Actualizado hace 7 minutos
Tras una jornada electoral marcada por incidentes logísticos y un conteo de votos que avanza bajo una atmósfera de extrema polarización, el candidato izquierdista Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) lograba arrebatarle el segundo lugar al ultraconservador Rafael López Aliaga (Renovación Popular), perfilándose para disputar la presidencia en una segunda vuelta contra Keiko Fujimori.
Con el 89,8% de las actas escrutadas, los resultados oficiales de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) confirman la remontada de Sánchez. La candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, se ha mantenido en el primer puesto con un 16,94% de los votos válidos (2.578.744 papeletas). Sin embargo, la verdadera batalla se libra en el segundo escaño: Sánchez alcanza el 11,97% (1.822.961 votos), superando por un estrecho margen a López Aliaga, quien desciende al tercer puesto con un 11,94% (con 1.817.943 votos).
Este cambio de tendencia responde al recuento del voto en las zonas rurales, el "Perú profundo" donde Sánchez ha capitalizado el descontento social mediante la "Ruta Castillista", prometiendo retomar el proyecto político del encarcelado expresidente Pedro Castillo. En contraste, López Aliaga concentró su fuerza en Lima y los centros urbanos, cuyos votos fueron los primeros en contabilizarse, otorgándole una ventaja inicial que se ha evaporado conforme avanzó el escrutinio de las provincias.
López Aliaga y el grito de "fraude"
Ante la inminencia de quedar fuera de la segunda vuelta, Rafael López Aliaga ha radicalizado su discurso. El empresario y exalcalde de Lima ha convocado a una "insurgencia civil" y ha instado a sus seguidores a "incendiar la pradera", denunciando, sin presentar pruebas fehacientes, un supuesto "sabotaje" y "destrozo electoral".
López Aliaga atribuye su caída en el escrutinio a los problemas logísticos registrados el domingo, cuando la demora en la distribución de material electoral retrasó la apertura de mesas en Lima. Según el candidato, esto habría impedido el voto de 1,6 millones de personas, afectando directamente su caudal electoral en unos "500.000 votos" —aún sin aportar ninguna prueba de ello—. Asimismo, exigió la detención inmediata de Piero Corvetto, jefe de la ONPE, y pidió la salida del país de las misiones de observación de la UE y la OEA, a quienes calificó de "cómplices".
"Lo que ha hecho Corvetto, más una mafia que lo rodea, es muy grave. El peor delito en una democracia es atentar contra el voto popular", ha afirmado López Aliaga y, posteriormente, el candidato aseguró que no reconocerá los resultados, incluso si estos terminaran favoreciéndole.
Piden una "prueba" de las acusaciones
Desde el centro político, el candidato Jorge Nieto (Partido del Buen Gobierno), quien se ubica en cuarto lugar con un 11,11%, ha arremetido contra la postura de López Aliaga. Nieto ha calificado de irresponsable la denuncia de fraude y exigió al líder de Renovación Popular que "pruebe" sus acusaciones y, si no, que "se calle la boca en siete idiomas", argumentando que su retórica solo genera caos y zozobra en el país.
Por su parte, Roberto Sánchez defendió la legitimidad del proceso y subrayó que "el voto del Perú profundo se va a respetar". El candidato de izquierda rechazó las alertas de "temor" y "miedo" difundidas por la derecha, asegurando que su avance es el reflejo genuino de la voluntad popular.
De confirmarse la tendencia actual, Keiko Fujimori se enfrentaría a su cuarta segunda vuelta consecutiva, en un esfuerzo por romper la racha de derrotas sufridas en 2011, 2016 y 2021. Mientras tanto, Perú aguarda el cierre de un escrutinio que, lejos de traer calma, parece haber encendido una nueva mecha de inestabilidad social.