Cada 23 de junio, cuando el sol comienza a ocultarse y la víspera de San Juan envuelve Hernani en una atmósfera especial, cientos de personas se congregan en Gudarien Plaza para asistir a uno de los actos más singulares de las fiestas patronales: el Akelarre. Antes de que la gran hoguera ilumine la noche más corta del año, sorginak, personajes mitológicos, inquisidores y el mítico Aker toman el protagonismo en una representación que se ha convertido en una de las señas de identidad culturales del municipio.
Este 2026 la celebración adquiere un significado especial. El Akelarre cumple 40 años. Cuatro décadas después, aquella iniciativa impulsada por jóvenes hernaniarras en plena década de los ochenta sigue reuniendo a cientos de personas y manteniendo vivo un espectáculo que combina tradición popular, reivindicación social, mitología vasca y participación ciudadana.
De hecho, la historia del Akelarre de Hernani se remonta a 1986. Eran años marcados por los cambios sociales, la crisis económica y una intensa vida asociativa juvenil. En ese contexto, un grupo de jóvenes del municipio decidió crear una actividad que sirviera para unir a distintas cuadrillas y generar un espacio festivo alternativo dentro de las celebraciones de San Juan. Así nació el Akelarre.
La elección de la temática no fue casual. La mitología vasca y la figura de las sorginak ofrecían un imaginario poderoso, vinculado además a las antiguas celebraciones del solsticio de verano. Según diversas referencias históricas, el término akelarre procede de nuestro idioma y hace referencia al lugar donde supuestamente se reunían las brujas bajo la presidencia de un macho cabrío, el Aker. Con el paso de los siglos, aquella imagen asociada por la Inquisición a la brujería pasó a formar parte del patrimonio cultural y simbólico vasco.
Mensajes sociales y reivindicación
En Hernani, sin embargo, el Akelarre no nació como una recreación histórica estricta. Desde sus primeros años fue concebido como una representación popular capaz de incorporar mensajes sociales y reivindicativos adaptados a cada época. Esa dimensión crítica ha acompañado al espectáculo durante toda su trayectoria.
La estructura básica del Akelarre apenas ha cambiado con el paso de los años. Durante la tarde de la víspera de San Juan, una kalejira recorre las principales calles de Hernani. El desfile está integrado por sorginak, personajes fantásticos, demonios, galtzagorris, representantes de la Inquisición y el propio Aker, figura central de la representación.
La comitiva desemboca posteriormente en Gudarien Plaza, donde tiene lugar la escenificación principal. Allí se desarrolla un espectáculo teatral y coreográfico que recrea el enfrentamiento simbólico entre las fuerzas que representan la libertad, la cultura popular y las creencias ancestrales frente a la persecución encarnada por la Inquisición.
Acto multitudinario
Con el paso de los años, el montaje ha ido creciendo hasta convertirse en un acto multitudinario. Centenares de participantes colaboran en la representación y cientos de espectadores llenan cada año las calles del municipio para presenciar el desfile y el espectáculo previo al encendido de la hoguera.
Como se ha comentado, una de las características que distingue al Akelarre hernaniarra es su capacidad para reflejar las preocupaciones de cada momento histórico. Diversos colectivos juveniles han utilizado la representación para denunciar situaciones de discriminación, desigualdad o vulneración de derechos, manteniendo una tradición que combina fiesta y reflexión social.
Esa evolución ha permitido que el espectáculo siga siendo relevante para nuevas generaciones. La implicación de la juventud ha sido, precisamente, uno de los factores determinantes de su continuidad. Generación tras generación, decenas de vecinos y vecinas han asumido la organización, la preparación de vestuarios, la elaboración de decorados, los ensayos y la puesta en escena, garantizando la transmisión de una tradición que forma parte ya de la memoria colectiva de Hernani.