Vida y estilo

El punto débil de la seguridad de un móvil es su propietario, averigua por qué

La privacidad cada vez es más valorada en nuestras comunicaciones y los fabircantes de móviles se esfuerzan en que las terminales sean lo más inaccesible posible
Proteger los dispositivos electrónicos es una labor quer debe ser tenida en cuenta.

Desde hace unos años casi toda nuestra vida está en nuestros dispositivos móviles, lo que se sigue llamando teléfono móvil pero que hace tiempo trascendió esa utilidad. Con la conexión a internet pasó a llamarse smartphone, teléfono inteligente, aunque cada vez más son los que optan por llamarlos simplemente dispositivos y meten en el mismo saco teléfonos, tablets, portátiles y otros aparatos similares, que diferenciándose apenas en su función inicial, se han igualado en casi todo el resto de aplicaciones y utilidades que empleamos a diario

Por ello en ellos, y el móvil es el ejemplo más señalado, su pérdida o sustracción ocasionan un serio problema. La mayoría de nuestros datos particulares, fotos y documentos privados, claves y cuentas están ahí.

Esto último ha hecho que cambie el motivo por el que se roban los móviles. Antes su destino era el mercado negro, el de segunda mano las más de las veces en el extranjero. Pero ya no es así. Ahora el objetivo son los datos privados, las claves y contraseñas, lo que se conoce como identidad digital .

El pin de cuatro dígitos es muy fácil de superar. Freepik

Los usuarios confiamos por regla general en el bloqueo de acceso al móvil con nuestro pin, esa contraseña de cuatro números que debemos introducir cuando encendemos el aparato. Después viene la clave o el sistema de desbloqueo de la pantalla cuando lleva un tiempo sin usarse, que puede ser la huella dactilar, el dibujo patrón el reconocimiento facial u otro sistema similar. Pero en ultima instancia esto se puede saltar con otra clave.

A pesar de todos los esfuerzos por programadores y fabricantes para aumentar la seguridad de los dispositivos, el punto flaco, el talón de Aquiles es el factor humano, el usuario. Es él quien elige claves contraseñas y debe decidir las barreras que pone para dificultar la intrusión de ojos ajenos. Muchas veces acaba inclinándose en favor de la comodidad que del lado de una seguridad potente.

Para la mayoría es más cómodo y fácil de recordar y escribir una serie corta de números que una combinación alfanumérica larga que alterne números, letras, signos, mayúsculas y minúsculas. Una contraseña corta de cuatro o de seis números puede ser forzada fácilmente con técnicas de fuerza bruta, que no es otra cosa que ir probando combinaciones de números hasta dar con la correcta.

Una vez saltada esta barrera, queda al descubierto casi toda la información, incluida la de aquellas aplicaciones en las que usas este dato como código de verificación.

Por ello, los expertos recomienda añadir capas de seguridad y aprovechar, por ejemplo el sistema de datos biométricos (reconocimiento facial o huella digital) junto con una clave alfanumérica larga y aleatoria para poder acceder al teléfono, es lo que llaman autenticación multifactor (MFA). Otro elemento de seguridad es que la contraseña de acceso a determinadas aplicaciones o cuentas sean diferentes entre ellas y de la de acceso al móvil o al a pantalla.

A esto también hay que añadir tener actualizada los sistemas de seguridad del sistema operativo del teléfono, evitar descargas desde fuentes no confiables.

El esfuerzo de recordar claves más complicadas de las que habitualmente usamos compensa el riesgo que supone que puedan robarnos el móvil, la identidad digital y el dinero del banco. El pin común es insuficiente y en cuestiones de seguridad, la única vía es ponerles la cosa difícil a los malos.

25/03/2023