El atleta gasteiztarra Martín Fiz se despide definitivamente de los 42,195 kilómetros este 1 de noviembre en el Maratón de Nueva York, cerrando así un ciclo histórico en la cuna de las grandes pruebas populares. A sus 63 años y tras acumular más de 325.000 kilómetros a sus espaldas, el campeón del mundo y de Europa completa su maratón número 42 con una motivación puramente emocional y alejada del reloj. En esta ocasión, el mítico corredor alavés afrontará la cita junto a su mujer, Ana, y su hijo Álex, quien debuta en la distancia compartiendo un simbólico relevo familiar sobre el asfalto neoyorquino.
Afrontando esta cita icónica tras haber dedicado medio siglo a la carrera a pie, el atleta ha repasado en Onda Vasca su trayectoria recordando cómo sus inicios escolares le llevaron a descubrir que había «nacido para correr en la distancia de los 42 kilómetros». Reconociendo que el desgaste físico le exige aflojar la carga de trabajo y que su cuerpo «ya no es de chapa y pintura», ha admitido que «el problema ya es mental para volver a sufrir al máximo», por lo que prefiere centrarse en «disfrutar de la familia de otra manera, haciendo turismo y deporte».
Sin plantearse colgar las zapatillas de forma definitiva, Fiz ha asegurado encarar este reto sin pena porque siente que ya lo ha «hecho todo en el maratón», manteniendo intacta su ilusión por buscar nuevas motivaciones en pruebas de 10 kilómetros o media maratón. Además, ha confesado que en los momentos más duros de la carrera nunca ha necesitado recurrir a geles o isotónicos, sino que su verdadero motor ha sido siempre acordarse de su padre trabajando a turnos en la fábrica: «Eso sí que era duro, más duro que hacer un maratón; te acordabas de eso y salías echando chispas».