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El Ayuntamiento de Durango ha iniciado hoy el derribo del antiguo edificio de Correos, una intervención estratégica que permitirá ampliar la plaza del Ayuntamiento y reordenar el espacio en pleno Casco Viejo. Tras concluir las fiestas de San Fausto y dar comienzo las catas previas durante la pasada semana, la empresa adjudicataria arranca las labores de demolición interior y exterior para transformar este enclave antes del próximo mes de marzo.
El inmueble, construido en 1970, quedaba fuera de la ordenación del Plan Urbanístico del Casco Antiguo al no guardar sintonía con el volumen ni con el valor patrimonial del entorno. Su eliminación responde a una demanda de reordenación urbana que busca ganar amplitud y restablecer la conexión visual y arquitectónica directa con la casa consistorial.
Los trabajos técnicos comenzarán con el vaciado interior del edificio para continuar posteriormente con el derribo de la cubierta. Esta fase del tejado representa la parte de mayor complejidad técnica y la que requerirá un mayor tiempo de ejecución. Una vez retirado el tejado, los operarios descenderán progresivamente a cota cero, sin descartar el uso de grúas para el desmontaje de la estructura.
Completada la demolición, la obra dará paso a la fase de reurbanización para configurar una zona totalmente peatonal. La actuación completa ha sido adjudicada por un importe de 428.817,67 euros (sin IVA) y cuenta con un periodo de ejecución de cinco meses. Además, el proyecto dispone de una financiación complementaria de 224.382 euros procedente del Departamento de Cultura y Política Lingüística del Gobierno Vasco.
Amplitud en la plaza
El resultado final del proyecto ofrecerá un entorno diáfano, accesible y unificado mediante un pavimento continuo de piedra caliza en tonos beige. Entre sus soluciones arquitectónicas más destacadas figura la colocación de un muro con acabado de efecto espejo, diseñado para reflejar la fachada principal del Consistorio y maximizar la sensación de amplitud en la plaza.
El nuevo enclave urbano se equipará con un banco corrido de piedra negra, puntos de agua e iluminación integrada sin la instalación de postes visibles para evitar el impacto estético. La intervención ambiental se rematará con la plantación de ejemplares de Ginkgo biloba, una especie elegida tanto por sus prestaciones de sombra como por su carga simbólica en la memoria de la villa.