La tensión entre Washington y La Habana ha sumado en las últimas horas un nuevo capítulo con el anuncio del despliegue del portaaviones estadounidense USS Nimitz en aguas del Caribe. Un movimiento que llegaba poco después de conocerse la imputación en Estados Unidos del expresidente cubano Raúl Castro por el derribo de dos avionetas en 1996.
“¡Bienvenido al Caribe, grupo de ataque del portaaviones Nimitz!”, proclamó el Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM) a través de sus redes sociales. El mando militar destacó además que el USS Nimitz “ha demostrado su destreza en combate en todo el mundo, garantizando la estabilidad y defendiendo la democracia desde el estrecho de Taiwán hasta el golfo Pérsico”.
La publicación no se limitó a presentar al emblemático portaaviones. El comando norteamericano reivindicó también el poderío del grupo naval que lo acompaña, integrado por la unidad de aviación naval Ala Aérea Embarcada, al destructor USS Gridley y el buque de aprovisionamiento logístico USNS Patuxent, descritos como “el paradigma de la preparación y la presencia, de un alcance y letalidad sin igual, y de la ventaja estratégica”.
Este despliegue militar llega en un momento especialmente delicado para Cuba. Apenas horas antes, Washington había anunciado nuevas sanciones contra la isla y el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, elevó aún más el tono al dirigirse directamente al pueblo cubano para proponer una “nueva relación” directa con Estados Unidos, al margen del Gobierno de La Habana. En un vídeo difundido en español, acusó a las autoridades cubanas de “saquear miles de millones de dólares” a través de GAESA, el conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas de la isla. “Mientras ustedes sufren, estos empresarios tienen 18.000 millones de dólares en activos y controlan el 70% de la economía de Cuba (...) Todo pasa por sus manos”, afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense.
Y como si el despliegue naval y las sanciones no fueran suficientes, el Departamento de Justicia estadounidense anunció la imputación del expresidente cubano Raúl Castro por el derribo, en 1996, de dos avionetas civiles de la organización Hermanos al Rescate en aguas internacionales. En aquel incidente murieron tres ciudadanos estadounidenses y un residente legal en Estados Unidos.
Las acusaciones a Castro y el despliegue del portaaviones han hecho saltar las alarmas en Cuba. Muchos temen que Washington aplique el mismo manual que en Venezuela y que estos últimos movimientos por parte de Estados Unidos puedan ser la antesala de una intervención militar.
Trump no quiere intimidar al Gobierno de Cuba
Mientras tanto, Donald Trump trató este jueves de enfriar la polémica en torno al despliegue del portaaviones y negó que la maniobra militar tenga como objetivo intimidar al Gobierno de Cuba.
Preguntado en el Despacho Oval sobre si la llegada del grupo de ataque del USS Nimitz a aguas caribeñas buscaba enviar un mensaje de fuerza a La Habana, el presidente fue tajante: “No, en absoluto”.
El republicano insistió en Cuba "es un país fallido" que no tiene "electricidad, no tiene dinero, no tiene comida" y prometió que EE.UU. va a "tenderles la mano".
"Vamos a ayudarlos. Quiero ayudarlos, quiero hacerlo por motivos humanitarios. Pero, además, contamos con la población cubanoestadounidense, gran parte de la cual reside en Miami y en Florida. Es un grupo de personas magnífico", dijo.
Trump, que desde el pasado enero ha incrementado la presión sobre el Gobierno de Miguel Díaz-Canel en busca de un cambio político y económico en la isla, insistió en que el exilio cubano quiere "regresar y ayudar a su país".