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Forma parte de una estirpe que arrancó cuando su abuelo Jesús se trasladó desde Amorebieta a Bilbao para trabajar en una pequeña sastrería. Rafael Gardeazabal, dueño de la tienda Sastrería Derby, un clásico del vestir masculino de la capital vizcaina desde 1948, cierra este martes una puerta, la de ejercer como presidente de bilbaoDendak –la primera plataforma de comercio urbano del Estado español, que agrupa a más de 2.000 establecimientos–, convencido de las grandes oportunidades que tiene por delante el comercio local en una ciudad en constante transformación y que, como ha comprobado desde 2019, cuando asumió el cargo, sabe sobreponerse a los sobresaltos. “Siempre soy moderadamente optimista”, señala mientras desbroza la situación actual y venidera en Bilbao del comercio y la hostelería.
En su despedida al frente de bilbaoDendak, ¿qué radiografía hace del comercio en la ciudad?
Mucha gente dice que está en decadencia, con problemas y debilidades, pero yo no compro ese mensaje. Está en profunda transformación, con nuevos hábitos de consumo, sobre todo a raíz de la pandemia, nuevas herramientas digitales... Ocurre que muchas veces el comerciante es reticente a esos cambios y, quien no se amolda a ellos, lo pasa mal. En Bilbao hay unos 4.000 comercios (3.914 exactamente), y a la inmensa mayoría le va razonablemente bien. Soy más partidario de hablar de las buenas cosas. Eso no quita para dejar de señalar problemas como la injusticia fiscal, que es abrumadora respecto a la venta online, o de los problemas que provoca el masivo consumo de lo barato. Pero conociendo el escenario, toca combatirlo con nuestras fortalezas, que son muchas.
¿Por ejemplo?
No solo la tienda física, sino los productos de cercanía, la economía circular, el hecho de pagar aquí nuestros impuestos. Hay que contar esto para que el consumidor no solo base su compra en el precio sino que piense en comunidad, en hacer ciudad. Porque de la manera en que consumamos, tendremos un Bilbao u otro. Es decir, si existen lonjas cerradas en muchos barrios es porque la gente no ha comprado en la tienda que había ahí, y tenemos que reflexionar sobre eso. No soy en absoluto pesimista. Un comercio bien gestionado es una vía fantástica para desarrollar cualquier proyecto de vida. De hecho, hay planes de emprendimiento de las instituciones (Ayuntamiento, Diputación y Gobierno Vasco) que funcionan muy bien y permiten abrir comercios con un buen plan de negocio, financiación y producto. Tenemos que vender más lo bueno, lo malo hay que combatirlo.
¿Cuánto daño hace la venta ‘online’ o los cambios en los hábitos de consumo de la ciudadanía?
Yo hablaría más de daño si no te amoldas. Sin ir más lejos, tras la pandemia, en la hostelería se fue imponiendo el tardeo y la gente ha empezado a consumir en otro horario diferente al de la noche. El perjuicio de la venta online viene más por esa indefensión fiscal. Eso sí, hay comercios que están trabajando muy bien las herramientas digitales, las redes sociales, y que además cuentan con gente comprometida y militante que quiere consumir productos de su ciudad. El mercado de la Ribera tiene una plataforma de venta online que va fenomenal para quien tiene problemas de compatibilizar el horario. Y hay pequeños comercios que saben promocionarse –un ejemplo, en Instagram, Lencería Egay, en la calle Ercilla, empresa familiar de segunda y tercera generación que conozco y que ha sabido adaptarse–. Otros piensan que con 55 años y mirando a la jubilación no están para eso. El que tiene ilusión, y la IA permite avances brutales, puede competir con las grandes plataformas.
¿Qué aporta el comercio a Bilbao?
Basta un dato: el turismo aporta un 6,7% del PIB de la ciudad, mientras que el comercio está cerca del 12%, casi el doble, por eso hay que defenderlo y trabajarlo para que siga siendo una herramienta económica y social. Y eso se hace ejerciendo un consumo razonable.
¿Por dónde pueden discurrir, geográficamente hablando, las vías de crecimiento en este sector?
Las zonas comerciales por excelencia están más o menos instaladas: el Casco Viejo, Abando-Indautxu (Rodríguez Arias, Gran Vía, Colón de Larreategui), las calles transversales... En todas estas ya clásicas se encuentra el foco. Pero es cierto que en los barrios hay zonas no tan grandes donde se aglutina el comercio y funciona muy bien. Por ejemplo, yo vivo en la zona de Castaños, y en la parte del funicular y las adyacentes hay mucho movimiento; subes a Santutxu y lo mismo. Y después tenemos a futuro la expansión de Zorrotzaurre y Abando, donde el comercio puede hallar una gran oportunidad. El gran cambio será cuando desaparezca esa playa de vías de la estación de Abando, porque toda esa zona unirá Bilbao la Vieja con el centro. Bilbao es una ciudad muy viva que cambia continuamente y ahí es donde hay que meter el hocico. Son zonas de oportunidad y ayudarán a otras como Bilbao Zaharra, que hoy en día ya está renaciendo, sobre todo a nivel de hostelería, ya que desaparecerá la barrera arquitectónica que separa un lado del otro.
