Actualidad

El Departamento de Educación activará un plan de apoyo a los institutos para adaptarlos a la nueva PAU

El Gobierno Vasco desplegará a partir del curso 2026-2027 una estrategia multinivel que incluye la creación de materiales, asesoramiento en centros y el uso de los resultados de la selectividad como herramienta de mejora pedagógica
Alumnos de la Prueba de Acceso a la Universidad celebrada a principios de junio en los campus de EHU. Foto: Iker Azurmendi
Alumnos de la Prueba de Acceso a la Universidad celebrada a principios de junio en los campus de EHU. Foto: Iker Azurmendi / Iker Azurmendi

Actualizado hace 4 minutos

El Departamento de Educación ha diseñado una estrategia integral de apoyo para acelerar la transformación metodológica en los centros educativos a partir del próximo curso 2026-2027. Así se recoge en la Resolución que envió ayer a los institutos que regula la organización de los centros públicos de Secundaria y, por primera vez, orienta su estrategia para los cursos 2026-2027 y 2027-2028. La finalidad del documento de 131 páginas, al que ha tenido acceso este periódico, es orientar un trabajo sostenido que, desde la evaluación para la mejora (uso de evidencias internas y externas) y la mejora de los resultados en competencias clave (especialmente lectura, matemáticas y ciencias), “promueva el bienestar y la convivencia y reduzca las brechas de equidad, en el marco de la autonomía y la responsabilidad de cada centro”.

La Resolución dedica un capítulo completo a la Evaluación Diagnóstica y Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). El Departamento de Educación considera “estratégica” la PAU en el proceso de adecuación al modelo competencial establecido en el Decreto curricular de Bachillerato, como “palanca” para avanzar hacia un modelo más competencial en dicha etapa, coherente con la Estrategia integral de mejora y la normativa que regula esta prueba.

La estrategia diseñada para acelerar la transformación pedagógica busca dotar a los equipos docentes de las herramientas necesarias para transitar hacia el nuevo enfoque competencial que exige la PAU, dejando atrás los modelos de aprendizaje puramente memorísticos. Para lograr una implantación eficaz, la Administración educativa ha estructurado su intervención en tres niveles de actuación simultáneos: institucional (macro), de centro (meso) y de aula (micro).

A escala de Departamento (nivel macro), la primera medida será la constitución de una comisión técnica que liderará el diseño de nuevos materiales didácticos y modelos de evaluación adaptados al enfoque de la nueva selectividad y alineados con las didácticas específicas. Asimismo, se “priorizarán” las acciones formativas del profesorado en las materias comunes de Bachillerato (Lengua Castellana y Literatura II, Lengua Vasca y Literatura II, Historia de España / Historia de la Filosofía y Primera Lengua Extranjera II). Educación también lanzará programas de autoformación centrados en metodologías activas, evaluación formativa y en el diseño de situaciones de aprendizaje.

Radiografía de las notas: la PAU como herramienta pedagógica

En el ámbito de los centros escolares (nivel meso), el plan introduce un cambio de paradigma: la PAU dejará de verse únicamente como una llave de acceso a la universidad para convertirse en una fuente de información pedagógica de “alto valor” para los propios centros educativos. A través de los informes agregados que remite Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU), los institutos podrán medir el grado de alineación entre sus clases y las exigencias universitarias.

Educación recomienda que este análisis se incorpore formalmente a las reflexiones de inicio de curso, entre septiembre y octubre, cruzando los datos de la PAU con otras evaluaciones externas como los diagnósticos de la ESO. Esta auditoría interna permitirá a los centros detectar “desajustes” entre las notas del propio instituto y el rendimiento real en la selectividad, identificar qué asignaturas flaquean, valorar la eficacia de sus metodologías y definir acciones de mejora concretas.

Toda esta tarea estará coordinada por las comisiones pedagógicas de los centros, contará con la participación activa de los asesores BeA o BODI, y deberá quedar reflejada de forma “obligatoria” en el Plan Anual de Centro (PAC) para asegurar un acompañamiento real a los profesores en su cambio metodológico. Además, se apoyará la creación de comunidades profesionales para compartir las buenas prácticas resultantes.

Finalmente, el cambio llegará al día a día de los estudiantes (nivel micro) a través de un programa piloto centrado en las áreas de lenguas, matemáticas y ciencias. Este proyecto experimental buscará transformar la dinámica tradicional de las clases, priorizando el desarrollo del pensamiento crítico y creativo, la gestión de la información, la resolución de problemas complejos y el trabajo colaborativo. Asimismo, se potenciarán las estrategias de evaluación formativa, un sistema donde el seguimiento continuo del aprendizaje cobra más peso que la simple calificación de un examen final.

