Polideportivo

El dogma Pogacar

El esloveno encara el Tour para coronarse por quinta vez y acceder al club de los más grandes como máximo candidato a la victoria en París, hazaña que tratarán de impedir Vingegaard, Seixas, Lipowitz, Evenepoel o Ayuso
Tadej Pogacar, durante el pasado Tour de Suiza que conquistó por aplastamiento. / efe

Entre el axioma y el dogma, irrefutable Tadej Pogacar, rey de reyes en el Tour. El esloveno que almacena cuatro coronas en la Grande Boucle, 2020, 2021, 2024 y 2025, jerarca del ciclismo, dos veces campeón del Mundo, propietario de una vitrina museística, resplandece en lo más alto. El Sol de julio. Amarillo como el maillot que unge la piel del líder.

Coleccionista de victorias, 21 triunfos de etapa en la carrera francesa, en la que debutó con la entrada de la década, Pogacar reivindica sus dominios.

El latifundio Pogacar alcanza todos los pliegues y vericuetos de la cartografía francesa, que no deja de ser su biografía ciclista.

Inasible desde 2024, el esloveno encara el Tour que eleva su grandeur desde la crono por equipos de Barcelona con la misión de conquistar por quinta ocasión La República del ciclismo francés.

Desea el arrebatador Pogacar ser parte del frontispicio del Tour, donde se exhiben Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain.

Campeones de culto. Territorio de mitos y leyendas. La fábula Pogacar, el ciclista infatigable, imagina su talla al lado de los más grandes de Francia. Ese es su reto. El desafío que persigue con la obstinación propia de los mejores, personajes excesivos, ambiciosos al extremo.

Tadej Pogacar, el máximo favorito. Efe

Lo es el esloveno, el devorador de rivales. El Caníbal sin ceño fruncido. El asesino con cara de niño. El pizpireto querubín que ríe con las travesuras y sus estupendos logros, grandiosos.

“El Tour de Francia siempre es el mayor desafío de la temporada y también la carrera que más nos motiva. Cada año, llegas a la línea de salida sabiendo que cualquier cosa puede pasar en tres semanas, y eso es lo que lo hace tan especial”, reproduce Pogacar, el campeón implacable.

El esloveno accede al Tour con el propósito de hacer historia después de un curso exagerado, hiperbólico, tantas las victorias, todas descerrajadas desde una superioridad abrumadora. Pogacar se tasa en el Tour, pero en realidad se mide a sí mismo.

A sus límites, que parece no tenerlos, desaparecidas las fronteras de la lógica, el sentido común y las leyes físicas, que no tienen ascendente sobre su organismo.

Un humano que parece no serlo. Solo un accidente, siempre azarosa, caprichosa la carrera, una odisea, podría superarlo. El otro frente es que la persona podría batir el personaje.

Que de alguna manera su voraz apetito disminuyera, cansado de la victoria, siempre rutinaria en los dos últimos cursos y medio, en los que el esloveno, tan superior, ha estrangulado hasta la asfixia la emoción y la incertidumbre. Pogacar, en su superioridad, tan distinguida, ha logrado que lo extraordinario haya mutado en ordinario.

Convertido en dios del ciclismo, Alfa y Omega de la Grande Boucle, solo un exceso de condescendencia podría abrir poros de debilidad en el campeón del Mundo, aplastante, intimidante y dominador al extremo desde aquel “I’m gone, I’m dead” que balbuceó a modo de epitafio bajo el influjo del Col de la Loze en el Tour de 2023.

El imbatible

Desde el réquiem, desde la bilis de aquella derrota dura que le desnudó del todo, Pogacar ha blindado su estatus, impenetrable su armadura. Nadie como él. Habita el esloveno en otra dimensión, desconocida para el resto, que cierra los ojos para no quedar cegado por el brillo de su luz.

Solo un eclipse total podría amortiguar el favoritismo del esloveno, a cada carrera más fuerte, ajeno a los límites del ser humano.

Pogacar dejó de ser un cálculo matemático, de potencia, velocidad y resistencia para convertirse en una asunto filosófico, más propio de esas profundidades. Un misterio.

