En su novela La educación del monstruo, galardonada con el Premio Primavera, la actriz Elvira Mínguez analiza la historia de la inmigración española inspirada en la propia experiencia de sus padres en Alemania durante los años 60. La historia conecta directamente con la paradoja del debate actual sobre la regularización. Mínguez sostiene que la sociedad española no puede olvidar que está formada por un tejido de antiguos emigrantes y defiende una visión pragmática y humana de la situación. Entrevistada en Las mañanas de Onda Vasca se ha mostrado tajante respecto a la utilidad social de este colectivo: "Necesitamos a los emigrantes, a ver quién coño va a pagar nuestras pensiones".
Más allá del análisis social, la novela se adentra en la psicología del miedo y la responsabilidad de los adultos en la formación de los menores. Mínguez reflexiona sobre cómo la sobreprotección familiar puede transformarse en una herramienta de manipulación, impidiendo que los hijos gestionen sus propias emociones. Según la actriz y escritora, todos tenemos monstruos y no afrontarlos supone el riesgo de que las nuevas generaciones los hereden. Esta exploración de la "oscuridad" humana se traslada también a su visión sobre la situación de la mujer en una sociedad que califica de "profundamente machista y paternalista", donde la sexualización y la violencia siguen siendo, a su juicio, problemas estructurales que no han desaparecido, sino que solo han cambiado su forma de gestionarse.