Gipuzkoa

“En nuestra cabeza, las bicis pesaban una tonelada y media”

Los protagonistas que llevaron a Roma las preces para impulsar el patronazgo de Dorletako Ama como patrona de los ciclistas reviven su histórica aventura en un emotivo homenaje en Leintz Gatzaga, 66 años después de aquella gesta
Homenaje a los tres ciclistas que pusieron a Dorletako Ama en el mapa del ciclismo

Cada día era una aventura. No sabíamos dónde terminaríamos ni dónde dormiríamos”. Ángel Serrano lo rememora hoy con una sonrisa. Han pasado casi 66 años desde que él, su hermano Luis —ambos bilbaínos— y el gasteiztarra José Luis Sáenz de Olazagoitia se embarcaron en una travesía a Roma sobre dos ruedas que acabaría haciendo historia. Este trío de txirrindularis fue el protagonista de la memorable gesta que culminó con la proclamación de Dorletako Ama como patrona de los ciclistas.

La estampa de los tres juntos no se había repetido desde aquel verano de 1960. Este sábado, el reencuentro ha tenido algo de milagro en Leintz Gatzaga, en el santuario que custodia la imagen mariana de Dorleta. En el mismo lugar desde donde el 28 de julio de aquel año partieron rumbo a Italia han vuelto a reunirse como héroes populares de aquella hazaña, para recibir un homenaje cargado de emoción, que ha rescatado del recuerdo una página singular del ciclismo vasco.

Tenían 25, 19 y 18 años -Ángel, Luis y José Luis, respectivamente- cuando iniciaron el viaje desde el santuario de Dorleta hacia la capital italiana. Pero todo había comenzado dos años antes: en 1958, un comité de aficionados al cicloturismo impulsó la coronación de la Virgen, una iniciativa que acabaría siendo el germen de aquella expedición histórica.

Luis, José Luis y Ángel en su reencuentro este sábado en el mismo lugar donde el 28 de julio de 1960 iniciaron su travesía a Roma en bicicleta. Anabel Dominguez.

Sin móviles, GPS...

El verano de 1960 pertenecía a otro mundo. No existían teléfonos móviles ni GPS. Tampoco había bicicletas ligeras ni equipamiento moderno: las monturas de estos osados txirrindularis, cargadas con alforjas, superaban los 25 o 30 kilos. “En nuestra cabeza pesaban una tonelada y media”, ha relatado entre risas Luis. Contaban solo con mapas de papel, ilusión, piernas y una misión clara: entregar al papa Juan XXIII las preces para lograr el patronazgo de Dorletako Ama para los ciclistas.

"Comida sí, pero no alojamiento"

Recorrieron más de 1.600 kilómetros, atravesando Irun, la Costa Azul y Génova hasta llegar a Roma. A veces era un albergue juvenil; otras, una modesta pensión. En una ocasión tuvieron que dormir prácticamente al raso después de que un convento les ofreciera comida, pero no alojamiento. "De mangiare sí, de dormire no", les respondió el sacerdote que les atendió, una anécdota que todavía hoy les arranca sonrisas. Hubo jornadas en las que el cuerpo alcanzaba los 200 kilómetros de carretera, entre puertos, calor y cansancio, sin más guía que el camino.

La exigencia de la corbata

El 5 de agosto aterrizaron en Roma. Tres días después, el 8, vivieron el momento culminante. En lugar de hacerlo en el Vaticano, Juan XXIII los recibió en audiencia en Castel Gandolfo, la residencia de verano de los pontífices. El acceso no fue sencillo: la Guardia Suiza les exigió corbata para entrar al recinto, y tuvieron que salir a comprarlas en una tienda cercana. Las camisas, en cambio, se las prestaron unas religiosas de las Siervas de Jesús, para poder asistir “más presentables”, como han contado con humor.

El viaje hasta el Vaticano había sido, además, cuidadosamente preparado desde Euskadi, con gestiones previas en Loiola y Pasaia, donde, a través de Monseñor Laboa, consiguieron el entramado de llamadas y contactos necesarios para poder ser recibidos.

Proclamación el 28 de agosto

La recepción, en la que en aquel momento también se encontraban diplomáticos, obispos y representantes de distintos países, marcó el punto decisivo de la expedición. Veinte días más tarde, el 28 de agosto de 1960, Dorletako Ama fue declarada patrona de los ciclistas españoles.

El regreso tuvo, a su vez, tintes épicos. Desde Roma viajaron en tren hasta Ventimiglia -localidad fronteriza entre Italia y Francia- y, desde allí, retomaron la bicicleta hasta Gasteiz, donde el 15 de agosto una multitud les dio la bienvenida: escoltas motorizadas, centenares de ciclistas y un ambiente que todavía hoy describen como “apoteósico”.

Un emotivo reencuentro

Este sábado, todas aquellas vivencias han vuelto a aflorar en un entrañable reconocimiento que ha coincidido, además, con el día en el que Ángel ha cumplido 91 primaveras. La celebración impulsada por Dorletako Ama Txirrindulari Elkartea, ha contado con la implicación decisiva de Angelines, hija del cumpleañero, tal y como ha destacado Joxerra Agirreurreta. 

Los homenajeados han sido agasajados con obsequios y una copia del diario que Ángel escribió durante el inolvidable viaje, un testimonio lleno de pasajes en el que quedaron recogidas las distintas etapas de aquella travesía irrepetible, marcada por jornadas de pleno verano, el calor y la gran afluencia de viajeros en la Costa Azul, así como por episodios de intensa tormenta al atravesar los Pirineos.

Tras la visita al pequeño museo del santuario gatzagarra que custodia maillots históricos de distintas generaciones y otras piezas de gran significado, han disfrutado de un lunch.

En bicicleta con 74 años

“Esto ha sido algo difícil de imaginar. No pensaba que, a estas alturas de la vida, pudiera vivir un momento así”, ha afirmado José Luis, que a sus 74 años continúa saliendo en bici. Tampoco ha olvidado su vínculo con Dorleta, donde se casó hace más de medio siglo.

66 años después, las bicicletas ya no pesan tanto ni las rutas se dibujan a mano. Pero la memoria sigue pedaleando. Y hoy, en el santuario que ha puesto a Leintz Gatzaga en el mapa del ciclismo gracias a Dorletako Ama y aquella proeza sobre dos ruedas, ha vuelto a cruzarse la misma línea invisible que un día les llevó a hacer historia.

13/06/2026