un momento en el que tuve que elegir entre el fútbol y el basket. Dudé, porque la mayoría de mis amigos jugaban al fútbol, pero vi que con el baloncesto estaba haciendo amistades nuevas y que se me daba bien. Al final, pesó más la canasta.
Con 14 años ya destacaba en el Iraurgi y empezaron las llamadas de las selecciones. ¿Cómo fue ese proceso?
Empecé en las selecciones de Gipuzkoa y Euskadi. Tuve la suerte de jugar la Minicopa con el Baskonia y, aunque no recuerdo haber destacado especialmente en ese torneo, me dijeron que fue allí donde se fijaron en mí para ir con la selección española. Jugar europeos en Lituania, Turquía o Finlandia contra los mejores de Europa, que ahora están en la élite, es una experiencia muy enriquecedora. De aquella época me quedo, sin duda, con el Oro en el Europeo Sub-20; fue algo muy bonito tras no haber logrado resultados en Sub-16 y Sub-18.
Juegos Olímpicos
En 2014 viaja a China para los Juegos Olímpicos de la Juventud 3x3.
Fue un verano frenético. Terminé el Europeo en Turquía y volé directo a China. Allí me puse enfermo y perdí mucho peso; no pude disfrutarlo al cien por cien porque había mucha tensión y no logramos grandes resultados. Pero conocer un país así, compartir la villa olímpica con deportistas de otras disciplinas... eso te enriquece como persona.
Xabier Oroz lanzando un triple.
Ese mismo año debuta en la Liga Endesa con el Gipuzkoa Basket. ¿Qué recuerda de ese momento?
Debuté en noviembre. Fue cumplir el objetivo de cualquier deportista: competir en la mejor liga. Guardo un recuerdo especial del club que me dio la oportunidad. Además, no jugué los “minutos de la basura”; tuve bastante protagonismo desde el primer partido y eso te deja muy buen sabor de boca.
Cesión al Granada y vuelta al GBC
Sin embargo, en 2018 le toca salir cedido al Granada. ¿Cómo vivió esa primera experiencia fuera de casa?
Para mí fue una liberación. En Donostia no lo estaba pasando bien; pasé de jugar mucho en ACB a que un nuevo entrenador no confiara en mí. Yo entendía la situación, pero era joven y necesitaba jugar. Ir a Granada fue clave. Fueron cuatro meses intensos donde encontré mi sitio y mi ritmo; jugamos playoffs y casi damos la sorpresa llegando al quinto partido.
A su vuelta al GBC vivió de todo: un ascenso en pleno COVID y una grave lesión.
Sí, el primer año subimos por estar en puestos de ascenso cuando se paró la liga. Al año siguiente bajamos y sufrí la rotura del ligamento cruzado. Estuve ocho meses fuera de las canchas, fue duro, pero las temporadas siguientes pude ofrecer de nuevo un buen nivel. Al final, lo que más cambia entre categorías es la velocidad de juego, el físico y el talento. En primera división hay muchas más amenazas y menos espacios.
¿Qué es lo que cambia más de una categoría a otra?
Por un lado, la velocidad del juego. El físico también se nota mucho, los contactos son más duros. También el talento y los espacios; hay muchas más amenazas en primera división y cualquier despiste se paga caro. Hay que estar mucho más concentrado porque el nivel de los rivales no te permite errores.
2024, rumbo a Palencia
En 2024 decide dar el paso y fichar por el Palencia. ¿Por qué ese cambio?
Quería probar. Quería ver qué oportunidades podía tener fuera y vivir una experiencia lejos de Donostia tras tantos años en el mismo entorno. La propuesta del Palencia me atraía mucho por su ambición y por cómo vive el baloncesto la ciudad. La temporada pasada llegamos a la final four y este año, seguramente, juguemos los playoffs en casa. El factor cancha ayuda mucho en esos momentos de tensión.
¿Cómo es el ambiente en el pabellón palentino?
Increíble. Se vive muchísimo el baloncesto. En casi todos los partidos hay Sold Out, siempre está a tope. Palencia es una ciudad volcada; hay otros deportes, pero el baloncesto tiene un nivel distinto. Por la calle la gente me conoce y me para. Estoy muy bien aquí, he hecho amigos y me vienen a visitar a menudo.
Ha compaginado todo esto con sus estudios de Empresariales (ADE). ¿Se imaginaba llegar a construir una carrera así?
No, yo solo pensaba en jugar y disfrutar del momento. Mis padres siempre me inculcaron que aprovechara las oportunidades, porque en el deporte una lesión te puede alejar de todo en un segundo. Ahora pienso lo mismo: disfruto del día a día. Echo de menos Azkoitia, claro, pero estoy a poco más de dos horas y suelo ir en verano o cuando tenemos el fin de semana libre tras jugar los viernes. No me puedo quejar de nada. Estudié porque nunca sabes lo que puede pasar. Quería tener un Plan B en la vida y para cuando acabe la carrera de profesional.