Como el apóstol Pedro en la noche del arresto de Jesús, la ministra de Sanidad, Mónica García, ha rechazado tres veces ya la pretensión de las comunidades autónomas para reiniciar desde el punto de partida la negociación del Estatuto Marco. Tras la celebración del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS), García zanjó el debate abierto por todas las CCAA que, mediante una misiva conjunta, solicitan explícitamente "el reinicio de la negociación del estatuto marco desde el inicio", apelando a "empezar de cero" y argumentando abiertamente que "no es el momento" para reformar el marco normativo. La ministra se ha negado en redondo a aceptar este planteamiento: "Ya les digo que ni me voy a saltar la ley ni voy a dejar en stand by las condiciones laborales de los profesionales que llevan 20 años esperando. Tampoco voy a romper el acuerdo alcanzado con los sindicatos mayoritarios con los que hemos estado trabajando", ha dicho.
El consejero vasco de Salud, Alberto Martínez, se conectó a la reunión de forma telemática porque tenía agendada una reunión en Barcelona para impulsar una alianza estratégica con Catalunya para reforzar la investigación y la salud infantil. Además, las cartas del Gobierno Vasco sobre el Estatuto Marco llevan tiempo sobre la mesa —o quizás en el cajón— de la ministra. Primero se expuso la postura de Osakidetza a través de reuniones bilaterales Martínez-García; después, por carta; y últimamente, haciendo piña con el resto de comunidades, incluidas las gobernadas por los socialistas.
Acuerdo "histórico" entre Osakidetza y el SME
Habida cuenta de que García (Sumar) ha dado sobradas muestras de que no tiene intención de apearse del acuerdo sellado con las centrales sindicales de clase (CCOO, UGT, CSIF y SATSE) sin el concurso de los sindicatos médicos —y que está tras los 24 días de huelga este año—, el Gobierno Vasco ha seguido su propia vía de negociación. Una línea de trabajo que ha culminado esta misma semana con un acuerdo “histórico” con el Sindicato Médico de Euskadi (SME). En resumen, Osakidetza y el SME han suscrito un documento para mejorar las condiciones laborales y retributivas del personal facultativo de la sanidad pública, que incluye un incremento progresivo de hasta el 38% en el precio de la hora de guardia para 2028, libranzas obligatorias no recuperables tras estos turnos y la reducción gradual de la edad de exención voluntaria para dejar de realizarlas hasta fijarla en los 50 años.
La directora general de Osakidetza, Lore Bilbao, ha defendido que la propuesta firmada “no excluye ni limita mejoras para otros colectivos”, en respuesta a las críticas vertidas por el resto de los sindicatos, quienes han tildado este acuerdo de “clandestino” y “clasista”, por lo que han amenazado con un “otoño caliente”. Aunque, en realidad, caliente ya iba a ser porque el SME jamás ha hablado de no secundar las huelgas que el resto de sindicatos médicos del Estado han convocado a la vuelta de vacaciones por la reforma del Estatuto Marco.
En este sentido, las comunidades autónomas han remitido una nueva carta al Ministerio exigiendo detener el proceso actual, sosteniendo que "no es el momento para reformar el Estatuto Marco" y pidiendo suprimir de la negociación las cláusulas laborales clave. Asimismo, se posicionan formalmente en el texto en contra de erradicar los turnos maratonianos, tildando la supresión de las guardias de 24 horas de medida "destructiva" para el sistema sanitario, además de calificarla de "imposible" e "irrealizable".
Sanidad prioriza el acuerdo sellado con las centrales sindicales de clase. "Yo ni voy a romper el acuerdo con los sindicatos ni voy a romper tampoco el acuerdo con los profesionales de mejorar a día de hoy las condiciones laborales. No voy a traicionar a los profesionales en sus justas demandas", remarcó García.
El choque por las guardias de 24 horas
El eje central del desacuerdo reside en la reorganización del tiempo de trabajo y la reducción paulatina de las jornadas ininterrumpidas de 24 horas. Para los gobiernos autonómicos —encargados de la gestión directa del servicio público sanitario y la articulación de las plantillas en sus respectivos mapas asistenciales—, la supresión de estos turnos resulta inviable en este momento, motivo por el cual solicitan de forma expresa en su misiva "suprimir los artículos relacionados con la jornada laboral y la eliminación de las guardias" que reclaman los sindicatos médicos. Sin embargo, la ministra ha devuelto el argumento a las autonomías: "Nosotros mantenemos que lo que es destructivo es mantener las guardias de 24 horas y el texto del año 2003. Eso sí que es destructivo para el Sistema Nacional de Salud".
Frente a la tesis autonómica plasmada en la carta sobre la inconveniencia del momento actual, Sanidad defiende que se dan las circunstancias idóneas para abordar el cambio estructural. "Tenemos un crecimiento económico histórico. Tenemos más profesionales que nunca. Hemos invertido en formar a más profesionales y tenemos más estudiantes en las facultades de Medicina. Tenemos las condiciones perfectas para ponernos a trabajar en la mejora de las condiciones laborales de los profesionales", señaló la ministra, subrayando que "no hay ninguna excusa para retrasar y volver a poner el marcador en cero". Por último, García criticó la doble vara de medir de los ejecutivos regionales reflejada en sus peticiones por escrito: "Con una mano —dijo— nos piden que eliminemos las reivindicaciones y que no escuchemos a los profesionales y, con la otra, nos culpan de no atender esas reivindicaciones. Son como el perro del hortelano, que ni quieren mejorar las condiciones ni nos dejan a nosotros".