Omnipotente, deidad sobre la bici, maneja al resto de competidores como si se trataran de simples marionetas necesarias para sublimar su obra maestra, a cada representación más asombrosa.

Figurantes de su show. Secundarios imprescindibles para prestigiar sus victorias irrebatibles, lacerantes el resto, sufrientes ante semejante coloso.

Jonas Vingegaard, su principal rival. Europa Press

Donde los mortales reptan, padecen, jadean, se retuercen y alcanzan el abismo, Pogacar sonríe, vacila, corre en apnea o silba, según proceda, y siempre gana con una insultante facilidad.

Esa sensación, que comenzó en 2024 es en la bisagra de 2026 el modus operandi de sus escenificaciones. Hace lo que quiere en cualquier carrera. Ajeno al padecimiento.

El Tour es lo que quiera el esloveno. En sus dos últimos victoriosos Tours, Pogacar ha sumado diez victorias parciales. Eso concede la medida de su superioridad. Intimidante en todos los terrenos.

“Me siento bien, tengo muchas ganas de competir y sé que contaré con un fantástico grupo de compañeros y personal a mi alrededor. Tenemos mucha confianza los unos en los otros y hemos acumulado mucha experiencia juntos a lo largo de los años”, describe el esloveno.

A su espalda, porque Pogacar corre el Tour girando el cuello para establecer la impotencia de sus rivales, cada vez más alejados, a distancia telescópica, se sitúa Jonas Vingegaard, el adversario más capaz.

Los opositores

El único ciclista de esta era que ha sido capaz de batirle en el julio francés. El danés derrotó al esloveno volador en 2022 y 2023.

Con la perspectiva del tiempo es innegable que esas victorias son dos hazañas, dos gestas. Vingegaard tendrá que recurrir a la mística si pretende someter al esloveno.

Florian Lipowitz, tercero el pasado curso. Unai Beroiz

El danés se adentrará al Tour con un repunte, una gran campaña de resultados y el Giro en el bolsillo. Sucede que se antoja improbable que incluso en su mejor versión pueda limar a Pogacar y voltearle.

Es una lucha de un mortal contra un ser divino que no pertenece a este planeta.

“Habrá rivales fuertes, etapas difíciles y muchos otros momentos impredecibles, pero estamos preparados para darlo todo”, subraya el esloveno, consciente que aquello que algún día fue una grieta, una brecha, es ahora una falla.

Eso le separa de Vingegaard, un ciclista tremendamente sólido, dispuesto al asalto. La distancia entre ambos es grande. Con todo, el danés no es asustadizo.

Combatirá y no se rendirá a pesar de que los últimos asaltos en el cuadrilátero del Tour los ha vencido Pogacar por K.O. Vingegaard pretende una pelea que se resuelva a los puntos.

El joven Seixas, campeón de la Itzulia, es la alternativa gala. Unai Beroiz

Paul Seixas, la gran sensación francesa, debutante, la joven luminaria que lleva sobre los hombros el anhelo de Francia, el deseo de otro campeón del Tour, un desierto desde la victoria en 1985 de Bernard Hinault, buscará la revolución.

El galo no solo se estrena en el Tour, también disputa por vez primera una carrera de tres semanas. Se enfrenta a la gran epopeya para certificar lo que se espera de él, (varias voces le sitúan como el relevista de Pogacar para el futuro) con la exuberancia y el descaro innegable de la juventud que se quiere comer el mundo. Aspira a lo más alto. El Tour medirá su estatura.

El belga Evenepoel, candidato al podio. Red Bull

Junto a Seixas, en esa lucha entre los jerarcas, se espera la huella de Florian Lipowitz, tercero en la pasada edición del Tour, su compañero Remco Evenepoel, podio en la edición de 2024, Juan Ayuso y el propio compañero de Pogacar, el mexicano Isaac del Toro.

Todos ellos se citan en una competición que crece hasta el montañoso estallido final desde la crono por equipos de Barcelona, escalando una jornada en los Pirineos, atravesando el ardiente Macizo Central y los Vosgos, contando el tiempo en una crono individual en la última semana hasta el examen definitivo en los Alpes, con doble llegada en Alpe d’Huez, antes del paseo triunfal por los Campos Elíseos de París. El dogma Pogacar.

04/07/2026