Gipuzkoa

¿El aeropuerto de Hondarribia a Usurbil?

En los años 70 se vio necesaria una nueva infraestructura que permitiera aterrizar aeronaves de mayor tamaño
El aeropuerto de Donostia, en imagen
El aeropuerto de Donostia, en imagen / NG

Actualizado hace 7 minutos

¿Trasladar el aeropuerto de Hondarribia a Usurbil? Esa fue una de las principales preguntas que Gipuzkoa se formuló en la década de mediados de los años 70.

Según se recoge en el libro impulsado por Noaua Kultur Elkartea y el Ayuntamiento de Usurbil sobre el patrimonio cultural de la localidad, hubo un proyecto frustrado de construir en sus terrenos una pista de aterrizaje que supliera las deficiencias del de Hondarribia.

La infraestructura de Bidasoa inaugurada en los años 60 era considerada insuficiente para aeronaves de gran tamaño y presentaba limitaciones operativas, entre ellas la necesidad de que los vuelos atravesaran espacio aéreo francés. Bajo el argumento de la modernización y el progreso, la idea inicial de mejorar las instalaciones existentes derivó en una propuesta mucho más ambiciosa: levantar en Gipuzkoa un aeropuerto de mayores dimensiones que aspiraba a convertirse en referencia en Euskal Herria.

Varias posibles ubicaciones

El impulso del proyecto partió de la Cámara de Comercio de Gipuzkoa, con el respaldo de la Diputación y el Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián, que financiaron un estudio técnico para analizar posibles ubicaciones.

En un territorio marcado por la orografía montañosa, se evaluaron distintos emplazamientos como Getaria, Mendizorrotz, Andatza, Usurbil, Errekaldeberri, Ametzagaina, Zumaia o el propio entorno de Hondarribia y Jaizkibel. Según los criterios técnicos aplicados, Usurbil destacaba como la opción más adecuada, con una valoración significativamente superior al resto.

El aeródromo de Lasarte, levantado a principios del siglo XX en terrenos de Usurbil

El aeródromo de Lasarte, levantado a principios del siglo XX en terrenos de Usurbil N.G.

Tal y como se desprende del trabajo mencionado, el planteamiento no contemplaba el uso de zonas llanas, sino la construcción de la pista sobre cordales montañosos. En una primera fase se proyectó una pista de 2.100 metros entre Añorga y Aritzeta, con un impacto inicial aparentemente limitado en cuanto a movimientos de tierra. Sin embargo, el plan incluía una segunda fase de ampliación hasta los 2.500 o incluso 3.000 metros, lo que implicaba rellenar vaguadas y extender la infraestructura hacia el interior, en dirección a Ibarrola.

Las consecuencias territoriales eran de gran calado. La ejecución del proyecto obligaría a modificar parcialmente el trazado de la autopista y a desmantelar infraestructuras recientes como el área de servicio de Aritzeta. Además, la superficie de expropiación no se limitaba a la pista: se estimaba una franja adicional de unos 500 metros en todo el perímetro. Los barrios más afectados serían las zonas altas de Txikierdi y Kalezar, así como áreas de Donostia como Igara, Ibaeta y Añorga.

Oposición vecinal

Por todo ello, el Ayuntamiento de Usurbil y grupos de vecinos mostraron reticencias, según se puede leer en los medios de comunicación de aquella época, aunque no tanto por el impacto ambiental o social como por las consecuencias urbanísticas: el incremento del ruido y la actividad aeroportuaria podían condicionar el desarrollo del municipio.

Según se critica en el libro sobre el patrimonio cultural, “pese a la magnitud del impacto, los promotores no detallaron con claridad todas las afecciones”. Según las críticas que surgieron en su momento, el proyecto se apoyó en argumentos discutibles e incluso en informaciones parciales. La propia denominación de “aeropuerto de Usurbil” resultaba controvertida, ya que una parte significativa de los terrenos previstos pertenecía a Donostia.

Un cura bendice el despegue de un piloto en el aeródromo de Asteasuain.

Un cura bendice el despegue de un piloto en el aeródromo de Asteasuain. N.G.

También se minimizó la proximidad con el núcleo urbano donostiarra y se restó importancia a factores como la niebla y el ruido.

El informe técnico, acompañado de argumentos y previsiones presupuestarias, fue remitido al entonces Ministerio del Aire con el objetivo de obtener su aprobación. Finalmente, el Ministerio no dio un respaldo claro a la iniciativa y planteó la necesidad de realizar nuevos estudios.

Aquel paso frenó un proyecto que, de haberse materializado, habría transformado de manera radical el paisaje y la estructura de la zona. Hoy, el aeropuerto de Usurbil permanece como un episodio poco conocido de la historia reciente de Gipuzkoa, marcado por la tensión entre desarrollo infraestructural y costes sociales y ambientales

2026-03-27T19:44:49+01:00
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