Actualizado hace 7 minutos
Los dos equipos más en forma de Europa, Paris Saint-Germain y Bayern Múnich, se dieron cita en el Parque de los Príncipes para dilucidar la ida de las semifinales de la Champions League. A nadie hubiera sorprendido una victoria de cualquiera de los dos. Ambos cumplieron con el mayúsculo cartel del encuentro. Superaron cualquier expectativa. Brindaron una auténtico espectáculo, de elevadísimo nivel, sublime, pura calidad dedicada a construir ataques. Una oda al fútbol. Una de esas citas esporádicas, nada frecuentes, que cautivan, que dan sentido a este deporte como espectáculo de masas. Maravilloso. Algo descomunal que pudo decantarse para cualquier lado. Cayó en favor del PSG tras un equilibrio de poderes brutal. El bloque parisino se llevó la victoria por la mínima (5-4) en uno de los mejores partidos que se recuerdan. Fantástico.
El choque se descorchó con dos camisetas profiriéndose un respeto máximo. Sin rifas de balón. Con pases de seguridad ante una presión asfixiante. Sin pausa. Estajanovista. El Bayern ofreció algo más de sensación de control. Se proyectaba más cómodo, con un punto más de personalidad en un contexto de constancia.
El Bayern golpea primero
De la mejor jugada ofensiva del PSG hasta el momento nació el contragolpe que condujo a ritmo vertiginoso Luis Díaz, que inició una combinación quirúrgica que llevó la pelota de nuevo a sus botas, imantado. Pacho golpeó la pierna del inspirado colombiano dentro del área. Penalti. Kane ajustició impasible. Luis Enrique reclama calma, movimiento de balón, con la brújula de Vitinha.
Acto seguido, un solitario Olise perdonó el 0-2 ante Safonov. Kane pivotaba a capricho, jugando y haciendo jugar. Entonces se dio comienzo a las ofensivas locales. Giro de guion. Dembélé vivió un fallo garrafal en el mano a mano con Neuer. Pero Kvaratskhelia enmendó el error firmando de inmediato el empate con un precioso disparo cruzado, combado, al segundo palo.
Olise conduce el balón ante Marquinhos.
Olise respondió percutiendo por la derecha. Su acción terminó con el balón estrellado en el poste tras un rechace de Neves. En el siguiente suspiro, Neves mandó a la red un córner botado con Dembélé. Un testarazo con giro de cuello digno de postal y marco. El partido era una orgía de verticalidad. Un asombroso duelo de calidad técnica exquisita combinada por una eficacia de velocidad imposible.
Sufría el Bayern. El PSG había adquirido el mando. Los de Kompany ofrecían fisuras. El cuadro alemán se descosía en las idas y venidas. Y sin embargo, Olise, rodeado por cuatro rivales, armó el disparo dentro del área, en una baldosa. El obús entró en la portería como una exhalación. De nuevo tablas en el luminoso parisino.
Cuando parecía que el partido se enfilaba con 2-2 al descanso, el colegiado señaló la pena máxima por una mano de Davies, que detuvo con el brazo un centro lateral de Dembélé. Kvaratskhelia elevó la mirada hacia el firmamento. El PSG había logrado de nuevo dar la vuelta al marcador.
La segunda parte sostiene el nivel y la ambición
El segundo acto arrancó con un Bayern pisando el área con frecuencia, pero su valentía chocó frontalmente con la contundencia del PSG, que armó la jugada por el flanco derecho con Hakimi, quien puso un centro que todo el mundo dejó pasar en el área, y en el segundo palo apareció omnipresente Kvaratskhelia para ampliar la ventaja.
Seguido, el Bayern se hizo el harakiri. Desprotegido, sin costuras, concedió un contraataque dirigido por Doué que finalizó Dembélé con un tiro que acarició el poste antes de cruzar la línea de gol. Cinco disparos entre los tres palos del PSG, cinco goles. El vigente Balón de Oro sumaba protagonismo.
El Bayern, de la tumba al cielo
Al filo del precipicio el Bayern, el PSG se borró, y el cuadro muniqués penalizó. Upamecano remató un libre directo teledirigido por Kimmich. La valentía del Bayern dio un margen mayor. Luis Díaz controló dentro del área rival un genial pase de Kane, vestido de director de orquesta. El colombiano, sublime, fintó y disparó. 5-4. De la tumba, al cielo. Cinco disparos entre los tres palos del Bayern, cuatro tantos. La locura eclipsaba París. Ver el encuentro daba calambres.
La secuencia de golpes dejó tocado al PSG, quedó grogui. El Bayern era infatigable. Pasó a dominar a toque de corneta. A tumba abierta hasta el pitido final. El eje parisino se quebró. Pero Mayulu, fresco, mandó el balón a la cruceta para aplacar el temor, para inspirar a los suyos. La economía del esfuerzo no existía. Guerra sin cuartel. Pacho sacó bajo palos el empate. Pedía la hora el PSG, que se llevó un equilibrado e increíble duelo.
A partir de ahora, el sinónimo de un partido excelso es ese: PSG-Bayern Múnich, una obra maestra histórica que agota adjetivos. La eliminatoria se decidirá en el Allianz Arena con máxima expectación y absolutamente abierta, como se demostró en esta auténtica oda al fútbol.