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El próximo 7 de octubre se cumple el 90 aniversario de la designación de José Antonio Agirre y Lekube como lehendakari del primer Gobierno Vasco. La efeméride está siendo recordada en los últimos meses con diferentes actos en reconocimiento a su labor por el impulso de la identidad y las instituciones vascas, basadas en un proyecto de paz, progreso y unidad.
¿A qué obedece el inusitado interés que últimamente está concitando la figura del primer lehendakari vasco de José Antonio Agirre?
Agirre es un referente histórico por el papel que jugó en la materialización de la autonomía y sobre todo de la creación del Gobierno Vasco en una coyuntura tan difícil como la Guerra Civil. Fue un gobierno provisional y, sin embargo, su gobierno superó la provisionalidad y superó el marco de juego que el Estatuto de Autonomía le determinaba por esa situación de guerra, que significaba que Euskadi, la Euskadi autónoma, era solamente Bizkaia con dos estrechas franjas en el borde de Gipuzkoa, que eran la zona de Eibar y Elgeta, totalmente aislada por las fuerzas del bando nacional. Pero, precisamente por esta situación de aislamiento, tuvo que hacer frente a una situación de guerra y desarrollar una cantidad de competencias en todos los ámbitos que no estaban contemplados en el Estatuto de Autonomía.
Surgió como un gobierno provisional, pero terminó siendo un gobierno definitivo y eficiente durante bastantes años después.
Obligado por las circunstancias. En vez de rendirse, amilanarse y desaparecer, siguió funcionando como gobierno durante el resto de la guerra, del 37 al 39, e incluso en el exilio. Las comparaciones son odiosas, pero en Catalunya la Generalitat, que también era un gobierno autónomo que surgió antes con un Estatuto de Autonomía en marcha desde 1932, una vez que terminó la guerra y pasó al exilio, enseguida desapareció como institución, mientras que el Gobierno Vasco siguió funcionando desde el exilio y siguió operativo. Funcionó durante la Guerra Civil, en unas circunstancias totalmente adversas. La autonomía que se había pensado e idealizado para una situación de paz, la tuvo que desarrollar en un régimen de soberanía durante la guerra. Y luego, a pesar de haber perdido la guerra, siguió funcionando. Y después, cuando termina la Segunda Guerra Mundial y pueden reestructurarse y de hecho se reestructuran, durante varios años siguió siendo un gobierno operativo desde París.
Agirre era un hombre de paz, pero tuvo que organizar y prepararse para la guerra, como consejero de Defensa que también fue. ¿Son compatibles la paz y la guerra?
Es que a la guerra solo se le puede hacer frente como ellos intentaron hacerlo, con elementos bélicos. Uno no puede hacer frente al ataque del bando nacional, dotado de todas las armas, artillería, aviación…, quedándose de brazos cruzados. Si no hubieran organizado el ejército vasco, Bilbao hubiera caído un mes más tarde de la caída de San Sebastián, que es lo que pensaban los franquistas. Y los franquistas también pensaban que Madrid iba a caer para octubre o noviembre, pero se encontraron con una fuerte resistencia por parte de los sectores leales a la República, en Madrid y en el País Vasco, con ese nuevo ejército que aquí improvisaron y se estructuró con un desequilibrio total en favor del bando franquista en lo que respecta a las armas de artillería y sobre todo de aviación. Esa es la paradoja, una paradoja lógica. Agirre, como presidente del Gobierno, se hizo cargo de la cartera de Defensa.
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Agirre creó un gobierno de concentración, plural, ¿fue un pionero?
Todos los sectores que se habían opuesto al golpe militar estaban representados en su gabinete: el PNV, con cuatro consejerías, incluida de la presidencia; el Partido Socialista, con tres consejerías; y luego los distintos sectores republicanos, (Unión Republicana e Izquierda Republicana), con un consejero cada uno; así como Acción Nacionalista Vasca, que era un partido de reciente creación desde finales de los años 30, nacionalista de izquierda; y el Partido Comunista, también con un consejero. Era un gobierno de coalición, de concentración, con un programa de síntesis de los postulados de todos estos partidos y haciendo una especie de simbiosis de distintos programas”.
