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Hoy ha sido un día de celebración en las obras de la variante sur de Markina-Xemein y Etxebarria. Y es que, tras 513 días de continuo y minucioso trabajo técnico desde que se iniciaran las labores hace dos años, concretamente desde el 26 de mayo de 2026, las obras han alcanzado hoy su hito estratégico más esperado: el cale del túnel. La unión de los frentes de excavación marca la culminación con éxito de la fase de avance en esta galería subterránea, una infraestructura clave de un kilómetro de trazado global destinada a enlazar las carreteras BI-633 y BI-2636 para liberar a los cascos urbanos de Markina-Xemein y Etxebarria de más del 50% de su tránsito diario habitual de vehículos.
El logro, que ha sido acogido con alegría por parte de las 28 personas que han estado trabajando en esta compleja obra, supone una victoria de la ingeniería técnica frente a una realidad subterránea en extremo caprichosa e inestable. La presencia de fallas tectónicas no detectadas en el diseño inicial y terrenos heterogéneos —que alternaban rocas de muy baja calidad con estratos blandos e inestables— obligó a pausar temporalmente los frentes de excavación y a redefinir la metodología de avance por motivos estrictamente de seguridad. En palabras del director de obra Eduardo Campos, "ha sido un túnel extremadamente complejo donde cada metro ha supuesto una sorpresa; se decidió parar el avance directo desde el lado de Markina a los 650 metros para concentrar toda la excavación con total garantía y control desde el frente opuesto".
"Hoy vemos el triunfo y la resiliencia de un equipo que ha sido capaz de resolver situaciones altísimamente complejas en un marco geotécnico muy difícil. Es una celebración merecida pero contenida, porque este es un pasito más: concluimos el avance, pero ahora iniciamos la excavación de destroza, una fase con menor incertidumbre sobre los materiales, pero que sigue exigiendo máxima precisión", ha subrayado la dirección de la infraestructura a pie de galería.
Liderazgo femenino en la ingeniería subterránea
Más allá de la envergadura técnica y de la inversión foral de 31,9 millones de euros, la obra se sitúa como un referente de integración e igualdad en un sector históricamente masculinizado como la obra civil subterránea. Un equipo formado por diez mujeres desempeña funciones de máxima responsabilidad en puestos clave de dirección de obra, jefatura de túnel, auscultación, topografía, seguridad, calidad y medio ambiente.
A pie de obra, Mónica Zurimendi, jefa de túnel, expresaba la emoción del momento tras meses de trabajo. "En apariencia parece un túnel corto, pero en mis años de carrera ha sido el proyecto más complejo que he ejecutado hasta la fecha. Hemos tenido materiales durísimos en un extremo y terrenos muy blandos e inestables según avanzábamos hacia Etxebarria, lo que nos ha exigido un esfuerzo enorme de sostenimiento, adaptando la maquinaria y analizando paso a paso cada avance", señalaba Zurimendi, quien pone en valor la presencia cada vez mayor de ingenieras de minas, geólogas y topógrafas en proyectos de alta complejidad técnica.
Hasta diez mujeres han formado parte del equipo de la obra con Mónica Zurimendi al frente