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Beñat Lizaso está a punto de cumplir un sueño: cruzar el Atlántico para competir con la selección de Euskadi en el Mundial de pelota, en paleta goma adaptada. Nacido en Oiartzun, y viviendo desde hace 11 años en Irun, el atropello de un camión hizo que perdiera la pierna con solo 12 años, pero ha encontrado en la pala su pasión. Además, sirve como agradecimiento al trabajo que hicieron los médicos al salvarle la vida. Las secuelas quedan olvidadas en su casa, en el frontón.
¿Cómo va la preparación para el Mundial?
Pues el viernes hicimos el último entrenamiento. Hemos estado machacándonos tres meses. Es verdad que algunos han estado de vacaciones, pero todos hemos hecho nuestras tareas y estamos a tope.
Pregunta de perogrullo, pero imagino que tiene muchas ganas de que empiece la competición.
Muchísimas. Es que llevo jugando desde 2008. Edorta de Anta, el que fue mi maestro me dijo en 2010, cuando empecé a hacer bicicleta, que el mundo de la pala adaptada no iba a ningún lado, y que se iba al pádel. Éramos pocos, y no se veía relevo entre la gente joven, como sí había en el baloncesto. Hemos sido los pioneros. Es verdad que hacemos movimientos bruscos y hay muchas lesiones, pero animo a todos los chavales a probar este deporte. Si estás en silla de ruedas y te ha gustado siempre la pelota, esto es una gozada.
Entiendo que cargan el hombro por el propio movimiento de la pala y porque hay que mover la propia silla.
¡Pero uno sentado no se cansa! Siempre hago este chiste, hay que echarle humor. Pero es cierto que hay que hacer un esfuerzo.
No es su primer Mundial, participó en el de 2022 en Biarritz. En este caso lo hará representando a Euskadi.
Además en este tendremos medalla si la conseguimos. En aquel Mundial no había selección vasca y no llegamos al mínimo oficial de competidores, participé con Germán Elkoro. Es un honor poder hacerlo ahora con Euskadi. Me da pena que no puedo ir con un amigo de Lesaka, Joseba Lasa, tenía que ir con la española. Incluso me ofrecí a ir con él, porque ha sido un pionero para mí. Aunque estuviera fastidiado, siempre ha venido a los torneos de Francia conmigo. Al final, en Gipuzkoa jugamos ocho. Podíamos ir cuatro y cuatro, bien organizado para ir todos. Somos los pioneros, y esto es un orgullo para nosotros. Edorta de Anta también ha vuelto a jugar. Le suelo recordar que decía que este momento no iba a llegar, aunque no hubiera pasado si no hubiésemos aguantado casi 20 años. Pero hay que agradecer el trabajo a todos los que han estado por detrás también, y a la gente que se nos ha ido. Por ejemplo, el que era bueno lo dejó, yo me quedé como medio bueno y estaba el entrenador que jugaba bien. Pero la gente ha ido saliendo y entrando. Y a esa gente que vuelve hay que enseñarle también, y hay que empezar desde cero. Entonces íbamos bajando de nivel, los franceses nunca cambiaban de pareja y lo mantenían. Nosotros, como éramos seis, íbamos cambiando las parejas. Pero yo he disfrutado más jugando con diferentes personas.
¿Quién será su compañero esta vez?
Sergio Rodríguez, de Bizkaia. Viene del baloncesto, pero ha probado la pala y le ha gustado. Se lo recomiendo a toda la gente que ha jugado a pelota y ha tenido algún accidente. Xabier Euzkitze, el narrador de ETB, estuvo de embajador nuestro un año. Le solía preguntar a ver si no había gente por allí en silla de ruedas que hubiera jugado a pelota [ríe]. A mí me gusta la pelota desde pequeño y también el ciclismo. Pero cuando hablo de pelota se me ponen los pelos de punta.
¿Cómo empezó a practicar esta modalidad?
Pues me enseñó mi camarero de entonces. Había aprendido IVEF en Vitoria, y estaba Luis Usabiaga, que era el profesor. Entonces se me puso delante en la barra y me dijo a ver si quería probar pala, a dos botes y en silla. Y no me lo pensé. Me daba libertad. Si te gusta la pelota, es una maravilla. Y luego, con el entrenador hacía cada sábado dos kilómetros desde Usurbil hasta Zubieta para jugar. Con mi cigarro en la boca, no te voy a engañar. Ahí jugábamos 20 partidos a 22 puntos, y perdía todos. El otro me preguntaba a ver si no me aburría de perder, y yo le preguntaba a él si no se aburría de ganar. Pero me di cuenta de que le dejaba la pelota siempre cómoda, porque quería que él me las devolviera difíciles para ir a por ellas. Cuando estás más apurado es cuando realmente aprendes y practicas.
Ha sido campeón de Euskadi, de Francia, de Gipuzkoa...
Aunque muchos no se cuentan, porque todavía no somos internacionales. De siete Master Cup que se han hecho me he clasificado en cinco, y de ellas he perdido una o dos como mucho. En el de Gipuzkoa siempre he ganado dándole la oportunidad a algún delantero distinto, y eso también es bonito, hace que se mantengan en este deporte.
¿Cuánto ayuda Kemen a su labor?
Pues yo llevo desde el 94 apuntado. Lo dejé un tiempo, porque tuve un accidente de bicicleta y no tenía la cabeza para seguir. Pero volví. Kemen nos ha comprado dos sillas. Aparte, nos han pagado dos años cuando hemos ido a jugar a Francia. En lo personal, he conseguido un patrocinador, Barrene Palak. Me mandó una propuesta en diciembre, pero no le di importancia. En enero empecé a mirarlo, y me ofrecía hacer una pala a mi gusto. Entonces me dio una para probar, y de golpe me dio otras tres. ¡Le tuve que decir que no tenía tiempo para probar todas! Además, a los compañeros les va a hacer unas con el agarre a su gusto.
Y ahora se las lleva a Argentina y Uruguay. Le hará mucha ilusión participar en un evento así.
Va a quedar grabado en la historia. Es un orgullo también jugar con Euskadi, aunque te he comentado antes que me da pena no jugar con Joseba Lasa. Al final, lo importante es la amistad. Le suelo decir que si no fuera por una desgracia que nos pasó no nos hubiéramos conocido. Se lo digo a todos, es cierto que hemos pasado un trauma, pero aquí estamos. Y si no nos hubiera pasado nada, no nos conoceríamos. Y le quería llevar, pero es un orgullo jugar con Euskadi. Aunque me dé pena por esa otra parte.
¿Les podemos otorgar el papel de favorito a usted y a Sergio?
Somos cuatro en sí y se puede hacer un cambio. En un principio, parecía que no íbamos a poder participar de forma oficial, pero hace dos semanas el seleccionador nos dijo que Brasil no iba, y nos ofrecieron jugar a trinkete. Y vamos a competir de manera oficial. Llevamos dos semanas entrenando todos los días, no puedo ni cerrar las manos. Pero estamos encantados. Empezamos contra Francia, que creo que es el contrincante más fuerte, sin hacer de menos a nadie.
Me imagino que sueña ya con el día de jugar y ganar.
Es que no me lo creo todavía. Hasta que no me monte en el avión no me lo voy a creer. Pero lo importante es disfrutar, que nos llevemos todos bien y que no tengamos ningún percance entre nosotros. ¡Que sea un viaje mundial!