El calentamiento del mar está provocando movimientos inéditos de las especies pesqueras, que obligan a la flota a cambiar de estrategia para sobrevivir y para mantener el suministro de pescado a los consumidores, que también deberán asumir cambios.
La ausencia de caballa (verdel o xarda) o de pulpos del norte del país o el desplazamiento de las pesquerías a más profundidad destacan entre las consecuencias de las altas temperaturas marinas.
El presidente de la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores (FNCP), Basilio Otero, cuenta que "la mejor definición" de cambio climático se la dio un marinero de Formentera que dijo: "Por primera vez, lo que me enseñó mi padre y mi abuelo empieza a no servirme".
Altas temperaturas
Como ejemplos, apunta que este año la costera del bonito ha empezado 10 días antes que nunca, el pasado año 15 días antes que los anteriores y, en paralelo, las especies que antes se pescaban a 20 metros de profundidad ahora se capturan más lejos, a 30 o 40.
La temperatura provoca que las algas desaparezcan, que los peces que las coman se muevan y que los que comen a esas especies también; la cadena trófica se mueve y los pescadores "mueven sus costumbres", según Otero.
Efectos de largo alcance
La investigadora del Centro de Baleares del Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC), Beatriz Guijarro, ha señalado que los efectos son muy variados, dependen de las especies y de la zona y se están empezando a conocer.
En el hemisferio norte, Guijarro menciona estudios que muestran que el salmonete es más abundante en aguas septentrionales, no solo de España, sino del Atlántico; en el Mediterráneo cita la gamba blanca, que se está encontrando en zonas que no estaba antes como el golfo de León y las aguas andaluzas.
Otro cambio, según Guijarro, es la diferencia en las épocas de reproducción, ya que hay especies que maduran antes y cita un estudio sobre la merluza que concluye que en climas más cálidos llega a su talla de primera madurez antes que en zonas más frías.
Reconoce que el calentamiento puede ser muy perjudicial para la pesca, sobre todo para la flota que está dirigida a una especie y una zona concreta, como una ría marisquera, porque "o se adapta a capturar otras o cambia de zona o no podrá mantener sus capturas", mientras que barcos más grandes tendrán más posibilidad de adaptarse y alejarse.
En cuanto al consumo, opina que la oferta de ciertos pescados oscilará, pero también señala que los consumidores deberán tener la mente abierta porque van a llegar a las aguas españolas especies más tropicales y cita el caso del cangrejo azul.
La caballa, el pulpo y unas normas a remolque
El gerente de la Organización de Productores Pesqueros del Puerto de Burela (Lugo), Sergio López, ha resaltado el ejemplo de las especies pelágicas, como la caballa que no está llegando a las costas cantábricas porque se queda en el norte, por lo que las capturas en la flota de litoral "han bajado un 90%". También menciona las sardinas que disminuyen en el sur español y se desplazan más al norte del país o a Portugal.
Un caso muy mediático ha sido el del pulpo, "desaparecido" de las aguas españolas y presente en las de Bretaña (Francia) o el Reino Unido; otra consecuencia es la de las algas invasoras. "Son historias tan rápidas que es imposible adaptarse, y las normas van a remolque", recalca López, que habla de la "rigidez" en las decisiones sobre las cuotas o a una Política Pesquera Común (PPC) de hace trece años que el sector ve desfasada.
Reconoce que la escasez de pescado eleva los precios, pero explica que para los marineros no es rentable, porque la mayoría de los sueldos del sector están relacionados con las capturas y, además, no compensa la subida del gasóleo.