Hay barrios donde parece costar más esa implantación. Le cito uno: Miribilla. A veces da la impresión de que abren y desaparecen tiendas en un abrir y cerrar de ojos.
El problema de Miribilla es que se desarrolló urbanísticamente mal. Se hizo el proyecto de que en cada edificio construido todos los bajos se iban a dedicar a locales comerciales. Pero como barrio no tiene tanta capacidad para mantener tantos comercios. Y ahora ves bajos vacíos o mucho ladrillo que incluso nunca se ha abierto. Otra traba es que quienes viven ahí proceden de lugares de la periferia o del propio centro, punto con el que hay muy buena conectividad, por lo que muchos siguen bajando al centro a comprar. Su hábito de consumo sigue siendo el de antes. Miribilla también tiene sus tiendas y hostelería afianzadas pero arrastra aquel plan urbanístico.
¿Está sabiendo Bilbao conjugar su tradición comercial con ser ya una ciudad de turismo y servicios?
Yo recuerdo aquel Bilbao en que te tapabas la nariz pasando por Campo Volantín, un mundo industrial con altos índices de paro. Hoy, con aciertos y fallos, nada tiene que ver. La actividad económica es positiva, el efecto Bilbao se estudia en universidades y libros de Urbanismo como emblema de cambio. Es fantástico que cada vez venga más gente a conocernos, solo que hay barrios donde el propietario prioriza el alquiler turístico al de los estudiantes, jóvenes o familias. En esto último las instituciones deben ser más agresivas porque la vivienda no puede estar en manos del especulador, pero es un problema global.
Basta darse un paseo por el Casco Viejo que a veces parece irreconocible con tanta tienda de ‘souvenirs’.
Ocurre que no estábamos acostumbrados. A veces el comercio se junta por sectores. Mismamente, cerca del Museo de Bellas Artes hay 25 tiendas de decoración que se han agrupado de forma natural para hacer ese hub. Y en Bidebarrieta y calle Correo pasa lo mismo con esos locales que te venden el Puppy de peluche. Pero, claro, todos los que vamos a cualquier ciudad siempre acudimos a su Casco antiguo, por lo que es normal que se concentren ahí.
¿Cómo afecta que cadenas hoteleras se apropien de rincones que nos resultan casi emblemáticos?
Que afloren hoteles es positivo porque hay más capacidad de atraer a turistas, aunque tiene la rémora de que pone más trabas al problema de la vivienda antes citado. Pero no hay solución mágica. Depende de qué tipo de hotel y de dónde se abra. Por lógica siempre aporta un turismo de calidad que no es el de mochila y chancletas. Lo que se está haciendo bien en el sector del turismo es el trabajo de la desestacionalización, que no sea solo en verano y lo estiremos a todo el año. En el pasado Fitur los datos estaban claros: antes, de enero a junio, la línea era plana y subía de junio a septiembre. Ahora hay picos en Semana Santa, puentes festivos, y acontecimientos como el BBK Live, el Blues Festival o el rugby.
¿Qué le sugiere la puesta en marcha del impuesto turístico?
Lo veo positivamente. La gente que viene disfruta de nuestros servicios y no tiene que ser de manera gratuita. No es mucho dinero pero si se recaudan 10 o 12 millones de euros redundará en mejor servicio para los bilbainos. En ningún sitio en que se ha implantado esta tasa ha repercutido en que baje el turismo.
¿Cómo percibe la respuesta final al sistema Batuz o TicketBAI?
Cuando entré en 2019 ya se hablaba de que en diciembre de 2020 se iba a implantar. Yo soy partidario. Nos quejamos de que Temu y estas plataformas no tributan y nosotros teníamos empresas que de una manera u otra no funcionaban de forma correcta a nivel fiscal, y eso es algo que todos los sabemos. Que todos aportemos al bien común con nuestros impuestos es positivo. El que creía que le iba a bajar la facturación es que igual estaba enfocando mal su negocio. Ese dinero que se paga es positivo para todos porque nos iguala.
¿Cómo se ha desarrollado la relación con las instituciones?
Una de mis mayores sorpresas ha sido su compromiso enorme con el comercio. Durante la pandemia se nos tenía muy en cuenta y se nos daba casi siempre un sí por respuesta. Y yo no hablo de ningún grupo en concreto porque tengo sintonía buenísima con todos los partidos políticos, con todos. La concejala de comercio del Ayuntamiento es la vicepresidenta de bilbaoDendak. El Ayuntamiento está dentro, que es como debe ser.