Existe un mantra vital procedente de la sabiduría del que ha vivido con claros y oscuros, que no dejan de ser las luces que iluminan la vida y sus colores, que dice que hay que hacer de lo ordinario lo extraordinario.
Aunque el planteamiento es sencillo, realizarlo es complejo porque la base no responde a la lógica de una taza de Mr. Wonderful. Es más profunda.
Primero, es necesario alcanzar la consciencia a través del aprendizaje y después poseer la habilidad de materializarlo.
Jokin Altuna, maestro excelso, catedrático de los frontones, es capaz de unir ambos conceptos e incluso ampliar su radio de acción a través de la excelencia.
Pelotari de estirpe ganadora, prestidigitador y mago a tiempo completo, el de Amezketa es capaz de convertir lo extraordinario en cotidiano, que es un poder formidable cuando se trata de competir al límite.
Dominio de Altuna III
Por eso, cuando en la noche de este viernes en el Beotibar de Tolosa obtuvo el pase para las seminales del Cuatro y Medio en un duelo de camina o revienta frente a Jon Ander Peña, al que superó por 22-15, todo quedó ordenado. Fue otra lección de su magisterio.
Nadie esperaba al de Amezketa en la tesitura de jugársela en el tercer partido de la liguilla de cuartos del acotado, pero la derrota en la primera jornada ante Zabala y la victoria ante Laso, le situaron en ese escenario.
Ninguno domina esos pasajes como Altuna, excelso competidor en duelos sin retorno. Logró con la victoria su undécima presencia consecutiva en las semifinales del Cuatro y Medio. Algo extraordinario que el de Amezketa ha normalizado, como si se tratara de una costumbre.
Hace fácil lo difícil Altuna, que dibujó en Tolosa su mejor partido del torneo. Mandó desde el inicio y adquirió suculentas rentas ante Peña II, presionado desde el marcador, peleado el de Tolosa con la acumulación de errores. Cometió demasiados Jon Ander Peña que entregó 11 fallos en su tarjeta.
Tacada de Peña II
Demasiada ventaja para un sólido Altuna. Dominador el de Amezketa, que llegó al meridiano del pleito con un 11-4 a favor. Viajaba en la comodidad de un chaise longue.
El duelo seguía la misma pauta, con Altuna perforando el costado derecho de Peña II, hasta que reaccionó el tolosarra, que se subió al partido de un respingo y una formidable tacada de riesgo y aciertos.
Del 17-8 transitó al 17-15 en su mejor versión. Altuna no dejó que la revolución fuera completa y enlazó la tacada definitiva para pisar las semifinales del Cuatro y Medio otra vez. Una constante. Una tradición. El cotidiano Jokin Altuna.