¿Cómo era su programa?
Hay una mezcla positiva de distintos programas, con una fuerte orientación social, pero además con elementos que lo diferenciaron respecto a otros gobiernos que se dieron en el bando republicano. Era un gobierno con un planteamiento progresista, que daba bastante importancia a los aspectos de humanizar la guerra, por ejemplo, para fomentar los canjes de prisioneros y eso lo siguió trabajando el Gobierno Vasco desde el exilio. El Gobierno Vasco se tiene que exiliar ya en agosto o septiembre del 37. Desde allí sigue haciendo gestiones sobre la situación de los presos, para intentar que las penas de muerte no se materialicen, intentar el canje de presos, humanizar la guerra...
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Agirre impulsó el Estatuto Vasco el año 36. ¿Fue el germen de los gobiernos y los estatutos vascos del periodo democrático?
Cuando muere Franco y empieza el denominado proceso de la transición, la cuestión de las nacionalidades en el Estado español es una cuestión central en la agenda política para el fin de la dictadura y para avanzar en la transición. Ahí jugaron un papel fundamental tanto Catalunya como el País Vasco. En el lenguaje político de la época, se habla de nacionalidades históricas porque Catalunya y Euskadi habían tenido esos entes autónomos que eran sus respectivos gobiernos: Catalunya desde el año 32 con la Generalitat; y el País Vasco, la comunidad autónoma de Euskadi desde octubre del 36. Tienen esa legitimidad de la legalidad democrática republicana, porque hay que entender que el Gobierno Vasco y el Estatuto de Autonomía surgen de una ley aceptada en las Cortes, que son las Cortes legítimas y democráticas del año 36. Quienes se alzaron en armas contra esa legalidad republicana son los ilegítimos y han sido ilegítimos durante 40 años. Esa legitimidad histórica que proviene de la ley articulada y materializada en el 36 es lo que da un punto de apoyo para que, cuando al final del franquismo se plantee la cuestión de las nacionalidades, se vaya por esa vía de recuperar el Estatuto. Ya no va a ser ese Estatuto provisional del 36, sino el nuevo Estatuto, que es lo que dará lugar al Estatuto de 1979 y al Gobierno Vasco consiguiente, con un parlamento propio.
Como historiador y docente, ¿cree que en Euskadi se valora y se conoce lo suficiente la figura de Agirre?
En el Estado español hemos tenido un hándicap muy importante: a la guerra le sucedió una dictadura que duró casi cuatro décadas. Y cuando llegó la llamada transición y la llamada democracia estos aspectos no fueron trabajados. En los años 70 y 80 aún teníamos muchas personas que habían protagonizado todo aquello, a los cuales se les ha dejado ir muriendo sin extraer sus relatos históricos. No se divulgaron sus historias. Por ejemplo, cuando llegó el año 86, en el 50 aniversario de la de la Guerra Civil y entonces estaba en el poder el Partido Socialista, ese aniversario pasó casi desapercibido. La memoria histórica, que tanta fuerza ha cogido últimamente, es un producto del año 2000 en adelante. No se ha hecho ni se hizo en aquellos momentos el trabajo de difusión e investigación.
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¿Hay continuidad entre aquel primer Gobierno Vasco y los que se han constituido tras la transición?
Claro que hay una continuidad evidente. Aquellas fueron unas circunstancias especiales en el marco de una guerra y luego el exilio y ahora es una situación de normalidad democrática. El origen del Gobierno Vasco actual a partir del que presidió Carlos Garaikoetxea tiene un punto de apoyo fundamental en su origen con el Gobierno de 1936 liderado por Agirre. La continuidad viene dada por la voluntad de que este pueblo tuviera una institución propia de autogobierno al máximo nivel, basado en la representación democrática del país, derivada de una mayoría parlamentaria elegida por un Parlamento emanado de las elecciones.