Estudiantes repasando los apuntes para la PAU.

Estudiantes repasando los apuntes para la PAU. EUROPA PRESS

La estrategia integral de apoyo para acelerar la transformación metodológica en los centros educativos coincidirá con el año en el que la PAU vivirá su primer gran ajuste técnico. La transición de la antigua selectividad a la nueva Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) avanza según el calendario previsto. Tras un primer año de debut marcado por la incertidumbre, este curso se ha convertido en el escenario de consolidación de uno de los cambios más complejos y debatidos del sistema educativo reciente.

Concebida originalmente en el marco de la LOMLOE para implantarse de forma inmediata, el Ministerio de Educación se vio obligado a diseñar una transición progresiva de cuatro años (2025-2028). Esta decisión respondió a la intensa presión ejercida por las comunidades autónomas, las universidades y las protestas de los propios estudiantes, quienes exigían tiempo para adaptarse al nuevo enfoque sin que sus calificaciones se viesen perjudicadas en el acceso a la universidad.

Una implantación en escalera hasta 2028

La reforma se está ejecutando mediante un sistema de progresión gradual, diseñado para incrementar progresivamente el peso de la evaluación por competencias mientras se reduce la dependencia de la memorización pura y dura. El debut se produjo en 2025 y supuso la primera toma de contacto. El cambio clave radicó en la obligatoriedad de incluir, al menos, un bloque o ejercicio de carácter marcadamente competencial –orientado a aplicar lo aprendido a un contexto real– en cada asignatura. Asimismo, desapareció el derecho a elegir entre la Opción A y la Opción B completas, obligando al alumnado a estudiar todo el temario, aunque manteniendo cierta opcionalidad interna entre preguntas.

Uno de los pilares más estrictos de esta transición está siendo la exigencia en la expresión escrita. La normativa vigente determina que la presentación, la coherencia del discurso y la corrección gramatical deben suponer, como mínimo, un 10% de la nota final en absolutamente todos los exámenes, afectando de igual manera a materias de ciencias puras como Física o Matemáticas.

Las penalizaciones específicas por faltas de ortografía se aplican de forma rigurosa en los tribunales de corrección. En materias como Lengua Castellana y Literatura II, así como en las lenguas cooficiales, como el euskera, los errores ortográficos y gramaticales pueden restar hasta 2 puntos de la calificación del examen. En el resto de asignaturas de humanidades o ciencias, como Historia, Geografía o Biología, la penalización puede alcanzar hasta 1 punto.

La consolidación se ha vivido este curso, destacando por un aumento notable en el peso porcentual del bloque competencial dentro del examen. De manera paralela, las administraciones han refinado y homogeneizado las rúbricas y criterios de corrección comunes entre las distintas comunidades autónomas con el objetivo de evitar agravios comparativos.

El ajuste técnico llegará en 2027. De cara al próximo año la Comisión Organizadora de la PAU, integrada por miembros de Euskal Herriko Unibertsitatea y Educación, centrarán sus esfuerzos en ajustar los criterios de evaluación basándose en los datos y resultados de las dos primeras convocatorias, puliendo los denominados modelos cero o exámenes de ejemplo.

La implantación total se alcanzará en 2028. El proceso culminará cuando el examen pase a ser 100% competencial en todas las asignaturas. En ese punto, desaparecerá por completo el formato tradicional de reproducir teoría memorizada, evaluando en su lugar la madurez académica global del alumno.

Por otro lado, las evaluaciones diagnósticas (ED) constituyen la otra gran pata de la evaluación externa. En septiembre, los centros recibirán el informe de la ED 26 de final de etapa en 4º de ESO en competencia científica, matemática y comunicación lingüística (en euskera y en castellano). Como parte de este impulso a la cultura de mejora continua basada en evidencias, el curso 2027-2028 se llevará a cabo una Evaluación Diagnóstica de mitad de etapa en 4º de Primaria y 2º de la ESO.

La prueba tendrá un carácter censal, por lo que se aplicará a todo el alumnado, y carecerá de consecuencias académicas para los estudiantes. El propósito de este examen es doble. Por un lado, busca valorar el nivel competencial del alumnado a mitad de su ciclo educativo para definir políticas públicas de mejora. Por otro lado, servirá de guía para que los colegios e institutos seleccionados puedan revisar, ajustar o reforzar las acciones que ya planificaron tras las evaluaciones previas.

2026-06-25T07:32:02+02:00
En directo
Onda Vasca En Directo