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Si el tiempo lo permite, el sábado Montellano viajará al pasado para rendir homenaje al escritor Antonio de Trueba a través de una representación teatralizada en este barrio de Galdames en el que nació el 24 de diciembre de 1819 (la asociación Gurguxa comunicará la nueva fecha si se suspende en caso de lluvia) Una ocasión para reunirse y enorgullecerse de las raíces en la que seguramente el bar se convertirá en un punto de encuentro vecinal. El establecimiento ha cambiado recientemente de manos, abriendo la puerta a un nuevo comienzo, de la capital a Enkarterri, para Yolanda Etxebarria e Iñaki Méndez, que este verano abandonaron el Urdiña de la Plaza Nueva de Bilbao que gestionaban desde hace 26 años.
El renombre del Txakoli Avellanal, siempre ha precedido a Montellano. A su jubilación en 2006 “el Ayuntamiento rehabilitó la escuela de barrio para convertirla en bar restaurante”, según explica la concejala Nagore Orella. Así, el comedor ocupa hoy en día “lo que fue la vivienda de la maestra y el bar, la escuela”. Una exposición fotográfica con instantáneas antiguas recuerda ese pasado del edificio ligado a la enseñanza con el fin de recuperar la memoria viva del municipio.
En esta etapa del bar se ha suscrito un contrato de un año prorrogable si las dos partes están de acuerdo con el abono de un alquiler de 77 euros al mes, IVA incluido. El Consistorio, por su parte, ha acometido una puesta a punto en aspectos como la pintura.
Nacida en La Arboleda, “aunque mis padres permanecieron allí muy poco tiempo”, mientras que su marido es natural de Indautxu, Yolanda reconoce que el campo le tira tanto como para marcharse “hace siete años a vivir a El Llano”. Hace ya tiempo que barajaban traspasar el Urdiña de la Plaza Nueva porque “estamos exhaustos”.
La concejala Nagore Orella y la alcaldesa Raquel Larruskain (en el centro), en la fiesta de inauguración
“Bilbao no es el que era en lo que respecta a la hostelería. No puedo competir contra gente que compra bajo producto y lo quiere cobrar como lo quiere cobrar, aparte de que el cliente tampoco aprecia la calidad”, a lo que se añade que “los impuestos suben cada vez más: los veladores por la terraza se encarecieron mil euros”. Además, camina más intranquila por las calles de la capital vizcaina por temor a posibles robos. Un cúmulo de factores que influyó en que dieran por clausurada la etapa del Urdiña el pasado 25 de junio.
Pero, como reza el dicho, cuando una puerta se cierra, una ventana se abre. Habían planeado un tiempo de pausa hasta que su teléfono vibró con un mensaje de la concejala del Ayuntamiento de Galdames Nagore Orella, a quien había contactado una clienta del Urdiña convencida de que Yolanda e Iñaki eran idóneos para tomar las riendas del bar de Montellano. Al acudir al Ayuntamiento para recabar más información, se toparon con otra “habitual de toda la vida” del establecimiento, como si estuvieran “destinados” a Enkarterri.
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Bien es cierto que al principio se mostraron reacios a inspeccionar el local porque “yo me encontraba agotada de la hostelería” a la que se ha dedicado los últimos cuarenta años, “desde los 14” y que “implica mucho tiempo”. Cuando finalmente subieron a Montellano, “nos enamoramos de la gente, que es maravillosa”. Aún se lo pensaron un par de semanas más “para valorar si nos cuadraba, puesto que tampoco queríamos cogerlo y marcharnos” una vez dieran su palabra. La balanza se inclinó del lado del “¿por qué no?: nos convencimos de que éramos capaces y nos gustan las aventuras”.
Reabrieron el 25 de septiembre, exactamente tres meses después de marcharse del Urdiña con una inauguración por todo lo alto con DJ a la que se sumaron numerosos incondicionales de Bilbao junto a los parroquianos locales y que congregó en total a “alrededor de 250 personas”. Ese día presentaron la redecoración “más que reforma” que acometieron para imprimir su sello personal al bar.
Yolanda e Iñaki han dado su toque personal a la decoración
Han respetado la carta de la anterior inquilina porque “trabajaba bien” añadiendo sus especialidades: “paella de bogavante con langostino, nécora, pulpo a la gallega, pudding de cabracho, cordero, lubina al horno, rape, merluza en salsa…” Han establecido el día de descanso semanal los lunes “y si cae en fiesta, el martes” y abren de martes a jueves de 18.00 a 22.00 horas, los viernes desde las 18.00 horas hasta terminar con las cenas y los sábados y domingos, todo el día. Eso, sí, se reserva “siempre por encargo y no más de lo que podemos abarcar”. En los perfiles de Facebook e Instagram de Bar Montellano Galdames disponen del menú y teléfono de contacto.
Se reparten las tareas entre “cuatro personas entre barra, cocinas, etc.” En la fase inicial “ha sido una locura porque no imaginábamos que habría tantos comensales, mi marido y yo hemos llegado a trabajar quince horas”. Pasando todo a limpio, "estamos felices porque disfrutamos de lo mejor del campo y la ciudad y todos en la familia hemos encontrado nuestro lugar en Galdames, conocemos a los vecinos y vecinas, tienen ganas de hacer cosas". "Desde luego, no nos vamos a aburrir”, presagian, en un lugar que "rebosa energía".